| Con la dulce sensación de que
el pasado regresa para quedarse, de que el lábil quehacer
cotidiano se desmorona ante la fortaleza de los sentimientos hace
tiempo olvidados, los sportinguistas vivimos, atenazados entre los
nervios y la esperanza, el sueño de volver a Primera División.
El Sporting es mucho más que un equipo de fútbol,
del mismo modo que El Molinón, hoy avejentado y marchito,
es mucho más que un estadio. Son paisajes de la infancia,
símbolos perennes de otra época: el olor de la hierba
húmeda, el sonido del golpeo del balón, el murmullo
que recorre las gradas por ese chaval que, dicen, asombra a los
habituales de Mareo.
Gijón no se entiende sin el Sporting, sin un Sporting digno
de esa afición que ha bañado ciudades españolas
en su marea de esperanza.
Queda muy poco: un paso, un punto.
Lo conseguiremos.
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