joliva@sincolumna.com
Madrid, miércoles 8 de febrero

:: Inicio >> David Barreiro >> Columna

Ánimo
Opina en el foro
Portada sincolumna.com

Todos los lunes cuando me despierto siento que no soy yo el que abre mi ojos, se quita mi pijama y se mete en mi ducha. Tengo la extraña sensación de que es otra persona quien coge el metro camino del trabajo y me resulta ajena la voz que sale de mi boca, la misma que muerde una napolitana de chocolate que llega a un estómago que no me pertenece.

Durante todo el día, puedo ver mi cuerpo moverse a duras penas encerrado en una jaula de Excel de la que no puede salir, aturdido por la realidad de una semana que comienza con la única esperanza de que llegue a su fin lo antes posible.

Por suerte, poco a poco los días se suceden y con su paso voy acercándome a mí mismo hasta que por fin consigo reencontrarme con mi propio cuerpo cuando llega el fin de semana. Es entonces cuando recupero la capacidad para contar un chiste, para escuchar una canción, para escribir una línea, para llorar una pena.

Pero no dura demasiado, y el domingo por la noche, después de cenar, comienzo a sentir cómo vuelvo a alejarme, a distanciarme de un cuerpo en el que habito sólo un par de días cada semana y en el que ya no quedará nada de mí el lunes al despertar, un poco antes de que llegue el amanecer.

Pienso en aquellas personas que viven atrapadas en el seno cruel de la depresión, en el pozo de sus miedos, en el oscuro abismo de la tristeza, y tengo la sensación de que para ellos la vida no es más que un lunes eterno del que no pueden escapar.

Lo siento por ellos, por quienes una y otra vez se despiertan en el Día de la Marmota con la certeza de que el invierno va a durar el resto de su vida. Ánimo.

 
Información sobre el columnista