| Es lunes y Madrid despierta turbia
y huidiza, con una lluvia fina y diagonal que abre paraguas, recupera
capuchas y atasca la M-30 de conductores solitarios que se enfrentan
a una nueva semana maldiciendo su desdicha a un locutor de radio
en plena campaña electoral.
Es lunes y Madrid amanece gris y ventosa, pero Marga no lo sabe
porque ya está en el metro, recostada en un sueño
de otro tiempo, la noche, y estirando esas siete paradas que la
distancian del instituto donde a segunda hora le espera un examen
de inglés que ahora repasa entre legañas y abrigos.
Es lunes y Madrid sigue siendo esa ciudad que alberga las ilusiones
y caídas, que observa a una chica ya no niña ni mujer
entonado la lista de verbos irregulares sin entender más
allá de esos versos sincopados que quizás no signifiquen
nada y que cuando termine el examen ya no recordará.
Forget – forgot - forgotten
Es lunes y ya no llueve en Madrid cuando Marga sale del metro cargada
con dos mochilas porque hoy toca gimnasia y es entonces cuando ve
el cielo ya deshinchado y la lluvia ya postrada en la acera y siente
que ante ella se abre un día nuevo que no es el mismo día
que me espera a mí, un lunes viejo y chocho, loco de estulticia
y rencor, un lunes cargado de presente en el que ya no habita la
ilusión que acogen los ojos de Marga ni ese miedo que embargará
su corazón acelerado en el vuelo de última hora sobre
el potro del que caerá de pie y sonriente, no como yo, ya
con las rodillas hinchadas y vencidas de tanto arrastrarme por otros
lunes tan iguales a éste que ahora escribo.
Fall – fell – fallen.
|