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A.
Chinchetru |
Las bitácoras españolas están lejos de suponer una amenaza
para los medios tradicionales. Hace tiempo un tipo de
Buenos Aires con gran sentido del humor y una no menor
dosis de capacidad crítica hacia sus compatriotas me contó
un chiste que desde entonces he vuelto a oír en numerosas
ocasiones. Este preguntaba sobre cuál es el mejor negocio
del mundo, cuestión cuya respuesta era "comprar un argentino
por lo que valor real y venderlo por lo que él cree que
vale". Dicho chiste resulta del casi del todo cierto si
se cambia la palabra "argentino" por "autor de una bitácora".
Efectivamente, uno de los pecados más generalizados en
la blogosfera (la parte de Internet formada por
miles de bitácoras personales y colectivas) española es
la sobrevaloración de uno mismo y del conjunto de las
bitácoras. El otro, e íntimamente ligado al anterior,
es el ombliguismo.
Sin duda las bitácoras hace tiempo que pasaron de ser
algo nuevo a convertirse en un formato ya afianzado en
la Red. Sin embargo, dista mucho de ser un fenómeno de
masas y su influencia sobre el conjunto de la sociedad
es más bien poca. Esta realidad no impide que se escriban
largos textos –e incluso se dicten conferencias– en los
que se asegura que los blogs suponen una alternativa real
a los medios tradicionales (incluyendo entre estos a los
periódicos exclusivamente on line) o que son
los que han generado determinados estados de opinión pública.
Tampoco es raro leer o escuchar que los weblogs
han puesto en la agenda de actualidad tal o cual cuestión.
Nada más lejos de la realidad, al menos en España. Eso
es simplemente sobrevalorar lo que uno hace a través de
su bitácora (normalmente siempre se habla de la influencia
cuando se trata de un tema sobre el que uno ha escrito)
y exagerar la importancia de las bitácoras. Se trata de
una expresión desmedida del ego personal y, si existe
algo parecido, del colectivo. La influencia de un blogs,
o de muchos de ellos combinados, sigue siendo mínima,
y su contenido tan sólo consigue relevancia cuando un
medio tradicional se hace eco de su contenido. Las bitácoras
realmente influyentes son aquellas que son leídas con
asiduidad por los periodistas y otros creadores de opinión
de un país, y esas en España no existen.
El ombliguismo está directamente relacionado con la cuestión
anterior. El número de referencias de unas bitácoras a
otras es altísimo, muy superior al de enlaces a periódicos
y otro tipo de páginas informativas. Los blogs
españoles se retroalimentan con una gran efectividad,
puesto que se citan de forma constante creando una agenda
propia reducida a un número ínfimo de internautas. Esto
se debe a que, además, gran parte de lectores de weblogs
son a su vez autores y a que muchos de ellos (tanto los
que disponen de su propio blog como aquellos
que no lo tienen) suelen limitar su navegación por la
blogosfera a un número muy limitado de bitácoras.
Aunque la blogosfera "oficial" (si se puede denominar
así a quienes se han auto-erigido en portavoces, analistas
y "gurús" del mundo bitacorero español, y de clara mayoría
de izquierdas) pretenda lo contrario, las bitácoras españolas
están lejos de suponer una amenaza para los medios tradicionales.
Cierto es que un sector alejado del "oficial" ha conseguido
cierta relevancia, pero está lejos de ser un contrapoder.
Se trata del grupo de bitácoras
liberales y otras también de derechas. Y eso se debe
a que resulta molesto
a algunos y a otros les permite encontrar algo que
se sale del discurso dominante. Publicado
en Libertad Digital, 8 de octubre de 2004. |