Madrid, miércoles 21 de septiembre de 2005

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Salir del armario
EL TELEMOMENTAZO
"Cualquiera de las imágenes del juicio a nuestro particular "doctor muerte", Juan Maeso. ¿Quién es más terrorífico, él o su abogado? Al ver al letrado haciendo el friki en los pasillos del juzgado uno se da cuenta de que, en el fondo, a lo que imita la realidad es a Gran Hermano."
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Como te entiendo, Camilo... Hay veces en las que uno ya no puede mássssss, y ya está harto de luchar contra esta historia. Pero hasta aquí he llegado. Me he pensado mucho dar este paso. A veces tengo la impresión de que ya no es algo necesario, de que esta supuesta "patología" para algunos ha entrado de lleno en los temas de conversación de la mayoría de las personas, de que se ha roto la espiral del silencio y de que lo que antes sólo era una realidad que muchos preferían callar ha dado el salto definitivo hacia la exposición sin complejos en cualquier ámbito.

Pero en el fondo esta apertura no ha llegado a todos lados y desde luego no con la misma intensidad. Es más, allí donde lo ha hecho en muchas ocasiones ha ido acompañada de un cierto toque de condescendencia, de un tufillo de impostura kitsch parecido al de aquellos intelectuales que se confiesan seguidores del Hola o de aquellos cineastas con ínfulas que llevan muy a gala estar influidos por el culebrón venezolano.

Yo, personalmente, debo decir que tuve mis dudas al principio, como tanta gente. Todo lo que es nuevo o uno ni siquiera se había planteado produce cierto sentimiento de culpa. Pero enseguida lo tuve muy claro, y creo que si no hay más personas que lo confiesen así, abiertamente, es debido a los prejuicios pequeño-burgueses y judeo-cristianos (siempre he querido poner estas dos palabras juntas, con guión incluido, en alguna columna) de nuestra sociedad.

Uno de los factores que más impiden combatir el estigma que todavía nos persigue en según qué grupos de población es la televisión. Hay que reconocer que, por un lado, la presencia de miembros del colectivo que hablan continuamente de su "afición" en programas como Aquí hay tomate, A tu lado y casi cualquier otro espacio del corazón ha llevado a una cierta normalización. Pero, por otro, los referentes famosos que se proponen al público son cutres y casposos, reconozcámoslo. Las partes dan una imagen bastante equivocada del todo.

En lo que a mí respecta, no estoy dispuesto a refrenar por más tiempo mis gritos de alegría cada vez que veo a Jesús Vázquez en la tele los jueves por la noche. Sí. Lo proclamo desde aquí a los cuatro vientos: ¡Veo Operación Triunfo y me gusta!
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