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Madrid, miércoles 7 de marzo o de 2007

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Hombres y mujeres de Itálica

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En Itálica, El país de las letras inclinadas, habita el escritor más singular que jamás he conocido y, sin lugar a dudas, el mayor promotor de la literatura en la historia de este pequeño y escarpado país. Su nombre no es otro que Piotr Vincelle y se consagró en la narrativa por una serie de extraordinarias novelas que se caracterizaban porque podían ser leídas comenzando indistintamente por la primera o la última página -debido en gran parte a que sólo constaban de una sola-. Pero, además de su indiscutible categoría como escritor, Piotr Vincelle diseñó algunos de los artilugios que más han incitado a la lectura en Itálica en las últimas décadas tales como las pinzas parpadianas que mantienen los ojos abiertos de los lectores encamados o los ventiladores pasapáginas que, una vez regulados a gusto del consumidor, permiten avanzar en la lectura pudiendo dedicar las manos para otros menesteres -el bricolaje, el onanismo o la calceta por citar los más habituales según los sondeos-. De este invento se vendieron en la última edición de la Feria de Muestras de Itálica una cantidad ingente de ejemplares que Vincelle concretó a su modo metafórico y apocalíptico:


- Si los conectan todos a la vez, viviremos la mayor ventisca de la historia.
Pero, sin lugar a dudas, la mayor contribución a la literatura de Piotr Vincelle ha sido su ardua dedicación a los prospectos de los medicamentos, un género que, en su opinión, siempre padeció cierta desidia creativa. Prueba de su labor, es la posología de unos comprimidos ideados para el dolor de cabeza y sus efectos secundarios que desde ayer mismo se venden en todas las farmacias de Itálica. Dice así: “Muérdelo, como el pasado revuelto, como el futuro incómodo que es el porvenir, el gris detalle de una caída, la bulba raquítica de tus sueños frustrados. Trágalo, con la ayuda del agua que has sido, del tiempo extinguido, de las mañanas tibias de abril. Repítelo si lo necesitas, vuelve a él, pero no demasiado, porque el dolor puede tornarse más oscuro aún y llegará entonces a la carretera sinuosa que son tus intestinos”.


Otro día les hablaré de otros curiosos personajes de Itálica, como Marguerite Dubois, la empresaria que dedicó los ahorros de toda una vida a la creación de un Centro No Comercial con su nombre, un espacio de 12.000 metros cuadrados donde se puede hacer cualquier tipo de actividad excepto la compraventa de bienes. Lleva en funcionamiento doce años. Aún no ha entrado nadie..

 

 
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