Madrid, miércoles 19 de octubre de 2005

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Colorín, colorado, esta cumbre se ha acabado
EL TELEMOMENTAZO
Más bien, el telemomento. Porque, casi, casi, no ha habido más. Me refiero a la promoción hasta la náusea de "Pasión de gavilanes" con la visita a España de dos de sus bellezas, y al tour por todas las
televisiones de Santiago Segura para dar a conocer la tercera parte de la bestia. Era poner la tele y aparecer ellos. El éxito por la vía del agotamiento.
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No sé yo si en medio de tanto virus mutante y de tanta gota fría en Cataluña –a la que ahora nos hemos empeñado en llamar tormenta tropical, no vaya a escapársenos cualquier recurso para dramatizar y hacer más exótica la información- la cumbre iberoamericana de Salamanca habrá aguantado el tirón en la curva “minuto a minuto” de los informativos. Desde el punto de vista de alguien a quien le pusieron una acreditación de periodista para que pudiera pasearse por los alrededores del Palacio de Congresos salmantino, la cosa está clara: Lo lógico es que fuera aparecer la cumbre y no quedar ni el Tato delante de la televisión.

Nos habíamos quedado sin Castro, así que todas las esperanzas de color estaban puestas en Hugo Chávez. Odio la palabra, color digo, pero es una de las favoritas de cualquier trabajador televisivo que se precie: “así, así, que respire y con color”, “nos armamos un minutito de color para desengrasar el informativo”, “¡color, más color para la pieza!”… Coño, que parecemos Llongueras con tantas ganas de color.

¿Tabaré Vázquez? Ufff, qué muermo de tipo… El presidente de Nicaragua sí, pero con su esposa, que siempre da la nota. ¿Se ha desnucado alguien? ¿Ha pisado una mierda alguna primera dama? ¡¡¡¿¿¿Nooooo???!!! Qué cumbre más sosa. Pero no se vayan todavía, amigos, aún hay algo. Chávez llega in extremis con toda su verborrea puesta a punto. ¡Pieza para el informativo! Este tipo es súper gracioso. Bien, bien…

Quizá si viviéramos en Venezuela y tuviéramos que tragarnos sus gracias en dosis de ocho horas a la semana en forma de programas de radio y de televisión, no lo perseguiríamos para que nos soltara alguna de sus chavadas. Pero Zapatero es sosoman, y Chávez nos resuelve enseguida dos minutos de informativo, que no te enteras…

También queda muy bien eso de mostrar el ambiente de las calles –y, créanme, de eso sé algo- para ver si pillamos a algún cateto diciendo alguna tontería, o mostrando un entusiasmo desmedido para con los jefes de estado y de gobierno que a nosotros, gente de mundo y viajada, nos parece patético a la vez que divertidísimo. Pero ¿quién es más digno de lástima? ¿Los que se pasan horas en la calle para ver la nuca de Néstor Kirchner? ¿O los que los perseguimos durante días enteros de nuestra vida para concederles unos cuantos minutos de prime time?

Lo peor de todo es que, aun queriendo volcarnos con los contenidos, no tendríamos mucho de qué hablar. Uribe, el presidente de Colombia, tiene razón. Estos encuentros son para que los mandatarios hagan turismo, para que los periodistas veamos a los compañeros de otros medios, para que las burocracias gubernamentales tengan algo de trabajo y, de paso si es posible, para comprobar una vez más cuán entrañable es nuestro rey y afianzar un poquito más la monarquía, que toda ayuda es poca. Por cierto, ya queda poco para que nazca el Vástago, el vastaguisísimo. Ahí sí que vamos a tener color. Para jubilar a Llongueras. Y para intoxicar a todos los republicanos del país… Estoy destroyer hoy, lo sé. Pero, ¿qué quieren? Son las ocho de la tarde y tengo muy bajos los niveles de azúcar…

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