18 de febrero de 2008
Morir

Estoy escribiendo una novela. No llevo mucho tiempo con ella pero sí el suficiente para saber que me ha atrapado. Desde hace semanas pienso como sus personajes, vivo en sus casas, trabajo en sus oficinas, tengo sus mismos problemas.

Por más que lo intente, no consigo despegarme de ella y cada conversación que escucho, cada línea que leo, cada recuerdo que me llega del pasado, tiene relación con ella.

Ya no estoy para nadie. No sé cómo explicarlo. Imagino que será una sensación parecida a la que experimentan los actores cuando crean un personaje. En cierta medida, dejan de ser ellos mismos. Es la misma obsesión que tienen algunas personas cuando no consiguen aprobar el carné de conducir o entran en un círculo vicioso de reformas en su casa.

Estoy escribiendo una novela, digo, que no sé adónde irá. Lo más probable es que su destino sea el buzón de elementos no leídos del correo electrónico de un amigo, o el cajón de la mesilla de noche, o bajo la pata de esa mesa apolillada y coja que no acabo de tirar porque le tengo tanto cariño.

Estoy escribiendo una novela, repito, y cada palabra que dejo sobre el papel sé que ya no me pertenece, que ya la he perdido para siempre.
Porque escribir es, sobre todo, destruirse, morir.

Relatos posindustriales.
El nuevo libro de David Barreiro.
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"Un guionista zurdo y fracasado que enjuaga sus penas en un bar de Chicago, la pareja que comparte los silencios en el sofá después de un viejo día en la oficina, un pianista prodigioso que malgasta su vida como crupier en un casino de provincias, una femme fatale que padece dislexia en los momentos de excitación o un detective que llega a Madrid huyendo de su propia novela".


David Barreiro
Periodista