Madrid, miércoles 5 de abril de 2006

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Marcaron mi infancia

Pero... ¿Por qué no cor-ta-ba el ro-llo?
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Mi infancia son recuerdos del pasmo que me producían algunos personajes televisivos. Quique de Verano azul, por ejemplo. Fíjate que con cinco añitos no podía tener yo mucha idea todavía de estructura narrativa, pero me parecía a mí que el chico ese con cara de "por favor, integradme un poco en el capítulo" estaba más necesitado de atención que la pintora Julia de varios Prozac. Pero si es que no le hacía caso ni el bueno de Chanquete... Los guionistas, pienso yo, debieron de incluirle en la serie porque les recordaba a alguien que les caía especialmente mal. Si no, no se explica. Su única función era la de sonreir todo el tiempo y la de no permitirse tener un solo problema, no fuera a ser entonces el centro de atención de la trama. Vamos, que si no me creen, intenten recordar la voz de este chico. A ver si ustedes pueden porque yo, desde luego, no. Y fíjate que tengo grabadas a fuego en el cerebro las de todos los demás personajes, pero por más que me esfuerzo...

Otro que no le va a la zaga en la falta de fuste es el humorista sin gracia que salía en Padres forzosos. Joey se llamaba, y sabíamos que supuestamente era gracioso porque lo decían los guionistas y porque metían risas enlatadas después de que él dijera sus frases talismán. De todas ellas, la que me descolocaba por completo era aquella de "corta-el-rollo". No sé si sería problema de una mala traducción pero esa frase, acompañada de su gesto incomprensible con las manos, nadie era capaz de explicármela en términos humorísticos, así que háganse ustedes cargo de la consecuente frustración en un niño tan repelente y necesitado de explicaciones como era yo.

Me encantaba Cheers, aunque no tanto como luego ha llegado a encantarme Frasier, y me caía muy bien el personaje de Woody, aunque no le cogiera mucho el punto la verdad… El caso es que es curioso cómo la infancia puede marcar la credibilidad que te inspira un actor. Cuando he visto después a Woody Harrelson en Asesinos natos o en El escandalo de Larry Flint dando vida a personajes aviesos, polémicos... me he pasado la película esperando a que dijera alguna tontería, como en Cheers. "Pero coño, Woody, ¿que te pasa? Que tu no eres así".

El que definitivamente si sigue así, tal cual lo recuerdo en Si lo sé no vengo -por cierto, mi concurso favorito de niño junto con El tiempo es oro- es Jordi Hurtado. Con la misma entonación, las mismas gafas y la misma cara atrapada en el tiempo. Es más exagerado que lo de Ana Blanco, oyes. Pero mucho más. Es que ese hombre no ha cambiado absolutamente nada en veinte años. Y eso, cuando el mundo entero se pone del revés a cada minuto, que quieren que les diga, aunque pelín siniestro, reconforta...

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