Mi infancia son recuerdos del pasmo que me producían algunos
personajes televisivos. Quique de Verano azul, por ejemplo.
Fíjate que con cinco añitos no podía tener yo
mucha idea todavía de estructura narrativa, pero me parecía
a mí que el chico ese con cara de "por favor, integradme
un poco en el capítulo" estaba más necesitado de
atención que la pintora Julia de varios Prozac. Pero si es
que no le hacía caso ni el bueno de Chanquete... Los guionistas,
pienso yo, debieron de incluirle en la serie porque les recordaba
a alguien que les caía especialmente mal. Si no, no se explica.
Su única función era la de sonreir todo el tiempo y
la de no permitirse tener un solo problema, no fuera a ser entonces
el centro de atención de la trama. Vamos, que si no me creen,
intenten recordar la voz de este chico. A ver si ustedes pueden porque
yo, desde luego, no. Y fíjate que tengo grabadas a fuego en
el cerebro las de todos los demás personajes, pero por más
que me esfuerzo...
Otro que no le va a la zaga en la falta de fuste es el humorista
sin gracia que salía en Padres forzosos. Joey se
llamaba, y sabíamos que supuestamente era gracioso porque
lo decían los guionistas y porque metían risas enlatadas
después de que él dijera sus frases talismán.
De todas ellas, la que me descolocaba por completo era aquella de
"corta-el-rollo". No sé si sería problema
de una mala traducción pero esa frase, acompañada
de su gesto incomprensible con las manos, nadie era capaz de explicármela
en términos humorísticos, así que háganse
ustedes cargo de la consecuente frustración en un niño
tan repelente y necesitado de explicaciones como era yo.
Me encantaba Cheers, aunque no tanto como luego ha llegado
a encantarme Frasier, y me caía muy bien el personaje de
Woody, aunque no le cogiera mucho el punto la verdad… El caso
es que es curioso cómo la infancia puede marcar la credibilidad
que te inspira un actor. Cuando he visto después a Woody
Harrelson en Asesinos natos o en El escandalo
de Larry Flint dando vida a personajes aviesos, polémicos...
me he pasado la película esperando a que dijera alguna tontería,
como en Cheers. "Pero coño, Woody, ¿que te pasa?
Que tu no eres así".
El que definitivamente si sigue así, tal cual lo recuerdo
en Si lo sé no vengo -por cierto, mi concurso favorito
de niño junto con El tiempo es oro- es Jordi
Hurtado. Con la misma entonación, las mismas gafas
y la misma cara atrapada en el tiempo. Es más exagerado que
lo de Ana Blanco, oyes. Pero mucho más.
Es que ese hombre no ha cambiado absolutamente nada en veinte años.
Y eso, cuando el mundo entero se pone del revés a cada minuto,
que quieren que les diga, aunque pelín siniestro, reconforta...
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