Antes que nada, y para enmendar la mayor: ¿Gusta House? Me
parece a mí que va a ser que sí. Con casi un 11% de
share en la última emisión, se ha convertido en el espacio
más visto de Cuatro, por encima incluso de las estrellas de
la cadena: Noche Hache y Cuarto milenio, de Iker Jiménez,
que es el verdadero fenómeno sobrenatural de las noches de
los domingos. Echen un vistazo a las audiencias de las cadenas generalistas
de ese día y lo comprenderán. Ninguna consigue superar
el 20%. ¿Dónde se han metido los espectadores? ¿Un
expediente X? No, señores. Simplemente, el trozo del pastel
lo ha “abducido” el señor Jiménez.
Así que, con más del doble de espectadores que la
media de la cadena, la serie de la Fox demuestra que, de emitirse
en Telecinco en prime time, superaría holgadamente esa barrera
del 20% que, con la inminente llegada de la Sexta, se anuncia como
la barrera mágica por encima de la cual puede hablarse de
éxito rotundo.
De hecho, creo que una de las claves de su éxito es su enorme
parecido formal y de fondo con la serie de los lunes de Telecinco:
CSI. También aquí un equipo de investigadores liderado
por un moderno Sherlock Holmes trata de averigüar las razones
ocultas tras un suceso aparentemente extraño, en este caso
médico. También ambas parten de una premisa que poco
tiene que ver con la realidad. En la mayor parte de las ocasiones,
los expedientes criminales se resuelven por la confesión
del implicado y no a través del estudio de las pruebas. Tampoco
en medicina es tan usual, gracias a Dios, el recurso al experimento
científico para llegar a un diagnóstico, por no hablar
de todos los reparos que podrían ponerse a la prontitud y
facilidad con la que House y su equipo aíslan las variables
independientes y resuelven cuál de ellas es la responsable
de los cambios en la dependiente…
Pero esos efectos especiales, con zooms a través de las
fosas nasales o ralentís del flujo sanguíneo, fascinaban
ya en 1966 en Viaje alucinante, y siguen haciéndolo
hoy en día. El hipocondríaco que se oculta detrás
de todos nosotros, nuestra pulsión de muerte o, sencillamente,
lo mucho que nos pone contemplar desgracias ajenas, convierten a
las series con trasfondo médico en un producto de éxito
casi garantizado. Urgencias, Anatomía de Grey,
Hospital Central y ahora House lo demuestran.
Con el valor añadido, en esta serie, de contemplar una clínica
que hace parecer a nuestro centro de atención primaria de
la Seguridad Social un hospital de campaña en Bangladesh.
La humillación y el desprecio con gracia, qué le
vamos a hacer, también venden. Y Gregory House es uno de
esos personajes tan cínicos que no te los crees, pero que
al menos te dejan unas cuantas réplicas dignas de enmarcar.
“¿Fue por el tamaño, por el acabado metálico…
o quizás por el Dolby Surround?”, le espetó
este médico aprendiz de Noemí Galera
a un paciente que acudió a su consulta después de
haberse introducido un reproductor de mp3 por bendita sea la parte.
|