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6.10.2007::
Moda y reality
Fuente: lavanguardia.es
Con el primer Gran Hermano lo consiguieron. Era novedoso,
era El show de Truman, era un experimento de ratas. Era la converación
en el mercado y en las sesiones de fotos, y aunque tarde, me dejé
caer. Gracias a INternet, que no sólo sirve para ser más
culto, conseguí actualizarme y ser una más. Hasta
incorporé a mi vocabulario lo de quién me pone la
pierna encima...
Con la primera edición de Operación Tirunfo me pasó
algo parecido, pero más grave. Era tal el bombardeo mediático,
que me vi engullida, a escondidas de mi marido, en una espiral de
zapping culpable con nocturnidad y alevosía. Aclaración:
mi mardio es músico y se olió el genocidio cultural
que devendría. Él hablaba pestes y yome hacía
portadora de su pancarta, pero por la noche me deslizaba en el sofá
y mandaba mensajes de apoyo a Bisbla y a Chenoa. AL día siguiente
me descubría a mí misma tarareando las canciones dela
gala anterior y me ruborizaba como si del recuerdo del perfume de
un amante se tratara. La culpa fue a más cuando buscábamos
discográfica par ael disco de mi marido y actuaciones en
la tele para promocionarlo y unas y otras únicamente querían
triunfitos e imitaciones. Él me decía: "A ver
cómo te sientes cuando hagan un concurso de modelos en la
tele y, a raíz de él, tú dejes de currar".
Asumí mi parte de culpa como consumidora de telebasura y
asesina de cultura de la buena y conseguí vivir bien durante
unos años ignorando la aparición de nuevos y aterradores
realities. Presumiendo, con la cabeza bien alta, de no tener ni
idea del transcurrir de los nuevos triunfitos y big brothers. Mientras
veía cómo la masa se convertía en un circo
romano sediento de frikis (náufragos, bailarines, patinadores,
quirúrgicos...), yo me sentía fiel a mí. Sola
pero íntegra. Hasta que se cumplió la profecía.
Apareció el reality de las modelos y recaíe, como
recaen los alcohólicos, en el círculo vicioso del
morbo televisivo. Lo hacía a escondidas, pero esta vez no
de mi marido, sino de mí. Me daba vergüenza pillarme
asistiendo a ese espectáculo exhibicionistra, pero esperaba
mi cita de los lunes ocn el estómago encogido, ansiando ver
cómo, por exigencias del guión, mi profesión
quedaba expuesta y descarnadamente desnuda, y después se
la vestía de un traje ordinario. Un auténtico juego
masoquista. Sin entrar a valorar la actuación del os profesionales
ni el innecesario sufrimiento de las niñas.
El primer paso para solucionar un problema es asumir su existencia
y pedir ayuda, ¡y qué mejor ayuda de un grupo de amigas
que padecen del mismo mal! Para atarcarlo de raíz hemos decidido
hacer terapia de grupo. Nos reunimos cada lunes ante la tele,acompañadas
de buen vino, para estudiar el detonante del trauma (reírnos
y criticar), y nos lo pasamos como enanas.
Por si acaso se cumple el augurio de mi querido marido y las novatas
me dejan sin trabajo, me he buscado currito de columnista. Aquí
mismo.
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