|
Si Itálica, El País de las Letras Inclinadas,
es un avispero de triunfadores sin parangón en el resto del
mundo no es por una cuestión genética ni climática
a pesar de que sus habitantes tengan la limpia hermosura de la inteligencia
y que el sol haya transformado en adobe la piedra caliza de sus
edificios y el viento del sur peine a raya los maizales cada atardecer.
La razón de que, si no la creatividad o la erudición,
sí el éxito social y la opulencia hayan anidado en
este país es la aportación de la Universidad de La
Almendra, conocida así por el extraño sabor a fruto
seco en salazón de sus paredes.
En La Almendra no se pueden cursos algunos estudios típicos
de otras universidades como Ciencias de la Información, Arquitectura
o Veterinaria, sino otros tan distintos de éstos como, sin
lugar a dudas, garantes del éxito en nuestra sociedad.
La semana pasada fui a La Almendra para documentarme y poder escribir
esta columna y, tras dar un par de lametazos a una columna gótica
del claustro, leí el programa de una asignatura de la Licenciatura
en Secretos y Mentiras que creo resume a la perfección el
espíritu de esta institución.
Esto fue lo que vieron mis ojos:
“Asignatura: La falsedad en nuestra vida cotidiana.
Objetivo: Desde un enfoque práctico, se tratará de
que el alumno sea capaz de mentir sin variar un ápice los
gestos de su cara ni el color de su piel. Para ello se analizarán
videos de los políticos europeos -por acotar en algún
lado- actuales y se tratará de aplicar sus técnicas
al quehacer cotidiano, ya sea en el hogar, en la oficina o ante
el párroco correspondiente.”
Ponentes: Congresistas ociosos de España hartos de discutir,
reírse y dormitar en el parlamento.
Dirigido a: Arrendadores de pisos, periodistas de grandes grupos
de comunicación, políticos en ciernes y seleccionadores
nacionales de fútbol.
Abstenerse: Alcohólicos y niños.”
|