14 de enero de 2008
Hojalata

La edad de oro de Hollywood no podría entenderse sin un hombre de hojalata, un actor que jamás salió en una película pero guardó de la inspiración y el estado de ánimo de alguno de sus colegas inolvidables. Era la época de los grandes estudios y Ernest Dealey vagaba por los platós de la Warner enlazando unos rodajes con otros con la esperanza de demostrar algo que desde pequeño le habían dicho siempre su madre y sus hermanas en su casita de Oregon: “Ernie, tú has nacido para la escena. Pero de momento pon la mesa”.

Corría el año 1945 y Dealey aterrizó en "Tener y no tener" con el guión comprado en un mercadillo de Melrose Avenue. De hecho, era la primera versión y muchas de las frases que el pobre Dealey se había aprendido, nunca se rodaron. Sin embargo, debido a su insistencia y a las buenas migas que hizo con Bogart, Hawks decidió darle un pequeño papel, un par de frases a mitad de película que Dealey declamó como si en ello se jugara la vida. Dicen que se excedió tanto en el tono que a Bogart le entraba la risa cuando debía darle réplica y finalmente la escena se suprimió en la sala de montaje.

Dealey ni siquiera fue invitado al estreno y cayó en una profunda depresión de la que se curó a base de whisky y silencio. Así se lo encontró Humphrey, borracho y callado, durante el rodaje de Cayo Largo. Para entonces, Dealey había bajado tanto en el oficio que se encargaba de sujetar la claqueta y apagar las luces al final de la jornada. Bogart sintió lástima por él y después de un par de copas tuvo una de esas ideas que están reservadas a los genios. Decidió que Dealeyy actuaría en los interminables descansos de las películas para entretener a los actores protagonistas. Así fue como Ernest Dealey se hizo famoso interpretando obras de Shakespeare y Víctor Hugo ante la mirada etílica de un Humphrey Bogart que después de cada obra siempre le decía:
- Ojalá pudiera actuar como tú, Ernest.

Y Dealey, ufano, sonreía y pensaba, sin decirlo: "nunca lo conseguirás con esa voz de pato, amigo".

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"Un guionista zurdo y fracasado que enjuaga sus penas en un bar de Chicago, la pareja que comparte los silencios en el sofá después de un viejo día en la oficina, un pianista prodigioso que malgasta su vida como crupier en un casino de provincias, una femme fatale que padece dislexia en los momentos de excitación o un detective que llega a Madrid huyendo de su propia novela".


David Barreiro
Periodista