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Raúl
del Pozo |
César González Ruano se negaba a escribir
comedia, y sobre todo a estrenar, porque según él los
que nunca han tenido oportunidad de patearte un artículo
aprovechan la ocasión para hacerlo con la comedia. Pero
eso era antes, cuando no existían la Red ni los digitales;
ahora arrastran tu ego de columnista con las mulillas
del desprecio.
Hay una grada del siete, un piquete de exaltados, un retén
sádico del sabio pueblo español que te zarandea por los
blogs y los chats. No es que uno sea
masoca ni que escriba para que lo insulten, pero habrá
que auscultar qué está pasando en España para que te tiren
a dar, en cuanto sacas la cabeza, los francotiradores
tribales.
El asunto que más cólera suscita es la postura que adopte
el columnista respecto al Gobierno porque José
Luis Rodríguez Zapatero también provoca una radical
división de opiniones en el rodal conservador. Hay quien
piensa que vivimos las bocanadas de esta corrupción coronada
por una política confusa, débil, sin principios, de Zapatero.
El hispanista Stanley Payne ha dicho,
y por su boca suele hablar la sabiduría: «Este es el Gobierno
más débil de la democracia». Según algunos analistas de
los últimos días de Pompeya, a la debilidad se añade la
confusión, el síndrome de Estocolmo con los secesionistas,
la imprevisión, la frivolidad... A esa mayoría que dicen
silenciosa y que en vez de pensar echa espuma por la boca,
Zapatero le provoca crispación.
Los ricos, los banqueros que tan felices eran con Felipe
González, cuando comprobaron avant la lettre
la mansedumbre y la codicia de Slim, están angustiados
con este nietísimo de masón, anticlerical, de tercermundismo
zen, antiglobalizador, mosquito, que quiere casar a los
gays en la catedral de León.
Con su lucidez anticipadora, de conspirador, Luis
María, lector de Gamoneda y de San Juan, llega
a escribir: «Arde el Régimen del 78». Los más rudos le
dicen gilipollas al presidente y los más moderados dan
por hecho que el País Vasco y Cataluña van a dejar el
mapa que teníamos en las escuelas de las estufas de leña.
Pero a lo que iba. Si el columnista, por militar en la
incertidumbre y descansar sobre los casquetes de todos
los dogmatismos de carbonero, escribe que el presidente
del Gobierno es un radical de izquierdas que intenta mirar
a la grada de sol, donde tal vez tenga el mayor apoyo
que ha tenido presidente alguno, si se atreve a pensar
que ha llegado a palacio el político más de izquierdas
desde la república, entonces te machacan, te pasean por
las cunetas de La Red. A mí han llegado a llamarme en
el mismo memorial de insultos esbirro de Aznar
y polanquista, que es como llamar cuáquero al
destripador.
Los que no se atreven a patearte en el bar te arrastran
por las cunetas de la Red. Escribir estos días es pasear
entre un guateque de panteras. Pero, ya se sabe, peor
es trabajar. Publicado en El Mundo, 1
de febrero de 2005. |