Madrid, miércoles 3 de mayo de 2006

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Al filo de la noticia


Y yo... ¿qué me pido ser?

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¿Es posible dedicarse al periodismo de televisión y no ser, al mismo tiempo, un egocéntrico vanidoso, un histérico perfeccionista obsesionado con el autocontrol de las emociones o un friki que oculta su complejo de inferioridad bajo una capa de altivez y de menosprecio a los demás?

La flor catódica de esta semana es, en realidad, cinematográfica. Pero se ha ganado un hueco en la sección por reflejar mejor que cualquier producto televisivo -salvo, quizás, el Sports night de Aaron Sorkin- la trastienda de un informativo. Broadcast news, que aquí se tradujo como Al filo de la noticia, es precisamente la historia de esos tres seres tan poco recomendables de los que acabo de hablar: un egocéntrico, una histérica y un pedante. Podría haber sido un buen drama pero, como ocurre siempre en la comedia, basta con alejarse un poco, tomar perspectiva y… Voilá, reirse de todo.

Han pasado veinte años desde que se estrenó la película e incluso en lo de las carreras de infarto por los pasillos las cosas siguen prácticamente igual. Es cierto que ahora se corre para digitalizar las imágenes de una cinta en vez de para llevarla a emisión, pero se corre. Se sigue uno fijando en la cara con la que el presentador recoge tu vídeo y, por supuesto, montando teorías paranoicas sobre lo que ha podido significar “ese rictus tan extraño”… Continuamos denunciando lo poco que se valora nuestro espléndido trabajo y lo mucho que se premia el del redactor manipulador e ignorante de al lado. A día de hoy, sigue sin haber un colectivo que dé tanto el coñazo con su trabajo a los amigos de fuera del medio –por otra parte tan escasos- como el nuestro. No hay gremio dispuesto a que le chorree la adrenalina por las orejas diez horas al día, o doce si hace falta, con menos reparos que éste. En definitiva, no hay grupo de personas con menos sentido de grupo. Seguimos confundiendo el trabajo con la vida. Un buen trabajo, para nosotros, es siempre un triunfo personal. Y, por supuesto, tendemos a mezclar las relaciones sentimentales y las laborales. Imagínense… Si la escena más romántica de la película es ésa en la que el personaje de Holly Hunter -realizadora- le confiesa al de William Hurt –presentador- lo unida, sincronizada y compenetrada que se ha sentido con él mientras… ¡¡¡le hablaba por el pinga!!!, que es -por cierto- el aparatito que usan para comunicarse en directo el realizador de un programa y el presentador.

Aún hay quien sería capaz, como Tom Grunick, de provocarse las lágrimas y meterlas como inserto en una entrevista con una mujer maltratada. Nuestro organismo sigue expulsando litros de sudor -como Aaron Altman cuando presenta su primer informativo- cada vez que nos dan una oportunidad, como si fuera la última. Continuamos siendo incapaces de vivir con nuestro trabajo, pero tampoco sin él. Todavía hoy, qué quieren que les diga, seguimos siendo los seres más despreciables e indefensos del planeta…

Vean esta película y nos odiarán, pero también nos querrán, un poquito más. Ah, y en cuanto a la pregunta del principio… ¡¡¡¿¿¿Es que siempre tengo que ser yo, con el poco tiempo de que dispongo, el que les dé respuesta a todo, so mentecatos???!!!

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