
06.08.2007
:: Ignacio Camacho, un columnista brillante
Fuente: Batiburrillo
La calidad de un escritor depende de la capacidad que posea para combinar
entre sí los recursos literarios. Frase tan perogrullesca como
cierta. Utilizados adecuadamente tales recursos, éstos se convierten
en factores exponenciales o sinérgicos de su obra y le confieren
la brillantez. Hay autores de una claridad meridiana, si bien previsibles,
puesto que se sabe desde el principio lo que van a contarnos. Leído
el título o a lo sumo la contraportada, casi es posible afirmar
que se ha leído el libro o el artículo de que se trate.
Otros, por el contrario, empapan su prosa de una serie de ideas abstractas,
sólo inteligibles muy parcialmente, con las que parecen que
nos quieran indicar que en el artículo número cincuenta
o en el cuarto libro de los que piensan publicar, por ejemplo, se
adjuntará el manual de instrucciones para descifrarles las
ideas. Hay un tercer grupo, de las muchas divisiones que podrían
realizarse en esto de la cuestión literaria, que salpican sus
escritos de innumerables epítetos y escasos verbos, por lo
que obviamente desconocen la frase del clásico: “El emparejamiento
de adjetivos, si se generaliza, denota esterilidad mental”.
En el mundo del periodismo de opinión, es decir, en el de
los columnistas, sucede tres cuartos de lo mismo: los hay así
y los hay asao. En raras circunstancias el periodista alcanza la
brillantez literaria, supongo que como consecuencia de que, siquiera
sea inconscientemente, escribe al dictado de su editor. O sea, no
es libre para desarrollar en menos de mil palabras lo que podría
denominarse una pequeña obra maestra. Por supuesto que hay
excepciones, una de ellas se corresponde con el gran columnista
Ignacio Camacho, autor al que vengo siguiéndole la pista
desde hace tiempo y sobre el que he llegado a la conclusión
de que sus artículos oscilan entre buenos y muy buenos, con
incontables piezas que encajarían de lleno en el apartado
de obra maestra al ir cargadas de brillantez. Creo que la obra de
Ignacio Camacho, de ser leída dentro de 50 años, mantendrá
toda la frescura, la brillantez y el carácter incuestionable
de una labor tan concienzuda como perspicaz y descriptiva. A Camacho
se le entiende todo y da gusto leerle, y lo digo como el mejor piropo
posible a un columnista. No es que recomiende su columna de hoy,
sino la lectura de todas sus columnas.
|