| EL
TELEMOMENTAZO |
Más bien, el telemomento.
Porque, casi, casi, no ha habido más. Me
refiero a la promoción hasta la náusea
de "Pasión de gavilanes" con la
visita a España de dos de sus bellezas, y
al tour por todas las
televisiones de Santiago Segura
para dar a conocer la tercera parte de la bestia.
Era poner la tele y aparecer ellos. El éxito
por la vía del agotamiento. |
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No sé yo si en medio de tanto virus mutante y de tanta
gota fría en Cataluña –a la que ahora nos hemos
empeñado en llamar tormenta tropical, no vaya a escapársenos
cualquier recurso para dramatizar y hacer más exótica
la información- la cumbre iberoamericana de Salamanca habrá
aguantado el tirón en la curva “minuto a minuto”
de los informativos. Desde el punto de vista de alguien a quien le
pusieron una acreditación de periodista para que pudiera pasearse
por los alrededores del Palacio de Congresos salmantino, la cosa está
clara: Lo lógico es que fuera aparecer la cumbre y no quedar
ni el Tato delante de la televisión.
Nos habíamos quedado sin Castro, así
que todas las esperanzas de color estaban puestas en Hugo
Chávez. Odio la palabra, color digo, pero es una
de las favoritas de cualquier trabajador televisivo que se precie:
“así, así, que respire y con color”, “nos
armamos un minutito de color para desengrasar el informativo”,
“¡color, más color para la pieza!”…
Coño, que parecemos Llongueras con tantas
ganas de color.
¿Tabaré Vázquez? Ufff, qué
muermo de tipo… El presidente de Nicaragua sí, pero
con su esposa, que siempre da la nota. ¿Se ha desnucado alguien?
¿Ha pisado una mierda alguna primera dama? ¡¡¡¿¿¿Nooooo???!!!
Qué cumbre más sosa. Pero no se vayan todavía,
amigos, aún hay algo. Chávez llega in extremis con
toda su verborrea puesta a punto. ¡Pieza para el informativo!
Este tipo es súper gracioso. Bien, bien…
Quizá si viviéramos en Venezuela y tuviéramos
que tragarnos sus gracias en dosis de ocho horas a la semana en
forma de programas de radio y de televisión, no lo perseguiríamos
para que nos soltara alguna de sus chavadas. Pero Zapatero
es sosoman, y Chávez nos resuelve enseguida dos minutos de
informativo, que no te enteras…
También queda muy bien eso de mostrar el ambiente de las
calles –y, créanme, de eso sé algo- para ver
si pillamos a algún cateto diciendo alguna tontería,
o mostrando un entusiasmo desmedido para con los jefes de estado
y de gobierno que a nosotros, gente de mundo y viajada, nos parece
patético a la vez que divertidísimo. Pero ¿quién
es más digno de lástima? ¿Los que se pasan
horas en la calle para ver la nuca de Néstor Kirchner?
¿O los que los perseguimos durante días enteros de
nuestra vida para concederles unos cuantos minutos de prime time?
Lo peor de todo es que, aun queriendo volcarnos con los contenidos,
no tendríamos mucho de qué hablar. Uribe,
el presidente de Colombia, tiene razón. Estos encuentros
son para que los mandatarios hagan turismo, para que los periodistas
veamos a los compañeros de otros medios, para que las burocracias
gubernamentales tengan algo de trabajo y, de paso si es posible,
para comprobar una vez más cuán entrañable
es nuestro rey y afianzar un poquito más la monarquía,
que toda ayuda es poca. Por cierto, ya queda poco para que nazca
el Vástago, el vastaguisísimo. Ahí sí
que vamos a tener color. Para jubilar a Llongueras. Y para intoxicar
a todos los republicanos del país… Estoy destroyer
hoy, lo sé. Pero, ¿qué quieren? Son las ocho
de la tarde y tengo muy bajos los niveles de azúcar…
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