Madrid, miércoles 2 de noviembre de 2005

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You're the one
EL TELEMOMENTAZO
Esos labios bordeados por cinco centímetros de carmín, esa pija desesperada porque alguien ha metido su pasmina de lana en la lavadora, esas dos chungas navajeras llamando vieja amargada a una chica de treinta y tantos... Un 10 para los responsables del casting de Gran Hermano. Han vuelto a superarse.
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Que no cunda el pánico. No voy a hablar de la película de Garci. Los tiros van por otro lado, por el de las series de televisión. Desde mi punto de vista, las hay con unos guiones tan documentados que abruman -Urgencias, Ley y orden-, con atmósfera -Twin Peaks- o con un éxito imposible de comprender -Raymond-; series que que te alegran el día -Friends-; otras a las que, incomprensiblemente, adoras a pesar de detestar a su protagonista -Sexo en Nueva York-; que te hacen sentir inteligente -Curb your enthusiasm-, que te cambian el cristal con el que ves la vida -Seinfeld- o que desvelan farsas, quitan caretas y ponen convencionalismos absurdos al descubierto -Frasier-; series que son hijas de su tiempo -24, de la cultura del miedo que instiga el neoconservadurismo de Bush y compañía; Los Simpson, de la descomposición de la familia nuclear, del american dream o del american way of life; Will y Grace o Queer as folk, de la emergencia del gay way of life...-; algunas, pocas, que superan a la mejor película de su género -Los Soprano, El ala oeste-; y otras, muy muy pocas, que marcan un antes y un después en la televisión -Canción triste de Hill Street-...

Pero sólo una, elegida de los dioses, es todo eso. O nada de eso. O eso puesto al revés, o eso visto de manera diferente... A dos metros bajo tierra parece haber sido concebida por alguien que acaba de darle un muerdo a la manzana prohibida, por alguien que está por encima de los humanos y que puede susurrarnos al oído el secreto de una existencia que no comprendemos. Ese alguien se llama Alan Ball. Es el guionista de American beauty y el creador de esta serie con imagen fría, que parece escandinava, pero de corazón cálido, amable, muy mediterráneo.

Si cogen a los personajes por separado, puede parecer difícil identificarse con ellos: un bipolar esquizoide, una adicta al sexo con miedo a la afectividad, un homosexual joven al que le cuesta salir del armario en el tolerante estado de California, una chica autodestructiva con tendencia a los amores imposibles... No se preocupen. Cuando hayan visto tres capítulos, creerán ser todos y cada uno de ellos. Ése es el secreto de una buena serie. No crear personajes para distintos tipos de público -un abuelo para los abuelos, unos niños para los niños...- sino para todos los públicos.

De la trama mejor no les cuento nada. Sólo que van a reir con ella. A llorar, a pensar, a desear saltar dentro de la pantalla para abrazarse con unos seres tan vulnerables como imprevisibles.

Y a qué hablar ahora de A dos metros bajo tierra, se preguntarán. Hace unos días les habría dicho que porque TVE acaba de estrenar la tercera temporada. Pero visto el tratamiento que le dieron el primer día, repitiendo un capítulo ya emitido, casi mejor que se compren el dvd. En internet pueden encontrar ya la cuarta temporada. No se arrepentirán. Como le dicen los angloparlantes a su media naranja, al amor de su vida cuando han tenido la suerte de encontrarlo: You're the one.

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