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La sede central de Correos y Telégrafos de Itálica
está ubicada en un edificio que comenzó a construirse
en 1746 y concluyó de manera abrupta en el verano de 1789
coincidiendo con el inicio de la Revolución Francesa. En
cuanto los albañiles, fontaneros e incluso el arquitecto
conocieron lo que sucedía en la lejana Francia apearon yunques,
tubos y cartabones hastiados de seguir las directrices regias y
atravesaron valles y montañas en busca de ese recóndito
lugar llamado democracia.
Este edificio inacabado es, sin duda, el más bello de Itálica,
a pesar de que una de las torres solo levante siete metros del suelo
debido a que los sucesivos gobiernos y oposiciones de El país
de las letras inclinadas no lograron ponerse de acuerdo en cuanto
a su construcción definitiva.
Sin embargo, para los miles de turistas que cada año visitan
este templo de la mensajería, nada cautiva más la
atención que la estatua que se yergue a unos metros de la
entrada principal. A primera vista, no se trata de algo extraordinario:
la imagen de una mujer a tamaño natural, sentada en una silla
ergonómica con los brazos cruzados sobre el pecho. Es la
leyenda de dicha estatua y el hecho de que lo que en ella se cuenta
sucediera realmente lo que le confiere el carácter de mito
para los visitantes.
La leyenda dice así
“En esta postura, con los brazos en cruz sobre un jersey granate
de punto falleció la auxiliar administrativo Pilar
Grazna Baudes tras doce días sin moverse y sin que
ninguno de sus compañeros ni clientes en la estafeta hallara
motivos para la sospecha en su quietud. A muchos extrañó
que Pilar fuera la primera en llegar cada mañana y la última
en irse cada tarde, pero no pensaban que la causa hubiera sido la
mismísima muerte. Aquí, para la eternidad, descansa
Pilar Grazna Baudes, del mismo modo en que vivió desde que
aprobó su oposición, de brazos cruzados”.
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