28 de abril de 2008
Verano

Mi padre murió el día que yo cumplí siete años y medio. Estaba sentado junto a mí en el salón repasando las esquelas del periódico. Le gustaba hacerlo después de comer, mientras yo leía la sección de deportes sentado a sus pies. Era verano, una de esas tardes de mierda en mitad de agosto, en Madrid. En el edificio no había nadie, todos se habían ido de vacaciones a la playa o al pueblo. Nosotros no teníamos dinero y toda mi familia era de Madrid, así que bajábamos la persiana y nos quedábamos en casa todas las vacaciones. Para mí, aquellas semanas encerrado, en penumbra, aislado del resto del mundo, era una suerte de espionaje que aportaba misterio a cada rincón de la casa. No debía pensar lo mismo mi padre que leyó:
- Ceferino Menéndez Apio. Cuarenta y cuatro años. Hay que joderse. Mi edad.
- Por desgracia no eras tú – mi madre estaba sentada en el taburete blanco de la cocina, descansando después de haber fregado los platos de la comida. Allí le gustaba relajarse con unos tragos de aguardiente. A veces, esos tragos se prolongaban hasta la noche y, entonces, mi padre decía:
- Hoy cenamos fruta.
Cuando escuchó las palabras de mi madre, vocales arrastradas, consonantes derribadas, mi padre dejó caer el periódico, se levantó, me dio un beso en la frente y se fue.
No volvimos a verle.
Durante el resto de la semana, yo cené fruta y mi madre aguardiente.
A los diez días, sonó el timbre. Era Mariflor, la vecina del quinto, para preguntarnos qué tal lo habíamos pasado en las vacaciones y contarnos lo que habían hecho ellos en Torrevieja.
-No ha estado mal, hip – dijo mi madre – aunque Julián ha muerto.
- ¿Cómo dices?
- Sí, se lo llevó una ola, en Torremolinos. Pero lo superaremos, ¿verdad cariño?
Mi madre me dio un beso en la frente. Un beso arrastrado y derribado.
Aquel día cenamos tortilla de patata.

Relatos posindustriales.
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"Un guionista zurdo y fracasado que enjuaga sus penas en un bar de Chicago, la pareja que comparte los silencios en el sofá después de un viejo día en la oficina, un pianista prodigioso que malgasta su vida como crupier en un casino de provincias, una femme fatale que padece dislexia en los momentos de excitación o un detective que llega a Madrid huyendo de su propia novela".


David Barreiro
Periodista