Copio descaradamente, así te lo digo, la propuesta que formula
Concepción Cascajosa en su magnífico libro Prime
time: las mejores series de la tv. americana. No se trata de
otra cosa que de elegir diez capítulos, de diez series diferentes
a ser posible. Los más impactantes, los más innovadores,
los que nos hayan dejado boquiabiertos o de los que no hayamos podido
dejar de hablar durante días. Aquí va mi lista, que
curiosamente coincide en tres de los capítulos con la de la
autora del libro:
-24 (Último capítulo de la primera
temporada): Esto no es televisión, esto es una declaración
de intenciones, una apuesta arriesgada que da sentido a toda la
serie y credibilidad a los giros más inverosímiles
de la trama. Que muera -y que no siga leyendo el que tenga ganas
de ver esta temporada- un personaje tan decisivo como el de la esposa
de Bauer demuestra que aquí no se juega
con nosotros, que esto no es puro entretenimiento sin más
y que 24 esta dispuesta a asumir las consecuencias narrativas lógicas
que tiene tratar con el horror.
-Frasier (Ham radio, de la cuarta temporada):
O cómo hacer comedia delirante encerrando a cinco personajes
en un estudio de radio, jugando con sus personalidades excéntricas
a través de una soap opera. David Hyde Pierce,
que parece haber nacido para dar vida a Niles Crane, esta sencillamente
insuperable.
-The shield (piloto, primera temporada): Con un
giro a lo Psicosis, en el que todo lo que hemos visto durante
el capitulo se va al carajo, esta serie consigue engancharte para
el resto de la temporada. Cambiar el centro de gravedad de la trama
de modo tan brusco es arriesgado, pero aquí superan la prueba
con sobresaliente.
-House (Tres historias, de la primera
temporada): Otro giro brusco en la trama nos proporciona de repente
muchas de las claves para entender a Gregory House,
para hacerlo parecer un personaje en vez de un fantoche en manos
de guionistas que lo utilizan para soltar replicas tan maravillosamente
cínicas como imposibles.
-Friends: Lo siento, pero elegir aquí un
solo capitulo me resulta imposible. Así que aquí van
varios: El de las dos fiestas, de la segunda temporada, en el que
Rachel tiene que dividirse para atender a las fiestas
de cumpleaños paralelas que le han organizado, una con su
madre y otra con su padre; el del porno gratis, de la cuarta, en
el que Chandler y Joey no se atreven
a cambiar de canal cuando descubren que han conseguido sintonizar
gratuitamente una emisora porno; el de los embriones, también
de la cuarta, en el que los seis amigos se juegan la casa a través
de un ingenioso juego de preguntas; y, finalmente, el del armadillo
navideño, de la séptima, por la aparición de
Ross vestido con el traje de armadillo con el que los judíos
celebran Hannukah.
-El ala oeste (En la sombra de dos pistoleros,
de la segunda temporada): Los dos capítulos que abren la
segunda temporada son una clase magistral sobre cómo se organiza
la política en Estados Unidos, a la vez que un thriller contado
con la misma garra que la mejor película de acción
o de intriga.
-Urgencias (Trabajos de amor perdidos,
de la primera temporada): Pocas veces resulta tan fácil identificarse
con el trabajo de un profesional, en este caso del doctor Greene.
Nunca el desarrollo de un parto, que acontece a lo largo de los
cuarenta y cinco minutos del capítulo, fue tan dramático.
Este episodio es la mejor prueba de que no siempre es necesario
un autobús sin frenos para no parpadear delante de una pantalla.
-Los Simpson (Homer-phobia, de la octava
temporada): Homer se rasga las vestiduras cuando descubre que Bart
es amigo de un hombre gay, pero el remedio que pone en marcha será
peor que la enfermedad... Groening y compañía
son capaces de denunciar la homofobia sin discursos ni correcciones
políticas.
-Sexo en Nueva York (The real me, de
la cuarta temporada): Carrie Bradshaw es una pija
estirada, caprichosa y egocéntrica, y no la soporto. Y la
serie va de progre y feminista, y tiene mucho de carca y retrógrada.
Pero este capítulo resume lo que, a pesar de todo, me engancha
en esta serie. Y es su frivolidad sofisticada y desacomplejada,
sus lugares cool, sus pasarelas de moda, ese ambiente de lujo y
poder que tan bien retratan los cuentos de hadas modernos, desde
el Hola hasta esta serie.
-Y... Mujeres desesperadas (Títulos de
crédito): Sí, los títulos de crédito.
No son un capítulo, pero el apenas minuto que dura esa genial
mirada a la pintura, desde Van Eyck al pop-art pasando por Grant
Wood bien vale una excepción. A ver que pasa con
los de la segunda temporada...
Faltan series españolas y de antes de los noventa, lo reconozco,
pero la selección es emocional, visceral... y también
generacional. En gran medida, somos los que nacimos a partir de
los últimos setenta quienes hemos empezado a concebir la
televisión no solo como industria de entretenimiento. Así
como los nacidos en los cuarenta han conseguido incluir en las listas
de mejores películas una mayoría de títulos
producidos en los cincuenta y en los sesenta -su etapa de juventud,
de descubrimiento-, creo que le toca a nuestra generación
instalar los productos televisivos de los noventa y de la primera
década del siglo XXI entre las nuevas obras culturales dignas
de admiración.
En cuanto a la ausencia de series españolas, en fin...
P.D.: Emilio, Víctor, espero ansioso vuestras
listas...
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