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Almudena Grandes
LA PRENSA EN LA CALLE A LA FRESQUITA

Articulistas como Luis García Montero, Almudena Grandes, Benjamín Prado y Felipe Benítez Reyes participaron en Cádiz en un encuentro en el que explicaron la relación que mantienen con la escritura en los periódicos.
 


21.08.2007:: Los oficios de las palabras
Fuente: Libertad Paloma (El País)

"Los escritores han vuelto a los periódicos". El poeta Luis García Montero, uno de los participantes en el debate organizado anoche por la Asociación de la Prensa de Cádiz, aludía así a las buenas relaciones que, en su opinión, han recuperado el periodismo y la literatura en los últimos 30 años. Desertores de una prensa sin libertad durante la dictadura, los literatos han regresado, según Montero, como prueba del fortalecimiento democrático.

Esta combinación de disciplinas sirve además a los escritores como cauce de contacto con su público: "El periodismo es el cordón umbilical que nos mantiene unidos con los lectores entre libro y libro", apuntó Almudena Grandes. Y sin embargo, la relación se torna a veces difícil. Grandes reconoció la "angustia" que sufrió hasta que aprendió a escribir sobre asuntos atemporales para evitar que sus textos, redactados 20 días antes de su publicación en EL PAÍS SEMANAL, envejecieran. "Al final, escribo pequeños cuentos".

La brecha entre el sosiego literario y la urgencia periodística fue una de las principales diferencias señalada por los invitados al debate. Precisamente esta oposición es la que ha obligado al escritor Felipe Benítez Reyes a desechar el ingrediente temporal de sus artículos. "He optado por un articulismo literario, con un tratamiento diferente del texto. En ellos el tema es el artículo en sí, como el tema de la poesía es la misma poesía". A esta similitud, el escritor José María Ripoll suma otro paralelismo entre la literatura contemporánea y el periodismo: "Los escritores actuales tratan de aprehender la realidad desde todos los ángulos, para aprehenderla mejor. ¿Y no es esa la disciplina de todo buen periodista?".

Menos optimista, Benjamín Prado reconoció haber perdido parcialmente su imagen romántica del periodismo. "Existe un exceso de información que ha embrutecido a lectores y telespectadores. Por eso, cuando uno tiene el privilegio de tener un trozo de periódico para opinar, tenemos que buscar un lugar inédito".

Vasos comunicantes, vocaciones compartidas... Son sólo algunas de las definiciones de las relaciones entre dos funciones del lenguaje que comparten una misma herramienta: las palabras. Jesús Fernández Palacios resumió esta vinculación en el recuerdo de una anécdota de Azorín, quien se oponía a la creación de una escuela de periodismo porque consideraba que quien no era ya escritor nunca podría ser periodista. Y es que, según el periodista y escritor Juan José Téllez, "literatura y periodismo deberían ser sinónimos, aunque no siempre lo consiguen".


21.08.2007:: Ficciones y veras a la bendita
Fuente: Fátima Vila (La Voz)


Participantes en el encuentro.

Autoservicio de sillas y algún que otro oyente de pie, encaramado a la baranda del claustro o rendido, simplemente, en la sacra pared del fondo. Invitar a lo más granado de la literatura española actual es lo que tiene. También lo de no contar con el horario de misas cuando el lugar del debate es el patio -alquilado para eventos- de un convento. Abarrotada de público y con más de media hora de retraso empezó ayer el debate sobre literatura y periodismo, A la fresquita, organizado por la Asociación de la Prensa de Cádiz en el Convento de San Francisco. Un evento multitudinario, tal vez el más concurrido del verano, en el que ver de cerca a algunas de las más importantes figuras del literatura de éxito junto a alguna cara familiar, la de los columnistas y escritores locales también invitados al efecto.

Luis García Montero, Benjamín Prado, Almudena Grandes, Juan José Téllez, José Ramón Ripoll, Felipe Benítez Reyes y Jesús Fernández Palacios fueron los convidados a una apretada mesa que quiso cuadrar el polémico círculo de la filosofía y de las letras, ése que habla de qué es realidad y qué es ficción, de qué es el lenguaje neutro y qué expresión poética, de qué es la verdad en un universo fragmentario en el que el individuo se diluye en relatos de factura interesada e intereses más o menos conocidos.

Desde las experiencias como plumillas de redacción de Prado o Téllez hasta las tímidas, casi miedosas, vivencias dominicales de una escritora de ficción como Grandes, el debate rozó temas y perfiló polémicas para un universo, el de la literatura y el periodismo que pronto se descubrió inabarcable.

A la fresca del convento, animados por brisa bendita, los invitados compartieron sus experiencias como escritores y columnistas. Género estrella entre los asistentes, que defendieron la vigencia de la opinión como la gran razón de ser del periodismo escrito en un mundo saturado por la inmediatez de lo audiovisual e internet.

«El periodismo se está convirtiendo en una de las razones por las que un periódico cobra cierto sentido en un contexto dominado por la saturación informativa y la publicidad», aseguró Benjamín Prado para quien cada vez más la opinión se presta a buscar «lugares inéditos» ajenos al discurso general sobre lo real. «Como columnista he elegido dar cabida a aquellos temas que tienen que ver con los deseos, los problemas y las esperanzas de las personas, los llamados sociales que nada tienen que ver con la alta política y la economía, los que reflejan pensamientos de la gente», apuntó el autor de Mala gente que camina (2006) creador de un alter ego, Juan Urbano, que une ficción y realidad en sus columnas.

De la anécdota que se convierte en el símbolo, de la cercanía de lo humano, también habló el poeta granadino Luis García Montero quién recalcó el titular como «una visión más de la realidad. Una interpretación tras de la que siempre hay un punto de vista» cada vez, además, más influida por intereses en los que se habla mucho «de la libertad de expresión, de que el poder privado pueda abrir un periódico o medio, y poco de la expresión en libertad», ésa que tiene que ver con la garantía de unos medios públicos veraces que aseguren el derecho de los ciudadanos a estar informados. «Cada vez hay más distancias entre las realidades virtuales que se crean para contarnos el mundo de una determinada manera», aseguró el poeta.

La experiencia más práctica, la del periodista todoterreno que no escribe un par de artículos a la semana «que escribe cuatro al día», y «que es más libre porque es autónomo», habló con ironía sin dejar lugar a la mansedumbre el periodista y colaborador de LA VOZ Juan José Téllez. «Cada vez más mi ideal de periodismo tiene que ver con aquel rotativo del fare west de Lucky Lucke Independiente siempre, imparcial nunca. En las condiciones actuales en el periodismo volvemos a ser cada vez más la voz de nuestro amo. Antes sabíamos quiénes eran los malos, sabíamos lo que significaba escribir entre líneas y meterle un gol a nuestro jefe. Ahora las redacciones están llenas de hombres de azul, ejecutivos que creen que un periódico puede hacerse sin periodistas», criticó el escritor que reivindicó el periodismo no sólo como un oficio o una vocación «sino como un derecho de los ciudadanos». «Hay mucha buena literatura en los periódicos lo que pasa es que cada vez hay más miedo a la brillantez, está mal vista. Parece que esos hombres de azul quieren rodearse de hombres y mujeres cada vez más grises», denunció también.

Desde otro ámbito diferente pero complementario, de sus experiencias con la poesía y el periodismo hablaron los gaditanos Jesús Fernández Palacios y José Ramón Ripoll, ambos columnistas de LA VOZ, e influidos confesos por la naturaleza de la una dentro de la otra. Una reivindicación mucho más que estilística que entroncó con la realidad de la única mujer invitada al evento. Almudena Grandes, humilde vocación de las ficciones, habló de su miedo a la opinión de actualidad y de sus «trampas» y relatos disfrazados para señalar ese aspecto de la prensa que le permite mantenerse cerca de los suyos cuando no hay novela a la vista. «Al final, para mí, es el cordón umbilical que me ata a los lectores entre libro y libro». Alargada hasta bien entrada la noche y con copa incluida -servicios del catering al convento adscrito-, el acto consiguió mantener la atención del respetable y una buena muestra de lo que es charlar en Cádiz a la bendita. Con buena parte de los poderes locales presentes -cultura, ocio y sociedad incluidas- la velada se descubrió agradable y el post debate, de seguro, prometía.