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En Itálica, El país de las letras inclinadas,
habita el escritor más singular que jamás he conocido
y, sin lugar a dudas, el mayor promotor de la literatura en la historia
de este pequeño y escarpado país. Su nombre no es
otro que Piotr Vincelle y se consagró en la narrativa por
una serie de extraordinarias novelas que se caracterizaban porque
podían ser leídas comenzando indistintamente por la
primera o la última página -debido en gran parte a
que sólo constaban de una sola-. Pero, además de su
indiscutible categoría como escritor, Piotr Vincelle diseñó
algunos de los artilugios que más han incitado a la lectura
en Itálica en las últimas décadas tales como
las pinzas parpadianas que mantienen los ojos abiertos de los lectores
encamados o los ventiladores pasapáginas que, una vez regulados
a gusto del consumidor, permiten avanzar en la lectura pudiendo
dedicar las manos para otros menesteres -el bricolaje, el onanismo
o la calceta por citar los más habituales según los
sondeos-. De este invento se vendieron en la última edición
de la Feria de Muestras de Itálica una cantidad ingente de
ejemplares que Vincelle concretó a su modo metafórico
y apocalíptico:
- Si los conectan todos a la vez, viviremos la mayor ventisca de
la historia.
Pero, sin lugar a dudas, la mayor contribución a la literatura
de Piotr Vincelle ha sido su ardua dedicación a los prospectos
de los medicamentos, un género que, en su opinión,
siempre padeció cierta desidia creativa. Prueba de su labor,
es la posología de unos comprimidos ideados para el dolor
de cabeza y sus efectos secundarios que desde ayer mismo se venden
en todas las farmacias de Itálica. Dice así: “Muérdelo,
como el pasado revuelto, como el futuro incómodo que es el
porvenir, el gris detalle de una caída, la bulba raquítica
de tus sueños frustrados. Trágalo, con la ayuda del
agua que has sido, del tiempo extinguido, de las mañanas
tibias de abril. Repítelo si lo necesitas, vuelve a él,
pero no demasiado, porque el dolor puede tornarse más oscuro
aún y llegará entonces a la carretera sinuosa que
son tus intestinos”.
Otro día les hablaré de otros curiosos personajes
de Itálica, como Marguerite Dubois, la empresaria que dedicó
los ahorros de toda una vida a la creación de un Centro No
Comercial con su nombre, un espacio de 12.000 metros cuadrados donde
se puede hacer cualquier tipo de actividad excepto la compraventa
de bienes. Lleva en funcionamiento doce años. Aún
no ha entrado nadie..
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