Noticias sobre columnismo y articulismo |
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GARCÍA HOZ, NUEVO DIRECTOR
DE LA GACETA DE LOS NEGOCIOS
El columnista del diario ABC, José María García
Hoz, ha sido nombrado director del periódico La Gaceta de Los
Negocios. |
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28.09.2007::
García Hoz, nuevo director de La Gaceta de Los Negocios
Fuente: ABC
El Consejo de Administración del Grupo Negocios eligió
ayer de forma unánime a José María García
Hoz como nuevo director de «La Gaceta de los Negocios»
-tras la renuncia del hasta ahora director, Fernando Rayón-,
y a Eduardo Olier como nuevo presidente del grupo.
García Hoz es un periodista experimentado que a lo largo
de su carrera profesional ha desempeñado puestos relevantes
en diferentes medios: fue editor y director del semanario «Actualidad
Económica» y del diario «Expasión»,
presidente de Recoletos y director general de Onda Cero Radio. También
ejerció de columnista en ABC y en el periódico que
hoy dirige.
Desde abril, García-Hoz ha sido presidente del Grupo Negocios,
puesto al que renuncia para poder dedicarse a la dirección
del periódico.
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García-Hoz volvió recientemente a las páginas
de ABC, de las que estuvo ausente durante una buena temporada. Sus
colaboraciones, que se iniciaron con José Antonio Zarzalejos,
habían quedado interrumpidas con la incorporación
de Ignacio Camacho a la dirección del periódico. Tras
la salida de éste, y la vuelta de Zarzalejos, García
Hoz retomó sus artículos en ABC.
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García Hoz ha desempeñado puestos relevantes en diferentes
medios: fue editor y director del semanario Actualidad Económica
y del diario Expasión, fundador y presidente del Grupo Recoletos
y director general de Onda Cero Radio.
Desde abril, García Hoz ha sido presidente del Grupo Negocios,
puesto al que renuncia para poder dedicarse a la dirección
del periódico. Eduardo Olier ha sido nombrado nuevo presidente
del grupo.

28.09.2007::
Un nombramiento anunciado
Fuente: Confidenciales
El
nombramiento de José María García Hoz no ha
pillado desprevenido al mundillo periodístico porque su nombre
ya figuraba en muchas quinielas y confidenciales durante los últimos
días.
En febrero de 2007, Elconfidencial.com publicaba "Juan Pablo
Villanueva ya ha dimitido como presidente del grupo Negocios, sociedad
editora del salmón La Gaceta de los Negocios. La semana que
viene la junta de accionistas nombrará al nuevo consejo que
designará al sustituto de Villanueva. El periodista José
María García-Hoz, fundador de Recoletos y actualmente
columnista de ABC, se perfila como el nuevo presidente del grupo.
Como ya ha publicado El Confidencial,
Villanueva sale del accionariado y la sociedad Valdecubas -grupo
constituido por el ex presidente del Senado, Antonio Fontán-
será la que asuma el control y la que lidere una nueva ampliación
de capital (ver noticia). El consejero delegado de La Gaceta, Amador
Sosa, pretende nombrar a García-Hoz como nuevo presidente
del grupo Negocios, si bien no existe unanimidad en torno a esta
candidatura. Hay una parte de los accionistas que quieren que ese
puesto sea para Antonio Fontán. La apuesta por Fontán
conllevaría otorgar a la presidencia del grupo un carácter
‘honorífico’ y supondría que no habría
cambios en el actual proyecto editorial de La Gaceta: la transición
paulatina de cabecera salmón en diario generalista. Por otro
lado, el nombramiento de García-Hoz plantearía dudas
sobre el futuro del proyecto tal como está ahora planteado.
Hay que recordar que, hace unos años, los planes de García-Hoz
pasaban por la creación de una cabecera de análisis
y opinión dirigida a las élites y confeccionada por
expertos no necesariamente periodistas. García-Hoz y Juan
Kindelán (que junto a Villanueva forman el trío de
fundadores de Recoletos y Expansión) intentaron en 2004 crear
un diario dirigido a las 50.000 personas más influyentes
del país. ¿Las características? Pocas páginas
enfocadas a crear opinión y de venta a un alto precio. Para
ello publicaron en algunos medios el siguiente anuncio: “Buscamos
profesionales (100) para formar un equipo de redacción multidisciplinar,
dinámico e intelectualmente desafiante” La selección
fue realizada por una consultora de personal que sometió
a los aspirantes a un examen de seis horas. Finalmente el diario
no vio la luz por falta de financiación. En aquel momento
se publicó que una de las circunstancias que dieron al traste
con el proyecto fue la negativa de las Koplowitz –en un primer
momento comprometidas- a aportar capital.
Cuando La Gaceta comenzó hace ya dos años la publicación
de páginas blancas y páginas salmón, García-Hoz
estudió seriamente la posibilidad de entrar con su dinero
en el proyecto. Durante una temporada, llegó a publicar incluso
tribunas de opinión. Al final decidió no comprometerse
con Villanueva y se marchó a colaborar con ABC. Desde
el diario de Vocento ha realizado algunos de los ataques más
contundentes que se recuerdan contra la línea editorial del
diario El Mundo y de la emisora COPE, algo que ahora no
le va a favorecer demasiado habida cuenta de que el grupo Negocios
se ha convertido en accionista de la cadena episcopal y ésta
se plantea además la entrada en el accionariado de La Gaceta.

05.11.2006
:: Los ataques a la prensa amarilla
Fuente: elplural.com
El
diario ABC, en su Tercera de ayer, realizó una reflexión
profundamente crítica sobre el periodismo amarillo. Sin citar
nombres, el periodista José María García-Hoz
recordaba el origen de la prensa sensacionalista, citando a William
Randolph Hearst –el todopoderoso Ciudadano Kane retratado
por Orson Welles-, y analizaba las similitudes de este caso con
el fenómeno que se está produciendo en ciertos sectores
del periodismo español con motivo de los atentados del 11
de marzo de 2004.
García-Hoz explicaba el éxito de la teoría
de la conspiración como consecuencia del descontento creado,
según él, por el Gobierno Zapatero en ciertos sectores
de la población. Los cambios provocados por el Gobierno progresista
les forzarían a pensar que el cambio de Gobierno sólo
podría haber ocurrido por una conspiración. De este
modo “los practicantes del periodismo sensacionalista tratan
de convertir el descontento de una parte de la sociedad española
en aumento del poder e influencia de los medios”.
Las críticas recogidas por García-Hoz no iban dirigidas
solamente a los medios garantes de la teoría de la conspiración,
sino a cargos del PP que apoyan claramente estas tesis. “Aunque
el periodismo amarillo es fenómeno inevitable en una sociedad
democrática, parece cuando menos chocante la actuación
de determinados dirigentes del PP, empeñados en reducir la
acción política del partido a hurgar en un pozo al
que sólo aportan caudal chorizos de tres al cuarto y policías
chapuceros”, afirma el periodista, que sugiere que la oposición
se puede ejercer en las políticas reales, sin la necesidad
de caer en este sucio juego.
Estas críticas a la “teoría de la conspiración”,
esgrimida por el diario El Mundo y jaleada por medios como la COPE
y Libertad Digital, no vienen, en esta ocasión, esgrimidas
precisamente por un medio de los considerados afines al Gobierno,
sino por parte de un periodista que muestra claramente su oposición
al Ejecutivo. Cuando afirma que “es notorio que el presidente
del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero ha aprovechado
su exigua y casual victoria electoral para poner patas arriba a
España”, vemos que nos encontramos ante un firme opositor,
que, además, da un repaso a la “fatalidad” que
para él, han supuesto las medidas emprendidas por el Gobierno
progresista desde que consiguiera el poder el 14 de marzo de 2004.
Pero el oponerse al gobierno progresista, para García-Hoz
y para el diario en el que escribe, no es óbice para seguir
siendo leal a las instituciones, condición que han vulnerado
los medios implicados en la teoría que, día a día,
aparece en las páginas del rotativo de Pedro J. Ramírez.
García-Hoz compara este caso con el creado por William Randolph
Hearst –el Ciudadano Kane de Orson Welles-, que daría
origen al conflicto entre España y su entonces colonia Cuba
con EEUU al fondo. Para García-Hoz, el rasgo definitorio
del periodismo sensacionalista es anteponer la tirada del periódico
a la verdad, el hecho de que “si no hay noticias, se provocan
y llegado el caso se inventan”.
En el caso actual, y en lo que respecta a la investigación
sobre el 11-M, las exclusivas y descubrimientos protagonizados por
el diario El Mundo parecen responder perfectamente a esta definición
propuesta por el periodista de ABC: no hay pruebas claras en la
investigación retransmitida que el diario El Mundo lleva
ya desde hace mucho tiempo, pero sí una clara determinación
del diario para mostrar una realidad que, si bien no corresponde
con la verdad, puede rendir mucho económicamente a sus editores.
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La columna
El periodismo amarillo
Por JOSÉ MARÍA GARCÍA-HOZ
«Por favor, quédate. Tú pon
las ilustraciones y yo pondré la guerra». El telegrama
de William Randolph Hearst, a la sazón editor del «New
York Journal» a uno de sus enviados especiales a Cuba pasará
a la historia como el paradigma del periodismo amarillo: si no
hay noticias, se provocan y llegado el caso se inventan. Con tal
de aumentar la tirada todo está permitido. Desde luego
Hearst -Ciudadano Kane, en la memorable película de Orson
Welles- no fue el inventor del periodismo del escándalo
y de la exageración exorbitada de la realidad, pero sí
su mejor practicante; después de él su ejemplo,
desafortunadamente, ha sido seguido por muchos periodistas y periódicos
en todo el mundo.
Contra lo que se suele creer la «guerra» a la que se
refería el histórico telegrama no era propiamente
la hispano norteamericana, sino la que Hearst quería provocar
entre la insurgencia cubana y la metrópoli, España.
De hecho, el telegrama fue cursado a principios de 1897 y Estados
Unidos no declaró la guerra a España hasta el 25 de
abril de 1898, a raíz de la explosión en el puerto
de La Habana del Maine, un crucero de la Armada norteamericana.
Aunque más de cien años después no están
claras las causas de la explosión del Maine y a pesar de
que los periódicos norteamericanos pedían a sus lectores
que antes de sacar conclusiones esperaran a las pruebas, a Ciudadano
Kane y a su periódico el «Journal» le bastaron
dos días para sentenciar a toda página «La destrucción
del buque de guerra Maine fue obra del enemigo»; debajo del
titular un dibujo del Maine amarrado sobre una mina en el puerto
de La Habana y el pie de la ilustración dictaminaba definitivamente:
«Se cree que los españoles lograron que el Maine amarrara
encima de una de las minas del puerto. La mina estaba conectada
mediante un cable a los cargamentos de pólvora y se cree
que la explosión fue provocada por una corriente eléctrica
transmitida a través del cable».
Como digo, ni el tribunal de la U. S. Navy que designó el
presidente William MacKinley, ni estudios históricos posteriores
llegaron a una conclusión definitiva sobre el origen de la
explosión del Maine, que hoy sigue siendo un misterio, pero
ese desconocimiento no fue obstáculo para que el propietario
del «Journal» decidiera que los españoles eran
culpables y desplegara una campaña patriótico-belicista
a favor de la guerra contra España. Hearst utilizó
todo tipo de recursos periodísticos y de marketing, que como
no podía ser de otra manera incluían ataques a los
periódicos «conservadores» que se negaron a unirse
a la cruzada y también atacó a los «absolutamente
respetables y porcinos ciudadanos» que no se unieron a la
llamada al combate. Al final de la guerra, la tirada del «Journal»
había superado el millón de ejemplares, por encima
de cualquier competidor.
Los métodos del periodismo amarillo han sido y serán
utilizados por editores y periodistas que pongan el objetivo de
aumentar la tirada o la audiencia por encima de cualquier otra consideración.
Desde luego que para ser Ciudadano Kane no basta con la falta de
escrúpulos, también se necesita inteligencia, intuición
periodística y mucha suerte. No está al alcance de
cualquiera determinar previamente, como hizo Will Hearst, quién
es el culpable del crimen y sólo después dedicarse
a buscar pruebas que demuestren su hipótesis, mientras reparte
mandobles a quienes no la comparten.
Los interesados en el desarrollo y la práctica del periodismo
encontrarán fácilmente similitudes entre el modelo
de actuación de William Randolph Hearst y el «Journal»
en el caso de la Guerra de Cuba, con el que aplican algunos medios
españoles en el caso del 11-M. Así como Hearst aprovechó
la naciente vocación imperialista de Estados Unidos para
provocar la Guerra contra España, aumentar la tirada del
«Journal» y el poder de su propietario, que estuvo a
punto de presentar su candidatura a la presidencia de los Estados
Unidos, los practicantes del periodismo sensacionalista tratan de
convertir el descontento de una parte de la sociedad española
en aumento del poder e influencia de sus medios.
Como es notorio, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez
Zapatero ha aprovechado su exigua y casual victoria electoral de
marzo de 2004 para poner patas arriba a España y a la sociedad
española. Desde la organización del Estado, a la legislación
familiar, pasando por la investigación en embriones o la
imposición de sectarios planes de enseñanza, o la
apertura de negociaciones políticas con los terroristas y
el menosprecio de las víctimas.
Es tanta la fatalidad que desde aquel 11 de marzo de 2004 se ha
abatido sobre la sociedad española, que una parte muy importante
de ella se niega a admitir que la desgracia haya sido fruto de la
casualidad. Necesitada de una explicación, prefiere referirse
a una conspiración imposible entre moros, etarras, espías
españoles, espías franceses y espías marroquíes.
Y eso es lo que encuentran en algunos medios que mantienen la llama
de la conspiración explicativa: el PP no perdió las
elecciones, se las robaron. Así como la explosión
y hundimiento del Maine -con 250 militares muertos- sólo
pudo ser obra de los españoles, el asesinato en masa del
11-M, que provocó tan evidentes y tan relevantes consecuencias
políticas, no pudo tener como autores exclusivos unos desarrapados
islamistas yihadistas. Hay que investigar, hay que esclarecer los
hechos. Para ello no importa que se tenga que acusar de traidores,
de conspiradores a todo aquél que no comparte la teoría
desde luego indemostrada y probablemente indemostrable: desde un
periódico a los jueces, pasando por la Policía y los
Servicios de Inteligencia.
En todo caso, y a pesar de que resulta del todo comprensible la
frustración y el enfado de una parte significativa de la
sociedad española, aunque la existencia del periodismo amarillo
es fenómeno inevitable en una sociedad democrática,
parece cuando menos chocante la actuación de determinados
dirigentes del PP, empeñados en reducir la acción
política del partido a hurgar en un pozo al que sólo
aportan caudal chorizos de tres al cuarto y policías chapuceros.
¡Cómo si no hubiera temas de interés ciudadano
y político para desarrollar un implacable ejercicio de la
oposición! Por supuesto que se debe saber por qué
ocurrió el 11-M y quiénes fueron sus autores materiales
e intelectuales, pero el futuro de la sociedad española no
merece ser enchiquerado en ese barrizal sin salida por virtud del
periodismo amarillo.
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