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Mi amigo Carlos nunca ha sido amigo (valga la redundancia) de
las convenciones. Es por ello que en estas fechas siempre ha detestado
tener que hacer balance del viejo año y nuevos y loables
propósitos para los meses que nos esperan. Es uno de estos
tipos que considera que lo fundamental en la vida es ser diferente
a los demás, como si eso fuera posible, y que ha basado su
originalidad en ir siempre en la dirección contraria o llevar
una preposición entre los dos apellidos. Carlos Vázquez
de López, que así se llama mi amigo, ha restado
importancia a todos los acontecimientos acaecidos en 2006 –
la muerte de Pinochet, el ahorcamiento de
Sadam, el mundial de baloncesto - con una respuesta concluyente:
- Todo eso sólo ha sucedido en la pantalla de mi televisión
¿o puedes demostrar lo contrario?
La verdad es que no puedo. Como él, he visto durante 2006
que el mundo ha seguido rodando al otro lado de la pantalla de la
tele, de donde para salir bastaba con pulsar el botón y encontrarme
de nuevo en mi vida real, tan ajena a los dictadores, los atentados
y los mundiales de baloncesto. Es posible que Paul Auster
estuviera en Oviedo recogiendo el premio Príncipe de Asturias,
pero no estoy seguro porque el mismo día la misma pantalla
de mi televisión me mostraba a Audrey Hepburn buscando
a su gato en Desayuno con diamantes. Así pues ¿Cuál
de los dos era real? Creo que ninguno porque al
rme a la cama nada había cambiado, todo era ficción,
al igual que mis sueños, o menos incluso porque de ellos
me levanto empapado en miedo tras esa caída al vacío
de la que despierto en el último momento. 2006 no ha existido,
eso está claro, y creo que tampoco existirá 2007,
por eso no me preocupa lo que suceda, tal y como mi amigo Carlos
quien ya no es tan original desde que yo, David Barreiro
de Rodríguez, pienso de su misma manera.
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