| Sí, voy a hablar de fútbol,
pero no de la selección española, a pesar de que tengo
mucho que decir después de una semana de discutir contra
vientos y mareas pesimistas que pronosticaban una derrota ante Italia.
“Como siempre”, “jugaremos mejor y perderemos”,
“nos iremos para casa”, y otros comentarios sin ningún
argumento fubolístico.
Pero no, voy a hablar de la irrupción en esta Eurocopa de
un jugador para el recuerdo, uno de esos futbolistas que se elevan
por encima de la media porque atesora algo más que fútbol.
Es Arshavin, el 10 de Rusia, un futbolista espectacular. El mejor
de esta Eurocopa y el mejor que he visto en los últimos años.
Hacía mucho que no llegaba del frío (ni de ningún
otro lugar) un futbolista total: el clásico 10 que toca,
quita, da en largo y corto, centra, remata y domina todos los registros
del partido. Quizás no tiene el cambio de ritmo de Cruyff,
el regate de Maradona, el oportunismo de Baggio o la clase de Zidane,
pero es un futbolista impagable. Conoce los fundamentos del juego
como nadie, sabe lo que debe hacer en cada momento y lee el partido
como si no estuviera dentro de él. Sabe cuando debe pisar
el acelerador, cuando frenar, cuando perder tiempo, cuando ganarlo.
Es el futbolista total, dueño del balón, el jefe.
Es el 10 ideal, el número que hace grande a este deporte.
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