
06.08.2007
:: Rosa Regàs se alegra de que en España
cada vez se vendan menos periódicos
Fuente: ABC (servimedia)
La directora de la Biblioteca Nacional, Rosa Regás,
celebra que en España se vendan cada vez menos periódicos,
ya que, por sus posiciones favorables a la oposición, los
medios de comunicación no transmiten bien a la sociedad los
grandes avances sociales impulsados desde el Gobierno socialista.
"Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal
porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición.
Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos",
afirma.
En una entrevista recogida por Servimedia publicada en el último
número de "Tribuna de la Administración Pública",
que edita la Federación Sindical de Administración
Pública de CCOO, Regás pone como ejemplo de recientes
avances sociales la Ley de Igualdad y la Ley contra la Violencia
de Género.
Sobre la situación política, la escritora asegura
que "hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni
escucho la radio. Porque me inquieta tanto la crispación
que no me deja trabajar. Sé a quien voto, ya sé los
insultos y las mentiras por donde van, y no soy masoquista".
Además, considera que "el límite a la libertad
de prensa debería estar en el insulto, en meterse en la vida
privada de la gente. Eso debería estar prohibido, es una
obscenidad. Es deleznable. El insulto sistemático y manipulado,
al que nuestra sociedad es tan aficionada, sin tener pruebas, debería
estar perseguido por ley".
Por otro lado, la directora de la Biblioteca Nacional destaca que
la Ley de la Memoria Histórica "es un proyecto que todavía
no está aprobado y hay que intervenir en muchos aspectos.
Personalmente, creo que tendrá que haber un reconocimiento
general a quienes defendieron la democracia y el gobierno de la
República".
"Hasta que no nos demos cuenta de que el régimen de
Franco fue dictatorial y se cargó la democracia en España,
no sabremos quiénes somos porque no reconoceremos quiénes
fuimos", añade.
Al preguntarle si cree que en los 30 años de democracia no
se ha alcanzado el nivel educativo que la Segunda República
alcanzó en cinco años, Regás responde: "Es
verdad. La República puso como prioridad la cultura, como
transmisión de conocimiento y como creación de criterio
en la gente".
"Fue algo impresionante. Retiró a los maestros para
darles cursos de preparación. El presidente de la Generalitat
de Cataluña dijo una frase inolvidable: 'los maestros, los
primeros ciudadanos de la República'. Debería estar
grabado a fuego en todas las escuelas", apostilla.
En materia de educación, Regás también opina
que el PP quiere anular la asignatura de Educación para la
Ciudadanía "porque no quiere ciudadanos, sólo
quiere clientes. Pero el que es solamente cliente no puede ser ciudadano
porque el ciudadano es una persona que tiene criterio, que piensa.
El cliente está abocado únicamente a la compra. Ellos
quieren súbditos".

06.08.2007
:: Regás y el sentido común
Fuente: Manuel Martín Ferrand (ABC)
Rosa Regás es como Norma
Desmond en El crepúsculo de los dioses, pero sin
mayordomo. Su carácter atrabiliario y su pasado de escritora
tardía y de interés descriptible se engrandecen con
su destino actual al frente de la Biblioteca Nacional, en donde,
tras haberlo intentado, ya no perpetra mayores estropicios y se
limita, cuando surge la ocasión, a hacer declaraciones tonantes
y sañudas contra todo lo que no le gusta y, por supuesto,
desconoce. Siempre, eso sí, a mayor gloria del Gobierno que
la adoptó y protege. Regás, que trata de ganarse el
sueldo y ser agradecida, ha dicho: «Los grandes logros sociales
de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno.
Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente cada vez
se venden menos periódicos».
Si se otorgara un gran premio a la persona capaz de incluir más
estupideces en un montón de sólo tres decenas de palabras,
Regás resultaría imbatible. Aparte de la grandeza
o pequeñez de los «logros sociales» del equipo
de José Luis Rodríguez Zapatero,
que ese es otro asunto, convendría que algún socialista
cabal y franco de ría instruyera sobre la realidad de la
vida a tan áspera señora.
La prensa, felizmente, no es del Gobierno desde la privatización
y clausura de la Prensa del Estado en que la Transición dejó
la anterior Prensa del Movimiento. Por cierto, un mérito
de Felipe González. Además, atribuirle
a las doce docenas de diarios -gratuitos o de pago- que salen a
la calle todos los días la adhesión y el seguimiento
entusiasta de los dichos y silencios del PP, monopolista de la oposición,
es tanto como ignorar que las noches suceden a los días.
Lo de alegrarse porque cada vez se vendan menos periódicos,
cosa que no es cierta, repugna a la razón democrática
y escandaliza cuando el emisor de la majadería es responsable
de un puesto clave en la organización cultural del Estado.
Se entiende si se sabe que tan estrafalario personaje, en la misma
entrevista para Tribuna de la Administración Pública
en que engarza la perla de más arriba, incrusta otras piezas
no menos valiosas: «Hace dos meses que no leo la prensa, ni
veo la tele, ni escucho la radio». Pues qué bien. A
la señora no le gusta la crispación, sólo le
interesa crispar, y renuncia a la crónica de lo que nos pasa.
Quienes no conozcan la personalidad, la obra y las maneras de Rosa
Regás, eso que salen ganando; pero quienes, profesionales
de la contemplación de las miserias humanas, la hemos visto
-desde la distancia, por supuesto- trepar con ansias de notoriedad
y poder sólo podemos certificar la concordancia existente
entre la conducta y los dichos de una señora a la que el
Gobierno, en ejercicio de irresponsabilidad y/o desconocimiento,
ha puesto al frente de la primera Biblioteca de la Nación.
Si por lo menos tuviera un mayordomo esforzado y fiel como Erich
von Stroheim, alguien podría avisarnos de sus próximos
y desenfocados ataques prensafóbicos. Pobrecita.

07.08.2007
:: La espina de Rosa
Fuente: Ignacio Camacho (ABC)
En los periódicos españoles
hay actualmente más y mejor literatura que en toda la obra
de Rosa Regás, que no siendo mala escritora quizá
debiera dedicar su esfuerzo a agrandar su producción en vez
de comprometer su independencia intelectual halagando el sectarismo
de quienes le han dado un cargo en el que se está haciendo
poca justicia a sí misma. Y su causa, porque incluso las
causas más banderizas merecen ser defendidas con cierta claridad
de criterio, y no a base de proferir estupideces de trazo grueso
o banalidades casinarias como ésa de alegrarse de que se
venda menos prensa porque no ensalza lo suficiente las bondades
de este gobierno mirífico que la ha nombrado a ella directora
de la Biblioteca Nacional para que todo el mundo se dé cuenta
de lo que antes sólo eran conscientes los pocos que la conocían.
Lo malo de los intelectuales metidos en política es que aportan
a ella lo peor de la intelectualidad -el dogmatismo- y se contagian
a cambio de lo peor de los políticos, que es la inconsistencia
de su cháchara y la tendencia a la bronca insustancial y
al brochazo ideológico.
En la prensa española escriben habitualmente los mejores
escritores del país, que componen nómina larga y brillante,
formando un peristilo de columnas y artículos en el que luce
lo más granado de nuestra literatura. Nadie tiene la culpa
de que la mayoría de ellos, incluyendo los que cojean del
pie izquierdo, que no son pocos, sea escasamente proclive a elogiar
a Zapatero, al que los más piadosos hacen el favor de omitirle
las críticas, porque casi todos conocen que el primer compromiso
de un autor es con su propia independencia. Aserto elemental que
se le ha olvidado a Rosa Regás, presa de un inesperado ataque
de servilismo militante desde el que confunde su papel de servidora
del Estado, a través de una de sus más nobles y prestigiosas
instituciones culturales, con el de lacaya de un Gobierno al que,
como ella misma subraya, nadie encuentra demasiados motivos de alabanza.
Igual es porque no abundan, pese a los desvelos propagandísticos
de su populoso rebaño de aplaudidores profesionales.
Una escritora -que además ha sido editora, y tampoco de las
peores- capaz de alegrarse de que se lea poco y de blasonar de su
total aislamiento de los medios de comunicación ha perdido
definitivamente el norte, el oremus y la brújula, para convertirse
en vulgar vocera de sus amos con el entusiasmo trincherista de un
ego agradecido. Más le valdría ocuparse desde su importante
poltrona del fomento cultural que teóricamente tiene encomendado,
en vez de enredarse en revanchitas infantiles como el intento -frustrado-
de ajustarle las cuentas a la estatua de Menéndez
Pelayo. A lo peor la gloriosa sandez de esta Rosa no es
más que la espina clavada de un mal digerido resentimiento
ante las censuras a su prescindible gestión en la Biblioteca,
y lo que le molesta no es tanto que los periódicos no aplaudan
a Zapatero como que no se desmonteren ante su propio talento incomprendido.
No está colaborando en la tarea: cuando la echen, que no
será muy tarde, las líneas que merecerá en
los papeles no serán las del elogio a una novelista de relieve,
sino las de la crítica a una funcionaria arrogante, incompetente
y trepadora.

08.08.2007
:: Regás: "La crispación
es como un cáncer y se extiende de manera descontrolada"
Fuente: Efe, Málaga
La directora de la Biblioteca Nacional
y escritora, Rosa Regás, alertó hoy de que la crispación
"es como un cáncer, y se extiende de una manera descontrolada",
y es provocada "con la intención de que la mayoría
de la gente se canse de la vida pública y política
y no vaya a votar". Al preguntársele por la polémica
generada por las declaraciones en las que señaló que
"afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos",
Regás señaló que "lo que no han dicho
los medios es que, cuando dije que me alegraba de que se vendieran
menos periódicos, me refería a los periódicos
de extrema derecha nada más".
La escritora, que participa junto a otros literatos en ‘La
Traslatio Literaria y Xacobea’, que realiza el Camino de Santiago
por mar desde Valencia, añadió que está "acostumbrada"
a que se malinterpreten sus palabras, porque "para según
qué periodistas, una noticia escandalosa es suficiente, pero
no me importa". "Creo que hay un estado de crispación
provocado no sé por quién, pero con la intención
de que la mayoría de la gente se canse de la vida pública
y política y no vaya a votar.
Esa es mi teoría y es posible que me equivoque, pero creo
que es así", reiteró a los periodistas durante
la escala de la ruta en Málaga. Agregó que, "además,
la crispación no parte sólo de la persona o personas
que la provocan, sino que es algo que se va extendiendo y llega
un momento en el que llega a todo el mundo y la gente está
crispada, incluso muchas veces en la calle".

11.08.2007
:: La caída de la gauche divina
Fuente: Jesús García Calero (ABC)
Rosa Regàs es la directora de la Biblioteca Nacional (BN)
y, por tanto, de la Hemeroteca Nacional. Escuchar de su boca que
hace meses que no lee prensa y que «afortunadamente cada vez
se venden menos periódicos» ha causado más estupefacción
que si el director del Museo del Prado se alegrase por el hundimiento
del mercado del arte. Porque los periódicos -especialmente
los críticos con el Gobierno- son una de las bases de nuestra
libertad. Rosa Regàs puede pasarse horas, días, meses
enteros en la Hemeroteca Nacional comprobándolo. Pero también
sabemos que lleva toda una vida conviviendo con escritores y editores
libérrimos y, sin embargo, no ha sido la libertad lo que
sus actitudes han puesto en práctica, ni sus palabras irradiaron,
desde su despacho de directora general de un Gobierno socialista.
Más bien ha practicado el amedrentamiento de quienes se atrevieron
a manifestar críticas y la intolerancia ante su libertad
para expresarlas. Alegrías del 14-M. Rosa ya era escritora
cuando arribó a la política en 2004, fichada por Leire
Pajín, pero en este breve periodo de su vida pública
ha escrito sus páginas más incomprensibles.
Había estado en el meollo de la feliz «gauche divine»
barcelonesa, en los años sesenta y setenta; había
compartido con Carlos Barral uno de los universos editoriales más
ricos que ha producido nuestro país. Pero muchos opinan que
debe el cargo a sus declaraciones en plena resaca del 11-M. Dijo
entonces, y mantuvo después, que la derrota de Aznar en las
elecciones le había dado la mayor alegría política
de su vida. En aquellos días de dolor profundo resultaba
un dramático contraste escuchar a una persona que hablaba
de alegría política, «mayor de la que sentí
al morir Franco, mayor que la del triunfo de González».
La estatua de Menéndez Pelayo.
El autor de la «Historia de los heterodoxos españoles»
estaba indefenso ante una herejía que no apareció
en su libro por ser rara entre nosotros: la iconoclastia, que Rosa
Regàs llevó al paroxismo al decretar la expulsión
de la estatua del histórico director que preside el hall
de la BN. La decisión de sacar la efigie al jardín,
tomada por las bravas, sin informes técnicos, sin consultar
al Patronato y además cuando se conmemoraba el 150 aniversario
del insigne polígrafo causó una enorme hoguera de
polémica. El Parlamento hizo encallar rápidamente
la medida y los informes técnicos -que ABC publicó
y Regàs se resistía a reconocer- aseguraron que la
intemperie destruiría la estatua y echaron por tierra la
idea. Hoy la estatua sigue en su sitio y el pedestal de Regàs
se tambalea.
Mala gestión. Pero el gran
talón de Aquiles de la escritora fue su falta de experiencia
en la gestión mezclada con su poco respeto por los procedimientos.
Externalizó servicios que la BN tenía cubiertos, favoreció
a determinadas empresas con múltiples adjudicaciones directas
y agotó su presupuesto de actividades culturales en pocos
meses, tras lo cual pretendía sacar de otras partidas los
fondos necesarios para cubrir el ritmo de gastos. Todo ello en una
institución con escaso presupuesto para digitalización.
Por ello quemó a tres gerentes en 20 meses de gestión.
Y si mala había sido la gestión peor fue la digestión
de las críticas. La oyeron decir que, con más de setenta
años, no iba a importarle llevarse por delante a quien fuera
necesario si alguien se atrevía a impedirle sus objetivos.
Hasta los sindicatos llegaron a decir en un comunicado público,
desencantados por el trato recibido por esta radical izquierdista,
que tratándose de Regàs solo cabía acatar,
porque no existía diálogo posible. Para terminar de
complicar todo, la mezcla de su agenda privada de escritora ganadora
del premio Planeta y la de su cargo provocó un enorme laberinto
de tres secretarias, cinco chóferes que iban pidiendo la
baja consecutivamente, facturaciones a su empresa Almator... Su
asistencia a la BN dejaba mucho que desear entre tantos compromisos
y la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega llegó
a llamarla telefónicamente para exigirle que calentase un
poco más el asiento de su despacho y midiese más sus
largas ausencias. Brindis por la República. En la España
de la memoria histórica Regàs vio la oportunidad airear
sus conocidos fantasmas. No muy consciente de que pertenecía
y representaba al Gobierno de España en los actos oficiales,
brindó por la República -no por la de las Letras-
el día del libro de 2006 en una recepción en la BN.
El escándalo tuvo que ser apagado por Carmen Calvo una vez
más. Mientras tanto, gran parte de las actividades culturales
que programaba tenía a la República como centro y
algunas entidades colaboradoras llegaron a hacérselo notar.
Inútilmente.
«Son delincuentes y lo van a pagar». Las denuncias por
su mala gestión la llevaron a explicar su programa en el
Parlamento, aunque allí no comprometió fechas ni plazos.
Ante la Comisión de Cultura del Congreso reiteró las
amenazas a los funcionarios como colofón de una política
de amedrentamiento con estas palabras: «Los funcionarios que
me critican son delincuentes y lo van a pagar».
La oposición se plantó entonces ante esta indignidad
y pidió explicaciones al presidente del Congreso y el ministro
de Administraciones Públicas. Pero el Gobierno la mantenía
en su puesto y el Ministerio de Cultura terminó cediendo
a su ira cortando la cabeza de al menos uno de los colaboradores
a los que ella responsabilizaba de que los medios hubieran conocido
su mala gestión. La España de Regàs. En Argentina,
en marzo pasado, ofrecía esta imagen de España: un
país en el que impera el odio; donde los hombres ven a las
mujeres como madres, esposas y prostitutas y no como iguales; el
PP es la extrema derecha franquista, dia a Zapatero; y a ella la
escupen y la echan de los taxis... ¿Jubilación? Por
todo ello, se ha cebado recientemente con la prensa. Hay quien opina
que lo ha hecho para que, cuando deje la BN, pueda acusar a quien
la destituya de censurar sus opiniones. De hecho no tiene buena
relación con el nuevo ministro de Cultura y además
le ha hecho varios desplantes el pasado julio, al no acudir a dos
citas en las que todos los demás cargos del Ministerio sí
estuvieron presentes. Pero sus opiniones han sido criticadas por
antidemocráticas. Ha dado muestras repetidas de indignidad
para un cargo de esa categoría y ha faltado al respeto de
sus trabajadores y de quien la critique. La conocida autora de «La
abuela de verano» lleva pidiendo a gritos toda la legislatura
su propia jubilación. Tal vez le ha llegado el momento.
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