Madrid, miércoles 22 de marzo de 2006

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Momentos estelares de las series de TV

El del armadillo navideño
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Copio descaradamente, así te lo digo, la propuesta que formula Concepción Cascajosa en su magnífico libro Prime time: las mejores series de la tv. americana. No se trata de otra cosa que de elegir diez capítulos, de diez series diferentes a ser posible. Los más impactantes, los más innovadores, los que nos hayan dejado boquiabiertos o de los que no hayamos podido dejar de hablar durante días. Aquí va mi lista, que curiosamente coincide en tres de los capítulos con la de la autora del libro:

-24 (Último capítulo de la primera temporada): Esto no es televisión, esto es una declaración de intenciones, una apuesta arriesgada que da sentido a toda la serie y credibilidad a los giros más inverosímiles de la trama. Que muera -y que no siga leyendo el que tenga ganas de ver esta temporada- un personaje tan decisivo como el de la esposa de Bauer demuestra que aquí no se juega con nosotros, que esto no es puro entretenimiento sin más y que 24 esta dispuesta a asumir las consecuencias narrativas lógicas que tiene tratar con el horror.

-Frasier (Ham radio, de la cuarta temporada): O cómo hacer comedia delirante encerrando a cinco personajes en un estudio de radio, jugando con sus personalidades excéntricas a través de una soap opera. David Hyde Pierce, que parece haber nacido para dar vida a Niles Crane, esta sencillamente insuperable.

-The shield (piloto, primera temporada): Con un giro a lo Psicosis, en el que todo lo que hemos visto durante el capitulo se va al carajo, esta serie consigue engancharte para el resto de la temporada. Cambiar el centro de gravedad de la trama de modo tan brusco es arriesgado, pero aquí superan la prueba con sobresaliente.

-House (Tres historias, de la primera temporada): Otro giro brusco en la trama nos proporciona de repente muchas de las claves para entender a Gregory House, para hacerlo parecer un personaje en vez de un fantoche en manos de guionistas que lo utilizan para soltar replicas tan maravillosamente cínicas como imposibles.

-Friends: Lo siento, pero elegir aquí un solo capitulo me resulta imposible. Así que aquí van varios: El de las dos fiestas, de la segunda temporada, en el que Rachel tiene que dividirse para atender a las fiestas de cumpleaños paralelas que le han organizado, una con su madre y otra con su padre; el del porno gratis, de la cuarta, en el que Chandler y Joey no se atreven a cambiar de canal cuando descubren que han conseguido sintonizar gratuitamente una emisora porno; el de los embriones, también de la cuarta, en el que los seis amigos se juegan la casa a través de un ingenioso juego de preguntas; y, finalmente, el del armadillo navideño, de la séptima, por la aparición de Ross vestido con el traje de armadillo con el que los judíos celebran Hannukah.

-El ala oeste (En la sombra de dos pistoleros, de la segunda temporada): Los dos capítulos que abren la segunda temporada son una clase magistral sobre cómo se organiza la política en Estados Unidos, a la vez que un thriller contado con la misma garra que la mejor película de acción o de intriga.

-Urgencias (Trabajos de amor perdidos, de la primera temporada): Pocas veces resulta tan fácil identificarse con el trabajo de un profesional, en este caso del doctor Greene. Nunca el desarrollo de un parto, que acontece a lo largo de los cuarenta y cinco minutos del capítulo, fue tan dramático. Este episodio es la mejor prueba de que no siempre es necesario un autobús sin frenos para no parpadear delante de una pantalla.

-Los Simpson (Homer-phobia, de la octava temporada): Homer se rasga las vestiduras cuando descubre que Bart es amigo de un hombre gay, pero el remedio que pone en marcha será peor que la enfermedad... Groening y compañía son capaces de denunciar la homofobia sin discursos ni correcciones políticas.

-Sexo en Nueva York (The real me, de la cuarta temporada): Carrie Bradshaw es una pija estirada, caprichosa y egocéntrica, y no la soporto. Y la serie va de progre y feminista, y tiene mucho de carca y retrógrada. Pero este capítulo resume lo que, a pesar de todo, me engancha en esta serie. Y es su frivolidad sofisticada y desacomplejada, sus lugares cool, sus pasarelas de moda, ese ambiente de lujo y poder que tan bien retratan los cuentos de hadas modernos, desde el Hola hasta esta serie.

-Y... Mujeres desesperadas (Títulos de crédito): Sí, los títulos de crédito. No son un capítulo, pero el apenas minuto que dura esa genial mirada a la pintura, desde Van Eyck al pop-art pasando por Grant Wood bien vale una excepción. A ver que pasa con los de la segunda temporada...

Faltan series españolas y de antes de los noventa, lo reconozco, pero la selección es emocional, visceral... y también generacional. En gran medida, somos los que nacimos a partir de los últimos setenta quienes hemos empezado a concebir la televisión no solo como industria de entretenimiento. Así como los nacidos en los cuarenta han conseguido incluir en las listas de mejores películas una mayoría de títulos producidos en los cincuenta y en los sesenta -su etapa de juventud, de descubrimiento-, creo que le toca a nuestra generación instalar los productos televisivos de los noventa y de la primera década del siglo XXI entre las nuevas obras culturales dignas de admiración.

En cuanto a la ausencia de series españolas, en fin...

P.D.: Emilio, Víctor, espero ansioso vuestras listas...

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