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Alfredo
Martín-Gorriz |
Alfredo Martín-Gorriz (septiembre de 1974). Periodista
de pacotilla, me estoy quitando pero no me dejan. Trabajo
para diversos medios locales de Córdoba, tanto
televisión como diarios o revistas. A pesar de
ello estoy en la ruina. Envidio a los bedeles y a los
rentistas de una manera insana y vil.
Mi bitácora es…
Bloc
de Anillas. En principio pensé en
Blog de Anillas, pero no quería un anglicismo
en el título. Surge de una proposición
(nada deshonesta) realizada por Guillermo López,
uno de los responsables de La
Página Definitiva, lugar que leía
frecuentemente y cuyo sentido del humor me encantaba.
A partir del verano de 2003 mandé una serie de
colaboraciones allí, en gran parte espoleado
por el lema de su correo “Escríbenos si
tienes huevos” (soy muy español y no pude
contenerme). Al cabo de unos meses me ofrecieron tener
un sitio en la sección
de bitácoras que habían
puesto en marcha. Como el objetivo de mi vida es dar
los menos palos al agua posibles, y eso pasa necesariamente
por conseguir un puesto de columnista al carecer de
habilidades prácticas o talento útil,
pensé que sería una excelente plataforma
para que Pedro J. o el director de El País me
llamasen de una vez por todas. Ya están tardando.
Y no me conocen mosqueado.
Actualizo…
Trato de mantener un ritmo superior al de un artículo
por semana y llegar a unos seis o diez al mes, tanto
por respeto a La Página Definitiva, que acoge
como huésped a mi rinconcillo parásito
y me surte de lectores, como por una cuestión
de oficio: está claro que escribir con frecuencia
te lleva a conseguir un estilo propio y una nota mínima
de suficiente. Me explico. Si te prodigas poco conseguirás
publicar –según la capacidad de cada uno-
post sobresalientes, pero también muchos suspensos
e incluso muy deficientes. Cuando coges un cierto ritmo
llegas a adquirir un nivel que te permite, como mínimo,
aprobar siempre (a ojos propios al menos).
¿Cuál es tu voz, tu posición ante los temas?
¿Seudónimo o a cara descubierta?
Intento tratar cuestiones de actualidad con sentido
del humor, unas veces absurdo y surrealista, otras irónico,
otras satírico… en ese aspecto procuro
variar el tono. A veces intercalo artículos que
no están relacionados con la actualidad, opiniones
sobre asuntos cotidianos, pero evitando la cantinela
de diario intimista y sentimental gracias, de nuevo,
a una perspectiva humorística. Lo que unos llamarían
osadía, otros poca vergüenza y algunos idiocia,
me ha llevado recientemente incluso a publicar una especie
de chistes gráficos que he llamado cutreñetas,
ya que no tengo ni idea de dibujar (suspendía
plástica y pretecnología). Pero si escribo
de lo que sea sin tener el más mínimo
conocimiento… ¿qué me impide adentrarme
en el mundo de la viñeta por un pequeño
problema de incapacidad absoluta?
Firmo con mi nombre abreviado, Alfredo M-G, y los artículos
de La Página Definitiva con el nombre completo.
Lo de la abreviatura no sé por qué es,
ya venía así de “fábrica”
con eso del Movable Type, puesto que soy un inútil
informático y me dieron todo hecho desde Valencia,
donde se encuentra la “central” de dicha
página. De todas formas creo que los seudónimos
permiten escribir en muchos casos con la libertad que
sería impensable sin ellos, en otras posibilitan
realizar experimentos literarios. Están bien
como herramienta a veces, pero tienen sus inconvenientes,
casi siempre de reconocimiento a una labor, incluso
pueden afectar a la credibilidad del que escribe o terminar
cansando a los lectores, ya que –no sé
por qué motivos- parece que éstos son
más fieles cuando pueden identificarse con alguien
“real”, aunque sea para insultarle. Su abuso
puede afectar al estilo del blogger si alguna vez decide
quitarse la máscara. A lo mejor se ve coartado
por su propio nombre. Resumiendo: todo depende de si
se siguen bien las instrucciones de empleo de motes.
¿Qué opinión te merece el universo bitácora en Internet?
Lo Mejor: Este sistema de publicación gratuito,
inmediato y que permite potenciar el texto con recursos
como fotos, gráficos, dibujos o vínculos
a otros textos posibilita el acceso a la escritura (u
otro campo) de mucha gente con talento. El sistema de
comentarios hace que los lectores puedan aportar mucho
y fomentar el debate. Cualquier estilo tiene su hueco
en una bitácora, desde el haiku hasta el ensayo
sobre una cuestión concreta, pasando por la ficción,
la fotografía, el columnismo, el humor o lo que
sea… funcionan como una imprenta al servicio de
cualquiera y ahora mismo representan la forma más
fácil de evitar la censura propia o ajena. Este
medio también acoge cualquier extensión,
a diferencia de las publicaciones tradicionales. Si
se quiere escribir medio renglón bien, si son
diez mil palabras igual.
Lo peor: Observo por una parte cierto espíritu
de rebaño en muchos bloggers, en el sentido de
que de ellos emana la sensación de pertenecer
a un club selecto, cuando, repito, esto no es más
que un sistema de publicación con bastantes ventajas
en algunos aspectos y muchas limitaciones en otros.
Falta autocrítica y sobra complacencia. Todos
conocemos casos de reputadas y visitadísimas
bitácoras que no son sino refritos, o que se
limitan a poner enlaces o, simplemente, que muestran
un trabajo que sobre el papel jamás tendría
la misma consideración (y normalmente ninguna
consideración). Parece que la novedad del sistema
hace que por el momento sea prestigioso el simple hecho
de utilizarlo. A partir de ahí se genera en muchos
círculos lo que el personaje de El Lobo, de Pulp
Fiction, se vería obligado a zanjar con un “no
nos chupemos las pollas todavía”. Esta
situación se une a otra de carácter técnico.
El enorme número de bitácoras se encuentra
con la carencia de buscadores específicos. Los
directorios resultan insuficientes. Esto genera esa
sensación de “la mayoría de bitácoras
son una basura”. No, señor mío,
lo complicado es hallar aquellas realmente buenas, como
sucede en cualquier campo creativo, sólo que
en este es aún más difícil por
la dimensión del fenómeno.
¿Qué otras bitácoras lees?
Además de las bitácoras de La Página
Definitiva y la de Walter
Aaron perteneciente a Sin Columna (y no es
peloteo), suelo seguir con frecuencia algunas humorísticas,
como Orsai y Juan Dámaso, ambas de Hernán
Casciari, La Decadencia del Ingenio, El Palimpsesto
o el Blog de una Soltera. Del mundillo periodístico
sigo Periodistas 21, Crónicas Bárbaras
o el Blog de Arcadi Espada, también una de ámbito
local (cordobés en este caso): El Perol Sideral.
Aún siendo un negado informático, como
ya comenté antes, a veces me doy un garbeo por
el Librillo de Ramón Buenaventura. También
leo los cuentos de esta Porquería de Guillermo
Fadanelli ¿Puedo saludar? Pues un saludo a Montaña
de Basura, Desde mi Ventana, La Isla Pequeña,
Uno de Astorga y Libertad Analógica. |