| Los fines de semana no escucho la
radio, veo la televisión ni leo los periódicos. A
veces echo una ojeada a los suplementos dominicales pero, cuando
termino de leer un reportaje, pienso ¿no será publicidad?
Luego descubro que sí: que esa exposición fotográfica
es de un redactor del periódico al que va adosado el suplemento,
que la película de la que hablan ha sido producida por ese
grupo mediático y que, ¡ah sorpresa! ese magnífico
escritor al que han entrevistado acaba de sacar un libro en la editorial
hermana.
Así que, directamente, paso.
En cuanto a la información, sobrevivo sin ella y la sustituyo
por una película, una novela o ver caras en las nubes.
Cuando llego el lunes al trabajo, me doy cuenta de que no ha pasado
nada. Las palabras de Rajoy, por mucho que se empeñen
en la SER, no van a derrumbar Génova, ni el nuevo gobierno
está ya en crisis por mucho que escriban en El Mundo.
Todo seguirá igual y, entonces me pregunto ¿para qué
escucho ocho horas de radio, veo el informativo por la noche, hojeo
un par de periódicos todos todos todos los días laborables?
Creo que ya sé la respuesta.
Mañana lo dejo.
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