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Rosa Regás
ROSA REGÁS:

La escritora y columnista Rosa Regás ha abierto un interesante debate sobre el papel de los periódicos y los periodistas con unas polémicas declaraciones sobre la lectura de diarios. Martín Ferrand, José Cavero o Ignacio Camacho han contestado a sus afirmaciones.

:: Entrevista a Rosa Regás en sincolumna.com


06.08.2007 :: Rosa Regàs se alegra de que en España cada vez se vendan menos periódicos
Fuente: ABC (servimedia)

La directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás, celebra que en España se vendan cada vez menos periódicos, ya que, por sus posiciones favorables a la oposición, los medios de comunicación no transmiten bien a la sociedad los grandes avances sociales impulsados desde el Gobierno socialista.

"Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos", afirma.
En una entrevista recogida por Servimedia publicada en el último número de "Tribuna de la Administración Pública", que edita la Federación Sindical de Administración Pública de CCOO, Regás pone como ejemplo de recientes avances sociales la Ley de Igualdad y la Ley contra la Violencia de Género.

Sobre la situación política, la escritora asegura que "hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni escucho la radio. Porque me inquieta tanto la crispación que no me deja trabajar. Sé a quien voto, ya sé los insultos y las mentiras por donde van, y no soy masoquista".

Además, considera que "el límite a la libertad de prensa debería estar en el insulto, en meterse en la vida privada de la gente. Eso debería estar prohibido, es una obscenidad. Es deleznable. El insulto sistemático y manipulado, al que nuestra sociedad es tan aficionada, sin tener pruebas, debería estar perseguido por ley".

Por otro lado, la directora de la Biblioteca Nacional destaca que la Ley de la Memoria Histórica "es un proyecto que todavía no está aprobado y hay que intervenir en muchos aspectos. Personalmente, creo que tendrá que haber un reconocimiento general a quienes defendieron la democracia y el gobierno de la República".

"Hasta que no nos demos cuenta de que el régimen de Franco fue dictatorial y se cargó la democracia en España, no sabremos quiénes somos porque no reconoceremos quiénes fuimos", añade.

Al preguntarle si cree que en los 30 años de democracia no se ha alcanzado el nivel educativo que la Segunda República alcanzó en cinco años, Regás responde: "Es verdad. La República puso como prioridad la cultura, como transmisión de conocimiento y como creación de criterio en la gente".

"Fue algo impresionante. Retiró a los maestros para darles cursos de preparación. El presidente de la Generalitat de Cataluña dijo una frase inolvidable: 'los maestros, los primeros ciudadanos de la República'. Debería estar grabado a fuego en todas las escuelas", apostilla.

En materia de educación, Regás también opina que el PP quiere anular la asignatura de Educación para la Ciudadanía "porque no quiere ciudadanos, sólo quiere clientes. Pero el que es solamente cliente no puede ser ciudadano porque el ciudadano es una persona que tiene criterio, que piensa. El cliente está abocado únicamente a la compra. Ellos quieren súbditos".



06.08.2007 :: Regás y el sentido común
Fuente: Manuel Martín Ferrand (ABC)

Rosa Regás es como Norma Desmond en El crepúsculo de los dioses, pero sin mayordomo. Su carácter atrabiliario y su pasado de escritora tardía y de interés descriptible se engrandecen con su destino actual al frente de la Biblioteca Nacional, en donde, tras haberlo intentado, ya no perpetra mayores estropicios y se limita, cuando surge la ocasión, a hacer declaraciones tonantes y sañudas contra todo lo que no le gusta y, por supuesto, desconoce. Siempre, eso sí, a mayor gloria del Gobierno que la adoptó y protege. Regás, que trata de ganarse el sueldo y ser agradecida, ha dicho: «Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente cada vez se venden menos periódicos».

Si se otorgara un gran premio a la persona capaz de incluir más estupideces en un montón de sólo tres decenas de palabras, Regás resultaría imbatible. Aparte de la grandeza o pequeñez de los «logros sociales» del equipo de José Luis Rodríguez Zapatero, que ese es otro asunto, convendría que algún socialista cabal y franco de ría instruyera sobre la realidad de la vida a tan áspera señora.

La prensa, felizmente, no es del Gobierno desde la privatización y clausura de la Prensa del Estado en que la Transición dejó la anterior Prensa del Movimiento. Por cierto, un mérito de Felipe González. Además, atribuirle a las doce docenas de diarios -gratuitos o de pago- que salen a la calle todos los días la adhesión y el seguimiento entusiasta de los dichos y silencios del PP, monopolista de la oposición, es tanto como ignorar que las noches suceden a los días. Lo de alegrarse porque cada vez se vendan menos periódicos, cosa que no es cierta, repugna a la razón democrática y escandaliza cuando el emisor de la majadería es responsable de un puesto clave en la organización cultural del Estado. Se entiende si se sabe que tan estrafalario personaje, en la misma entrevista para Tribuna de la Administración Pública en que engarza la perla de más arriba, incrusta otras piezas no menos valiosas: «Hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni escucho la radio». Pues qué bien. A la señora no le gusta la crispación, sólo le interesa crispar, y renuncia a la crónica de lo que nos pasa.

Quienes no conozcan la personalidad, la obra y las maneras de Rosa Regás, eso que salen ganando; pero quienes, profesionales de la contemplación de las miserias humanas, la hemos visto -desde la distancia, por supuesto- trepar con ansias de notoriedad y poder sólo podemos certificar la concordancia existente entre la conducta y los dichos de una señora a la que el Gobierno, en ejercicio de irresponsabilidad y/o desconocimiento, ha puesto al frente de la primera Biblioteca de la Nación. Si por lo menos tuviera un mayordomo esforzado y fiel como Erich von Stroheim, alguien podría avisarnos de sus próximos y desenfocados ataques prensafóbicos. Pobrecita.



07.08.2007 :: La espina de Rosa
Fuente: Ignacio Camacho (ABC)


En los periódicos españoles hay actualmente más y mejor literatura que en toda la obra de Rosa Regás, que no siendo mala escritora quizá debiera dedicar su esfuerzo a agrandar su producción en vez de comprometer su independencia intelectual halagando el sectarismo de quienes le han dado un cargo en el que se está haciendo poca justicia a sí misma. Y su causa, porque incluso las causas más banderizas merecen ser defendidas con cierta claridad de criterio, y no a base de proferir estupideces de trazo grueso o banalidades casinarias como ésa de alegrarse de que se venda menos prensa porque no ensalza lo suficiente las bondades de este gobierno mirífico que la ha nombrado a ella directora de la Biblioteca Nacional para que todo el mundo se dé cuenta de lo que antes sólo eran conscientes los pocos que la conocían. Lo malo de los intelectuales metidos en política es que aportan a ella lo peor de la intelectualidad -el dogmatismo- y se contagian a cambio de lo peor de los políticos, que es la inconsistencia de su cháchara y la tendencia a la bronca insustancial y al brochazo ideológico.

En la prensa española escriben habitualmente los mejores escritores del país, que componen nómina larga y brillante, formando un peristilo de columnas y artículos en el que luce lo más granado de nuestra literatura. Nadie tiene la culpa de que la mayoría de ellos, incluyendo los que cojean del pie izquierdo, que no son pocos, sea escasamente proclive a elogiar a Zapatero, al que los más piadosos hacen el favor de omitirle las críticas, porque casi todos conocen que el primer compromiso de un autor es con su propia independencia. Aserto elemental que se le ha olvidado a Rosa Regás, presa de un inesperado ataque de servilismo militante desde el que confunde su papel de servidora del Estado, a través de una de sus más nobles y prestigiosas instituciones culturales, con el de lacaya de un Gobierno al que, como ella misma subraya, nadie encuentra demasiados motivos de alabanza. Igual es porque no abundan, pese a los desvelos propagandísticos de su populoso rebaño de aplaudidores profesionales.

Una escritora -que además ha sido editora, y tampoco de las peores- capaz de alegrarse de que se lea poco y de blasonar de su total aislamiento de los medios de comunicación ha perdido definitivamente el norte, el oremus y la brújula, para convertirse en vulgar vocera de sus amos con el entusiasmo trincherista de un ego agradecido. Más le valdría ocuparse desde su importante poltrona del fomento cultural que teóricamente tiene encomendado, en vez de enredarse en revanchitas infantiles como el intento -frustrado- de ajustarle las cuentas a la estatua de Menéndez Pelayo. A lo peor la gloriosa sandez de esta Rosa no es más que la espina clavada de un mal digerido resentimiento ante las censuras a su prescindible gestión en la Biblioteca, y lo que le molesta no es tanto que los periódicos no aplaudan a Zapatero como que no se desmonteren ante su propio talento incomprendido. No está colaborando en la tarea: cuando la echen, que no será muy tarde, las líneas que merecerá en los papeles no serán las del elogio a una novelista de relieve, sino las de la crítica a una funcionaria arrogante, incompetente y trepadora.


08.08.2007 :: Regás: "La crispación es como un cáncer y se extiende de manera descontrolada"
Fuente: Efe, Málaga

La directora de la Biblioteca Nacional y escritora, Rosa Regás, alertó hoy de que la crispación "es como un cáncer, y se extiende de una manera descontrolada", y es provocada "con la intención de que la mayoría de la gente se canse de la vida pública y política y no vaya a votar". Al preguntársele por la polémica generada por las declaraciones en las que señaló que "afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos", Regás señaló que "lo que no han dicho los medios es que, cuando dije que me alegraba de que se vendieran menos periódicos, me refería a los periódicos de extrema derecha nada más".

La escritora, que participa junto a otros literatos en ‘La Traslatio Literaria y Xacobea’, que realiza el Camino de Santiago por mar desde Valencia, añadió que está "acostumbrada" a que se malinterpreten sus palabras, porque "para según qué periodistas, una noticia escandalosa es suficiente, pero no me importa". "Creo que hay un estado de crispación provocado no sé por quién, pero con la intención de que la mayoría de la gente se canse de la vida pública y política y no vaya a votar.

Esa es mi teoría y es posible que me equivoque, pero creo que es así", reiteró a los periodistas durante la escala de la ruta en Málaga. Agregó que, "además, la crispación no parte sólo de la persona o personas que la provocan, sino que es algo que se va extendiendo y llega un momento en el que llega a todo el mundo y la gente está crispada, incluso muchas veces en la calle".


11.08.2007 :: La caída de la gauche divina
Fuente: Jesús García Calero (ABC)

Rosa Regàs es la directora de la Biblioteca Nacional (BN) y, por tanto, de la Hemeroteca Nacional. Escuchar de su boca que hace meses que no lee prensa y que «afortunadamente cada vez se venden menos periódicos» ha causado más estupefacción que si el director del Museo del Prado se alegrase por el hundimiento del mercado del arte. Porque los periódicos -especialmente los críticos con el Gobierno- son una de las bases de nuestra libertad. Rosa Regàs puede pasarse horas, días, meses enteros en la Hemeroteca Nacional comprobándolo. Pero también sabemos que lleva toda una vida conviviendo con escritores y editores libérrimos y, sin embargo, no ha sido la libertad lo que sus actitudes han puesto en práctica, ni sus palabras irradiaron, desde su despacho de directora general de un Gobierno socialista. Más bien ha practicado el amedrentamiento de quienes se atrevieron a manifestar críticas y la intolerancia ante su libertad para expresarlas. Alegrías del 14-M. Rosa ya era escritora cuando arribó a la política en 2004, fichada por Leire Pajín, pero en este breve periodo de su vida pública ha escrito sus páginas más incomprensibles.

Había estado en el meollo de la feliz «gauche divine» barcelonesa, en los años sesenta y setenta; había compartido con Carlos Barral uno de los universos editoriales más ricos que ha producido nuestro país. Pero muchos opinan que debe el cargo a sus declaraciones en plena resaca del 11-M. Dijo entonces, y mantuvo después, que la derrota de Aznar en las elecciones le había dado la mayor alegría política de su vida. En aquellos días de dolor profundo resultaba un dramático contraste escuchar a una persona que hablaba de alegría política, «mayor de la que sentí al morir Franco, mayor que la del triunfo de González». La estatua de Menéndez Pelayo.

El autor de la «Historia de los heterodoxos españoles» estaba indefenso ante una herejía que no apareció en su libro por ser rara entre nosotros: la iconoclastia, que Rosa Regàs llevó al paroxismo al decretar la expulsión de la estatua del histórico director que preside el hall de la BN. La decisión de sacar la efigie al jardín, tomada por las bravas, sin informes técnicos, sin consultar al Patronato y además cuando se conmemoraba el 150 aniversario del insigne polígrafo causó una enorme hoguera de polémica. El Parlamento hizo encallar rápidamente la medida y los informes técnicos -que ABC publicó y Regàs se resistía a reconocer- aseguraron que la intemperie destruiría la estatua y echaron por tierra la idea. Hoy la estatua sigue en su sitio y el pedestal de Regàs se tambalea.

Mala gestión. Pero el gran talón de Aquiles de la escritora fue su falta de experiencia en la gestión mezclada con su poco respeto por los procedimientos. Externalizó servicios que la BN tenía cubiertos, favoreció a determinadas empresas con múltiples adjudicaciones directas y agotó su presupuesto de actividades culturales en pocos meses, tras lo cual pretendía sacar de otras partidas los fondos necesarios para cubrir el ritmo de gastos. Todo ello en una institución con escaso presupuesto para digitalización. Por ello quemó a tres gerentes en 20 meses de gestión. Y si mala había sido la gestión peor fue la digestión de las críticas. La oyeron decir que, con más de setenta años, no iba a importarle llevarse por delante a quien fuera necesario si alguien se atrevía a impedirle sus objetivos. Hasta los sindicatos llegaron a decir en un comunicado público, desencantados por el trato recibido por esta radical izquierdista, que tratándose de Regàs solo cabía acatar, porque no existía diálogo posible. Para terminar de complicar todo, la mezcla de su agenda privada de escritora ganadora del premio Planeta y la de su cargo provocó un enorme laberinto de tres secretarias, cinco chóferes que iban pidiendo la baja consecutivamente, facturaciones a su empresa Almator... Su asistencia a la BN dejaba mucho que desear entre tantos compromisos y la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega llegó a llamarla telefónicamente para exigirle que calentase un poco más el asiento de su despacho y midiese más sus largas ausencias. Brindis por la República. En la España de la memoria histórica Regàs vio la oportunidad airear sus conocidos fantasmas. No muy consciente de que pertenecía y representaba al Gobierno de España en los actos oficiales, brindó por la República -no por la de las Letras- el día del libro de 2006 en una recepción en la BN. El escándalo tuvo que ser apagado por Carmen Calvo una vez más. Mientras tanto, gran parte de las actividades culturales que programaba tenía a la República como centro y algunas entidades colaboradoras llegaron a hacérselo notar. Inútilmente.
«Son delincuentes y lo van a pagar». Las denuncias por su mala gestión la llevaron a explicar su programa en el Parlamento, aunque allí no comprometió fechas ni plazos. Ante la Comisión de Cultura del Congreso reiteró las amenazas a los funcionarios como colofón de una política de amedrentamiento con estas palabras: «Los funcionarios que me critican son delincuentes y lo van a pagar».

La oposición se plantó entonces ante esta indignidad y pidió explicaciones al presidente del Congreso y el ministro de Administraciones Públicas. Pero el Gobierno la mantenía en su puesto y el Ministerio de Cultura terminó cediendo a su ira cortando la cabeza de al menos uno de los colaboradores a los que ella responsabilizaba de que los medios hubieran conocido su mala gestión. La España de Regàs. En Argentina, en marzo pasado, ofrecía esta imagen de España: un país en el que impera el odio; donde los hombres ven a las mujeres como madres, esposas y prostitutas y no como iguales; el PP es la extrema derecha franquista, dia a Zapatero; y a ella la escupen y la echan de los taxis... ¿Jubilación? Por todo ello, se ha cebado recientemente con la prensa. Hay quien opina que lo ha hecho para que, cuando deje la BN, pueda acusar a quien la destituya de censurar sus opiniones. De hecho no tiene buena relación con el nuevo ministro de Cultura y además le ha hecho varios desplantes el pasado julio, al no acudir a dos citas en las que todos los demás cargos del Ministerio sí estuvieron presentes. Pero sus opiniones han sido criticadas por antidemocráticas. Ha dado muestras repetidas de indignidad para un cargo de esa categoría y ha faltado al respeto de sus trabajadores y de quien la critique. La conocida autora de «La abuela de verano» lleva pidiendo a gritos toda la legislatura su propia jubilación. Tal vez le ha llegado el momento.


Los medios de comuncación, y después del robo de unos documentos en la Biblioteca Nacional, Rosa Regás dimitió de su cargo como directora de esta institución:

Regás dimite como directora de la Biblioteca Nacional, en www.terra.es
Regás deja la Biblioteca por "falta de confianza" www.elmundo.es
Regás dice que el Ministerio le obligó a informar del robo, en www.elmundo.es
Molina desmonta la versión de Regás sobre el robo en www.abc.es
Regás: "El ministro no puede saber lo que he hecho" en www.telecinco.es
Descrubren otros cuatro documentos mutilados en www.elmundo.es

Reportaje sobre Rosa Regás en libertaddigital.tv