"Cualquiera de las imágenes
del juicio a nuestro particular "doctor muerte",
Juan Maeso. ¿Quién es más terrorífico,
él o su abogado? Al ver al letrado haciendo
el friki en los pasillos del juzgado uno se da cuenta
de que, en el fondo, a lo que imita la realidad
es a Gran Hermano."
Como te entiendo, Camilo... Hay veces en las que uno ya no puede mássssss, y ya está harto de luchar contra esta historia. Pero hasta aquí he llegado. Me he pensado mucho dar este paso. A veces tengo la impresión de que ya no es algo necesario, de que esta supuesta "patología" para algunos ha entrado de lleno en los temas de conversación de la mayoría de las personas, de que se ha roto la espiral del silencio y de que lo que antes sólo era una realidad que muchos preferían callar ha dado el salto definitivo hacia la exposición sin complejos en cualquier ámbito.
Pero en el fondo esta apertura no ha llegado a todos lados y desde
luego no con la misma intensidad. Es más, allí donde lo ha hecho en
muchas ocasiones ha ido acompañada de un cierto toque de condescendencia,
de un tufillo de impostura kitsch parecido al de aquellos intelectuales
que se confiesan seguidores del Hola o de aquellos cineastas
con ínfulas que llevan muy a gala estar influidos por el culebrón
venezolano.
Yo, personalmente, debo decir que tuve mis dudas al principio, como tanta gente. Todo lo que es nuevo o uno ni siquiera se había planteado produce cierto sentimiento de culpa. Pero enseguida lo tuve muy claro, y creo que si no hay más personas que lo confiesen así, abiertamente, es debido a los prejuicios pequeño-burgueses y judeo-cristianos (siempre he querido poner estas dos palabras juntas, con guión incluido, en alguna columna) de nuestra sociedad.
Uno de los factores que más impiden combatir el estigma que todavía
nos persigue en según qué grupos de población es la televisión. Hay
que reconocer que, por un lado, la presencia de miembros del colectivo
que hablan continuamente de su "afición" en programas como Aquí
hay tomate, A tu lado y casi cualquier otro espacio
del corazón ha llevado a una cierta normalización. Pero, por otro,
los referentes famosos que se proponen al público son cutres y casposos,
reconozcámoslo. Las partes dan una imagen bastante equivocada del
todo.
En lo que a mí respecta, no estoy dispuesto a refrenar por más tiempo
mis gritos de alegría cada vez que veo a Jesús Vázquez
en la tele los jueves por la noche. Sí. Lo proclamo desde aquí a los
cuatro vientos: ¡Veo Operación Triunfo y me gusta!