|
Para alguien que sucumba a la tentación de visitarlo, es
necesario aclarar una de las principales características
de El País de las Letras Inclinadas: Itálica engaña.
Cierto es que la cordillera de piedra caliza que separa este humilde
país de su vecino del norte tiene la apariencia de una pared
vertical solo apta para versados en la escalada, pero no lo es menos
que basta un poco de agua y paciencia para llegar caminando a cualquiera
de sus cumbres.
Así es Itálica, un lugar al que, hasta el momento
en que escribo estas palabras, nadie ha llegado voluntariamente:
- Es un país de paso - afirma Jon Garrick de esta modesta
nación confirmando con sus palabras lo que tratamos de explicar,
ya que llegó una mañana de febrero veinte años
atrás peregrinando hacia Santiago de Compostela y nunca volvió
a salir de sus fronteras.
En Itálica, nada es lo que parece y prueba de ello es la
historia del célebre cartógrafo belga Vidal Sasún.
Como otros muchos, llegó a Itálica sin saberlo en
1574 procedente de Amberes, entonces capital mundial de la cartografía.
Tras años de proyectar mapas de ciudades, condados y países
de toda condición, ya en las postrimerías de su vida,
había decidido retirarse a descansar a orillas del mar Caspio.
Fue en ese viaje hacia el abandono cuando pasó por El país
de las letras inclinadas y quedó prendado de sus montes aciculares,
sus frondosos bosques, su costa sinuosa. Le pareció un lugar
tan llamativo y, a la vez, tan cercano, que decidió quedarse
para elaborar un mapa sin precedentes en la historia de la cartografía,
una obra de arte que pondría el broche a una vida dedicada
a dicha ciencia.
|