| La edad de oro de Hollywood no podría
entenderse sin un hombre de hojalata, un actor que jamás
salió en una película pero guardó de la inspiración
y el estado de ánimo de alguno de sus colegas inolvidables.
Era la época de los grandes estudios y Ernest Dealey vagaba
por los platós de la Warner enlazando unos rodajes con otros
con la esperanza de demostrar algo que desde pequeño le habían
dicho siempre su madre y sus hermanas en su casita de Oregon: “Ernie,
tú has nacido para la escena. Pero de momento pon la mesa”.
Corría el año 1945 y Dealey aterrizó en "Tener
y no tener" con el guión comprado en un mercadillo de
Melrose Avenue. De hecho, era la primera versión y muchas
de las frases que el pobre Dealey se había aprendido, nunca
se rodaron. Sin embargo, debido a su insistencia y a las buenas
migas que hizo con Bogart, Hawks decidió darle un pequeño
papel, un par de frases a mitad de película que Dealey declamó
como si en ello se jugara la vida. Dicen que se excedió tanto
en el tono que a Bogart le entraba la risa cuando debía darle
réplica y finalmente la escena se suprimió en la sala
de montaje.
Dealey ni siquiera fue invitado al estreno y cayó en una
profunda depresión de la que se curó a base de whisky
y silencio. Así se lo encontró Humphrey, borracho
y callado, durante el rodaje de Cayo Largo. Para entonces, Dealey
había bajado tanto en el oficio que se encargaba de sujetar
la claqueta y apagar las luces al final de la jornada. Bogart sintió
lástima por él y después de un par de copas
tuvo una de esas ideas que están reservadas a los genios.
Decidió que Dealeyy actuaría en los interminables
descansos de las películas para entretener a los actores
protagonistas. Así fue como Ernest Dealey se hizo famoso
interpretando obras de Shakespeare y Víctor
Hugo ante la mirada etílica de un Humphrey
Bogart que después de cada obra siempre le decía:
- Ojalá pudiera actuar como tú, Ernest.
Y Dealey, ufano, sonreía y pensaba, sin decirlo: "nunca
lo conseguirás con esa voz de pato, amigo".
|