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RAÚL DEL POZO TOMA EL RELEVO DE UMBRAL EN LA ÚLTIMA DE EL MUNDO

El martes 18 de diciembre estrena su sección 'El ruido de la calle'



Entrevista en Periodista Digital

15.12.2007 :: Raúl del Pozo toma el testigo de Umbral en la última página de El Mundo
Fuente: www.elmundo.es


'El ruido de la calle', la columna de Raúl del Pozo en la última de EL MUNDO comienza su andadura este martes. No sin cierto «miedo escénico», el periodista se apresta a ocupar «con humildad y de manera sencilla» el espacio que durante años fuera de Francisco Umbral. El lunes culminará el homenaje dedicado por el periódico al gran escritor con un artículo de su esposa, María España, titulado 'Amado mío'.

«Esto no es una sucesión, sólo los reyes se suceden. Además no se puede suceder a un genio y Umbral lo era», aclara Raúl del Pozo. A los lectores les adelanta que su artículo diario de lunes a viernes «estará muy pegado a la actualidad, intentando en todo momento reflejar el ruido de la calle, el estrépito, la movida, la política...», convencido de que «la humildad de un periodista es seguir la actualidad».

Y acepta el reto de esa última página a pesar de su convicción de que «el columnismo es un género que se extingue».

«Nunca he entendido el género como la furia del español sentado. Soy un reportero que cuenta cosas en formato de columna, acordándome de la gente que se acerca con un euro a comprar el periódico. Por eso me jode mucho cuando me dicen que mis columnas son crípticas, confusas o retóricas, porque yo lo que quiero es llegar al corazón de los lectores», asegura.

Raúl del Pozo define el fenómeno del columnismo como «típicamente español, como los guerrilleros, el liberalismo y el golpismo». Y lamenta «la muerte de los grandes del género: Umbral, Cándido, Campmany, Montalbán». «Ya sólo quedamos los enanos», agrega.

De su relación con Francisco Umbral, a Raúl del Pozo le quedan jugosas anécdotas. «En su fantasía, siempre contaba que como Beaudelaire me consiguió mi primer abrigo, mi primer trabajo y mi primera amante. Sólo fue verdad lo del trabajo», afirma rotundo.

Para él, «Umbral fue el escritor de la izquierda española, el gran cronista de la izquierda. Escribió sobre Tierno, Carrillo, Guerra... Fue el cronista de la santa transición, de la lucha democrática y tenía un toque rojo». Y critica «el sectarismo» demostrado por la izquierda «al no enterrar con grandeza a su cronista, sólo porque en los últimos años se había prendado de Mariano Rajoy».

Él también se define políticamente: «Está claro que en algunas cosas soy de izquierdas, en la defensa a ultranza de la democracia avanzada, en el sentido de la solidaridad, pero tampoco puedo abstraerme de los excesos y de los terribles errores de la izquierda en este siglo que ha pasado. Sigo siendo de izquierdas en muchas cosas e intento ser liberal y pluralista en otras», concluye.

El lunes finalizan las 100 columnas escritas por 100 personas diferentes tras la muerte de Umbral y el director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, niega que haya sido «un concurso para buscar a su sucesor o una manera de ganar tiempo hasta tomar una decisión». «Sólo responden al deseo de rendir el homenaje que merecía la figura de Umbral», asegura.

«La elección de Raúl estaba muy clara, tanto para mí como para el resto de la dirección. El propio Umbral era consciente de que era, no el heredero, pero sí el sucesor», añade Ramírez, antes de definir a Raúl del Pozo como quien «mejor sabe vivir como un reportero y escribir como un gran narrador».


02.12.2007 :: Del Pozo sustituye a Umbral
Fuente: Estrella Digital (Las pesquisas de Marcelo)


Se acabó el misterio de los cien días de luto que Pedro J. ha impuesto en la columna de contraportada del diario El Mundo con vistas a la sucesión del fallecido Paco Umbral. El elegido, finalmente, ha sido Raúl de Pozo, una vez que Alfonso Ussía rechazará la oferta que, semanas atrás, le hiciera el director del rotativo en su empeño por confirmar la deriva conservadora del periódico con la que Pedro J. pretendía, con ayuda del linchador habitual de la COPE, su cobrador del frac —Recarte— y ciertas intrigas del PP, borrar del mapa del centro derecha periodístico español al ABC. Operación fallida porque los que conspiraban contra José Antonio Zarzalejos se encontraron de bruces con el muro de la Junta de Fundadores de ABC y del Consejo de Administración, en pleno, de Vocento.

Entonces, Del Pozo es el ganador y ello producirá un respiro en el seno de la redacción, donde se temía el desembarco de Ussía y se respira un cada vez más enrarecido ambiente, porque el diario, desde que Aznar llegó al poder en 1996, no es ni sombra de lo que fue, y se ha subido al carro de la derecha bronquista radical en la que el director impuso la conspiración del 11M, finalmente desmontada por la sentencia de la Audiencia Nacional, a pesar del estrambote final del juez Bermúdez, y de su santa y catastrófica esposa, Elisa Beni.

Al final, justo es decirlo, ha ganado el mejor columnista de los que habitan en El Mundo. Gala ya no está, como Martín Prieto, para muchos trotes; Ansón, despechado, se va a El Imparcial, y el mandril Jiménez Losantos era mucha dosis de ultraderecha, sin la gracia ni el buen hacer literario de Ussía. Gistau está verde (pero llegará), y el resto es puro aparato del PP. Además, Del Pozo se nos hizo zapaterista y eso pondrá un poco de sal en la empalagosa tarta “pepera” del diario, al tiempo que le sirve a Pedro J. para presumir de pluralismo frente a su caótico amigo de la Moncloa, que lo puede hacer marqués (De Sade).

Y tampoco le creará conflictos con el PP, porque Raúl, de un tiempo a esta parte, suele estar a favor del viento del poder, lejos de su gloriosa etapa en el diario El Independiente, porque no ha pasado mucho tiempo de cuando decía que Aznar era el presidente más importante de la Historia de España, que iba a entrar en Bagdad a bordo de un tanque y en compañía de Bush y Blair, como dijo de Zapatero que pasaría con letras mayúsculas y doradas, en esta legislatura, a la Historia de España por haber alcanzado la paz con ETA y culminado la reforma confederal del Estado.

Las grandes profecías y la política —como le dijo un día Manuel Vicent en el Gijón— no son la especialidad de Raúl. Además, los españoles están de la política hasta el gorro. Lo suyo —romanos aparte— es el buen escribir sobre las cosas que pasan, las grandes o pequeñas, sobre la gente, los friquis, las damiselas, los burlangas, los millonarios y los mendigos, las rarezas y las lindezas de la vída y la literatura cotidiana, sin tantas citas ilustres, y a flor de piel. La crónica del gran Madrid, no del palco del Real Madrid y del callejón de Las Ventas de gorra y con dos golferas. Y eso no es tan fácil de conseguir, ni se puede copiar en internet, máxime cuando se está en la estela de Umbral, a quien cuando no se le ocurría nada escribía un poema en prosa, absurdo y demencial, y le quedaba como un anillo al dedo del lector.

Lo que pasa es que, para olisquear el rumbo del poder y la mágica realidad de la capital del Reino, hay que tener mucha intuición o imaginación, o ir a los sitios sin cesar, al Canoe y a misa. Y, sobre todo, no derramar flores ni echar, como decía Tito de Machín, caramelos por la boca por doquier, que es la única manera de no equivocarse, porque lo que hay en las hemerotecas no se puede borrar, y hay gente con una memoria infernal.

O sea, que diría Paco, o vale, que diría Cela, vamos a ver cómo torea este nuevo Antoñete en la plaza de Umbral. Hechuras tiene el de Cuenca, pero hay que ver si se arrima como José Tomás o se escurre como Ponce. Y, eso sí, mucho cuidado con el picoleto intoxicador de la Moncloa y su te paso con el presidente: “Raúl, ¡que nosotros somos de izquierdas”!, le susurra al otro lado del teléfono Miky Ojos azules sin pestañear, y vestido de luto por lo de ETA. Pero absolutamente convencido de que va a ganar. Y cita un caso que para él es proverbial: “¿os acordáis del lío que organizó la derecha con lo de los matrimonios gays?, y ¿qué queda de todo eso? Pues, con esto del atentado, en cuanto pase la Navidad y lleguen los Reyes Magos, pelillos a la mar”.