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CARLOS HERRERA, PREMIADO POR UNA COLUMNA

El periodista Carlos Herrera ha obtenido el premio Joaquín Romero Murube por una columna publicada en XL Semanal.


24.10.2007 :: El periodista Carlos Herrera gana el premio Joaquín Romero Murube
Fuente: ABC

Poco después de conocer el fallo del jurado del premio Romero Murube, Carlos Herrera confesaba sentirse «hondamente satisfecho» con la concesión de este galardón por varias razones: «Por unir mi nombre al de los periodistas premiados con anterioridad, al de Joaquín Romero Murube circunstancialmente, y por haber sido premiado con un artículo dedicado a Antonio Garmendia tras su fallecimiento».
Bajo el título de «El Príncipe de las Tabernas», artículo publicado en el suplemento XL Semanal del pasado 13 de mayo, el periodista y columnista de ABC rendía su particular y sentido homenaje a la figura de su gran amigo y colaborador de su programa radiofónico en Onda Cero «Herrera en la Onda». «Cuando lo escribí le dije: «Antoñito, nos vamos a presentar tú y yo al premio Romero Murube»». Así fue, y aunque, según reconoce Carlos Herrera, no ha sido ésta la primera vez que ha concurrido a esta convocatoria, sí ha sido ésta la decisoria. «A lo largo del año puedo dedicar dos o tres artículos a una temática de ámbito sevillano y éste era uno de ellos», argumentaba ayer justificando la presentación del artículo ahora galardonado. En su desarrollo, el periodista detalla momentos vividos con Antonio Garmendia, así como rasgos de su particular idiosincrasia. «Fue un artículo que me salió de corrido, porque estaba escrito desde el corazón y el conocimiento del personaje». Un hombre polifacético, singular y muy popular en Sevilla, que fallecía el pasado mes de abril. «Su ausencia, vista desde aquí y desde ahora, es el dolor entero, el que nos llena el pecho de ruidos. Ha dejado su cuaderno abierto por la página del día 25 de abril, su cama sin hacer y sus ropas sin vestir. Ha dejado el aire sin sus sílabas de arcilla», escribía el articulista.
Sevillano heterodoxo
«Garmendia era un sevillano heterodoxo y ahí radicaba su genialidad», subraya Herrera con conocimiento de causa. «Abominaba de los tipismos -añade- pero había muchas cosas en él que eran de un sevillano genial». «Formaba parte, junto a Eduardo Balbontín, Amós... de una Sevilla irrepetible», apunta el periodista, para el que una parte de esa ciudad genial muere cuando lo hacen aquellos sevillanos que la encarnan.
El itinerario vital y profesional de este periodista, natural del municipio almeriense de Cuevas de Almanzora, se reparte, fundamentalmente, entre Barcelona y Sevilla, siendo en esta última donde ha establecido su residencia.
La radio ha marcado su carrera, si bien no le han sido ajenos otros medios como la televisión o la prensa escrita, donde viene colaborando en su faceta de columnista. En la actualidad dirige en Onda Cero «Herrera en la Onda». Su dilatada trayectoria profesional ha sido distinguida con tres premios Ondas de radio, dos Antenas de Oro, dos Micrófonos de Plata o el Premio Nacional de Periodismo Pedro Antonio de Alarcón, por citar sólo algunos de ellos.
Carlos Herrera tiene en su haber, además, la Medalla de Andalucía de 2001. Gran amante de Sevilla y sus tradiciones, el periodista pronunció ese mismo año el pregón de la Semana Santa hispalense. Ha sido también pregonero de los Carnavales de Cádiz de 2003, entre otros eventos andaluces tales como el Corpus de Granada, las fiestas en honor de la Virgen del Mar en Almería o el Mayo cordobés.


23.10.2007:: Carlos Herrera Crusset gana el VIII Premio Joaquín Romero Murube de artículos
Fuente: Terra

El fallo del premio 'Joaquín Romero Murube', dotado con 6.010 euros, ha tenido lugar hoy y el jurado ha estado formado por Rogelio Reyes Cano, Santiago Mora-Figueroa Williams, marqués de Tamarón, Antonio Burgos Belinchón, José María Arenzana Seisdedos y José Miguel Santiago Castelo, según ha informado el diario ABC a través de un comunicado.

Los miembros del jurado han considerado el trabajo de Herrera, dedicado a la muerte del poeta y crítico gastronómico sevillano Antonio Garmendia, como el mejor artículo periodístico publicado en España desde el 30 de julio de 2006 al 20 de julio de 2007.

Este galardón lo han ganado en ediciones anteriores Ignacio Camacho, Manuel Ramírez, Arturo Pérez Reverte, Francisco Pleguezuelo, Joaquín Caro Romero, Antonio Burgos y Carlos Colón.

El premio 'Joaquín Romero Murube' fue creado por ABC de Sevilla en memoria del escritor, poeta y periodista cuyo nombre toma y que estuvo muy ligado a la historia del periódico desde su fundación.


El artículo :: "Crémer es un poeta de la ciudad"
Fuente: XL SEMANAL. Carlos Herrera

Socarrón, descreído y permanentemente rebelde, recorría Antonio Garmendia las tabernas de Sevilla desde que así le dieran las doce en las campanas de la Giralda hasta la hora de comer. Lo conocía gracias al elemental tránsito de las ciudades pequeñas, ese que permite que se haga cierta la expresión de «aquí nos conocemos todos» y que convierte la circunstancia de los encuentros en el milagro de los descubrimientos.

Una mañana en la barra de Morales, cruce de caminos de nuestros comunes paseos, le sugerí que colaborara conmigo en extender el manto del buen gusto sobre esta pradera contradictoria que es la radio matinal. «¿Y qué quieres que haga, sobrino?», me preguntó. «Lo que tú quieras, carnes mías», le contesté. Y lo hizo aproximadamente durante doce años. Durante ese tiempo llenó las mañanas de este viejo país de fábulas nacidas de su desbordante capacidad de observación y análisis, de poemas deconstruidos, de recetas imposibles y de cánticos apasionados.

Tarareaba la música clásica con una precisión envidiable e hizo de la palabra ‘¡control!’ algo más que una seña de inicio de sus peroratas. Llegaba una hora antes a las salidas del tren, como los viajeros muy antiguos, y dos horas a las de avión, del que no era muy amigo. Bebía el vino de Valdepeñas con «terrones de nieve», que eran en realidad un par de cubitos muy sólidos, y comía poco, muy poco. Su pasión era la Semana Santa y decía no creer en Dios; abominaba del deporte y fue campeón de España de los 400 metros en relevos; no le hacía ninguna gracia el mar ni la playa y fue marino en la Armada; no soportaba a los niños y les hacía, por ejemplo, poemas maravillosos; escribía pestes de su suegra y la adoraba; era izquierdosón y ponía a parir al Gobierno de ahora; detestaba la Navidad, pero se enternecía con un villancico o un nacimiento.

Podía pregonar todo lo que se le ponía por delante y hacerlo de forma muy convincente, fuera fiesta patronal, fuera congreso profesional, fueran juegos florales; eso sí, era imprevisible: en un delicioso pregón en la capilla del Rosario levantó la vista de los papeles en los que hablaba apasionadamente del Miércoles Santo sevillano para preguntar con toda seriedad: «¿Alguien sabe cómo va el Betis?». Antonio era muy bético, tanto que acostumbraba a decir que a él no le gustaba el fútbol, lo que le gustaba era el Betis, como a la mayoría de los aficionados de ese equipo.

Pertenecía a esa Sevilla que se ha difuminado tras la desaparición de sus moradores más egregios, esos que describió con finísima precisión en su libro La Taberna del Traga, irrepetibles Vicente y Eduardo, Balbontín, Amós, protagonistas de la gracia, la que se llevaron consigo dejando una ciudad distinta. Precisamente en esta ciudad en la que madura el desamor se adivina el paso decidido de una sombra fugaz camino de cualquier taberna de mostrador de madera.

Dicen quienes gozan de percepciones extrasensoriales que es un espíritu inquieto con una libreta en la mano. Lleva sombrero y amuleto y cruza las calles como una exhalación. No nos cabe la menor duda de que es él, Antoñito Garmendia, ahora que su sangre se hace polvo, sangre de cal y de vino, sangre de lágrimas lentas.

Su ausencia, vista desde aquí y desde ahora, es el dolor entero, el que nos llena el pecho de ruidos. Ha dejado su cuaderno abierto por la página del día 25 de abril, su cama sin hacer y sus ropas sin vestir. Ha dejado el aire sin sus sílabas de arcilla. Y nosotros, los que lo acompañábamos al fondo de las barras con la secreta aspiración de apropiarnos de parte de sus destellos, todavía sentimos el golpe seco en el estómago. Hasta el agua del mar tiene un sabor más amargo.

Antes de que tus antiguas furias de talento se cubran de olvido, dejo aquí constancia por escrito de que fuiste y serás por siempre quien mejor supo escribir en una hoja cuadriculada apoyado en un mostrador de bar. Esa y otras cosas te convierten por siempre en el Príncipe de las Tabernas. En el gran Príncipe de la Sevilla difuminada con tu marcha.