Todo comenzó hace unos años cuando
descubrí (tarde y mal, lo sé) a Raymond Chandler.
No tardé en leer toda su obra y la de algunos otros maestros
del género negro (Hammett, Block, Haynes
etc) para comprender que ésa era la literatura que yo quería
hacer. Como aún era joven y voluntarioso, dediqué
los meses siguientes a una novela que terminé una tarde de
primavera con la certeza de haber escrito una obra maestra. Lluvia
roja, se titulaba. No intenten buscarla. La envié a
las editoriales más prestigiosas sin respuesta alguna. Tampoco
en las más humildes. Pasó el tiempo y se fue cubriendo
de polvo, hasta hoy, que duerme junto a otras novelas hermanas en
el cajón de mi mesilla de noche. Pero yo no he venido aquí
a hablar de mi libro.
Esta breve introducción tiene como objetivo ponerles en antecedentes
para que entiendan por qué desde entonces presto especial
atención a las novelas, series y colecciones de género
negro que aparecen en el mercado. Hace unos meses me sorprendí
una mañana al ver un inmenso panel publicitario que anunciaba
la novela Sucedió en el ave, de un tal Víctor
Saltero, publicada en la editorial –totalmente desconocida
para mí- Imser Siglo. Llegué al trabajo, busqué
en Internet y observé que casualmente buscaban un director
de comunicación para la editorial. Puesto que soy periodista,
amo la novela negra y la editorial está en la calle Sagasta
de Madrid, a un palmo de mi casa, les envié mi CV. No obtuve
respuesta. Pero ya estoy demasiado acostumbrado a esos desplantes
empresariales y me olvidé de ellos en ese aspecto. Sin embargo,
pasé el resto del día preguntándome ¿qué
sucedería en el AVE?
Esa misma tarde entré en la Casa del Libro de la calle Fuencarral
para descubrirlo. Sucedió en el AVE poblaba las
estanterías y góndolas de le librería. Cogí
un ejemplar y leí la primera página. Me quedé
de piedra. ¿Qué coño era eso? ¿Quién
podía escribir tan mal? ¿Cómo podía
alguien publicar a un escritor así? Me quedé esperando
a que alguien me respondiera y ese mismo jueves Rafael Reig
en El Cultural se preguntaba lo mismo con su talento
habitual.
Desde entonces, Víctor Saltero ha perpetrado El amante
de la belleza y Desde la ventana, con un éxito
de ventas absoluto. Al parecer, se sospecha que el autor es un empresario
con inquietudes
literarias que extiende su campaña de marketing a marquesinas,
contraportadas de suplementos culturales, paneles en el metro y
spots de radio. También en distintos foros de opinión
donde, curiosamente, unos
y otros
se mimetizan sospechosamente.
Así está el mercado, queridos lectores, editores sin
crédito que empapelan la ciudad con una obra rancia y sin
calidad, libros necios que la gente compra porque mire a donde mire
se los encuentra en su librería favorita. Uno ya no sabe
en qué creer. Afortunadamente, siempre puede descubrir (tarde
y mal, lo sé) a Josep Pla abandonado en
una esquina de esa misma librería y reconciliarse con ese
regalo inagotable que es la literatura.
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