3 de marzo de 2008
Amanece

La luz mineral de los instantes previos al amanecer merma las pupilas de Marta, enrojecidas tras varias horas de humo y alcohol, después de varias semanas de leer los apuntes fotocopiados de Isabel, la aplicada alumna de la primera fila cuya inteligencia sólo es comparable a su mala letra.

Marta ancla sus meñiques a los meñiques de Marcos, el chico del que está enamorada y a quien se agarra esta mañana de viernes en que el repartidor de periódicos deja tras la cancela las noticias de este día soleado y frugal de mediados de febrero. Ambos se regalarán los últimos besos con sabor a garrafón y se retirarán entre bostezos a dormir en sus residencias universitarias. Caminarán con la cabeza protegida del sol tibio pero pertinaz de la mañana, en dirección contraria al resto de la gente que abre tiendas, bufetes y agencias de seguros, que lucha por un porvenir que no llegará.

Es el amor con todas las letras y consecuencias: con el acaloramiento, las prisas y la diarrea. Es el amor puro y chabacano, la calderilla en los bolsillos de los vaqueros y los zapatos encharcados no de la lluvia bajo la que aún no se han besado sino del agua del servicio de limpieza del ayuntamiento.

Aún compartirán muchas noches de colas y arritmias en los bares de la ciudad de piedra, algunos cafés cargados, varios exámenes y un par de discusiones al uso: tu silencio ahoga, mis lágrimas no te pertenecen.

Aún no lo saben, pero años después recordarán aquel amanecer apagado, los periódicos con la historia de aquel día que los demás olvidaron para siempre y la voz ronca de una noche plagada de promesas que se rompieron meses más tarde pero aún permanecen como el último gesto puro de dos vidas que, poco tiempo después, comenzaron a girar en dirección contraria y les abocaron al otro lado de la calle donde hoy abren sin tiempo para bostezar tiendas, bufetes y agencias de seguros.

Relatos posindustriales.
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"Un guionista zurdo y fracasado que enjuaga sus penas en un bar de Chicago, la pareja que comparte los silencios en el sofá después de un viejo día en la oficina, un pianista prodigioso que malgasta su vida como crupier en un casino de provincias, una femme fatale que padece dislexia en los momentos de excitación o un detective que llega a Madrid huyendo de su propia novela".


David Barreiro
Periodista