| EL
TELEMOMENTAZO |
| Esos labios bordeados por
cinco centímetros de carmín, esa pija
desesperada porque alguien ha metido su pasmina
de lana en la lavadora, esas dos chungas navajeras
llamando vieja amargada a una chica de treinta y
tantos... Un 10 para los responsables del casting
de Gran Hermano. Han vuelto a superarse. |
|
Envía
tu telemomentazo |
Portada
sincolumna.com |
Opina
en el foro |
|
|
|
|
Que no cunda el pánico. No voy a hablar de la película
de Garci. Los tiros van por otro lado, por el de
las series de televisión. Desde mi punto de vista, las hay
con unos guiones tan documentados que abruman -Urgencias, Ley
y orden-, con atmósfera -Twin Peaks- o con un
éxito imposible de comprender -Raymond-; series que
que te alegran el día -Friends-; otras a las que,
incomprensiblemente, adoras a pesar de detestar a su protagonista
-Sexo en Nueva York-; que te hacen sentir inteligente -Curb
your enthusiasm-, que te cambian el cristal con el que ves la
vida -Seinfeld- o que desvelan farsas, quitan caretas y ponen
convencionalismos absurdos al descubierto -Frasier-; series
que son hijas de su tiempo -24, de la cultura del miedo que
instiga el neoconservadurismo de Bush y compañía;
Los Simpson, de la descomposición de la familia nuclear,
del american dream o del american way of life; Will
y Grace o Queer as folk, de la emergencia del gay
way of life...-; algunas, pocas, que superan a la mejor película
de su género -Los Soprano, El ala oeste-; y otras,
muy muy pocas, que marcan un antes y un después en la televisión
-Canción triste de Hill Street-...
Pero sólo una, elegida de los dioses, es todo eso. O nada
de eso. O eso puesto al revés, o eso visto de manera diferente...
A dos metros bajo tierra parece haber sido concebida por
alguien que acaba de darle un muerdo a la manzana prohibida, por
alguien que está por encima de los humanos y que puede susurrarnos
al oído el secreto de una existencia que no comprendemos.
Ese alguien se llama Alan Ball. Es el guionista
de American beauty y el creador de esta serie con imagen
fría, que parece escandinava, pero de corazón cálido,
amable, muy mediterráneo.
Si cogen a los personajes por separado, puede parecer difícil
identificarse con ellos: un bipolar esquizoide, una adicta al sexo
con miedo a la afectividad, un homosexual joven al que le cuesta
salir del armario en el tolerante estado de California, una chica
autodestructiva con tendencia a los amores imposibles... No se preocupen.
Cuando hayan visto tres capítulos, creerán ser todos
y cada uno de ellos. Ése es el secreto de una buena serie.
No crear personajes para distintos tipos de público -un abuelo
para los abuelos, unos niños para los niños...- sino
para todos los públicos.
De la trama mejor no les cuento nada. Sólo que van a reir
con ella. A llorar, a pensar, a desear saltar dentro de la pantalla
para abrazarse con unos seres tan vulnerables como imprevisibles.
Y a qué hablar ahora de A dos metros bajo tierra,
se preguntarán. Hace unos días les habría dicho
que porque TVE acaba de estrenar la tercera temporada. Pero visto
el tratamiento que le dieron el primer día, repitiendo un
capítulo ya emitido, casi mejor que se compren el dvd. En
internet pueden encontrar ya la cuarta temporada. No se arrepentirán.
Como le dicen los angloparlantes a su media naranja, al amor de
su vida cuando han tenido la suerte de encontrarlo: You're the one.
|