| |
BACKSTAGE
La actualidad del Festival de Benicàssim 2004.
10.8.2004
A
ras de cielo
Por Jesús
Lillo
(ABC).
Brian Wilson
llegó, se sentó frente
al piano y tocó.
 |
Hay canciones que
se sirven crudas, como las de Wire;
canciones funcionales, como las de Dandy
Warhols; canciones con las que
contener la respiración fuera del
agua, como las de Lambchop;
canciones que son flotadores hinchados con
gas de anestesia dental, como las de Spiritualized;
canciones concentradas y espesas como el
helado antes de cuajar, como las de Grupo
Salvaje; canciones con las que
reiniciar el programa de la «new wave»,
como las de Franz Ferdinand;
canciones que no lo son, como las de Chemical
Brothers, y, muy por encima del
resto, cerca del cielo, las canciones de
Brian Wilson, alma y reliquia
de los Beach Boys.
Muchos y notables huéspedes, clase
turista superior, acudieron a la jornada
final del décimo FIB, en cuya planta
noble se alojaron, a muy pocos metros del
cielo, Arthur Lee y Brian
Wilson. Habitación doble
en el Hotel California (año 1967).
El primero llegó a Benicasim para
interpretar «Forever Changes»,
glorioso y casi intocable trozo de psicodelia
caramelizada que Lee, en lamentable estado
de forma y ánimo, no sólo
lamió, sino que contaminó
con aliento enfermo. Sus músicos
le quitaron la guitarra de las manos para
evitar males mayores, pero, condescendientes,
le permitieron seguir en pie y demoler,
frente al horror de miles de espectadores,
una obra que no merecía semejante
puesta en escena. Quizás un álbum
de los Sex Pistols admita
lecturas pasadas de rosca, pero no «Forever
Changes». No de esa manera y después
de tantos años de espera y veneración.
Las camisetas oficiales del anciano
Brian Wilson anunciaban desde días
atrás la representación de
«Smile», el disco que los
Beach Boys, en el pulso creativo
que mantuvieron con los Beatles,
nunca llegaron a grabar y del que, desde
hace casi cuarenta años, circulan
por ahí maquetas y piezas sueltas.
Pero no fue «Smile», del que
sólo sonaron sus fragmentos más
conocidos -«Good Vibrations»
y «Heroes And Villains»-, lo
que brotó del escenario principal
del FIB, sino los grandes éxitos
de la banda californiana, recreados por
un espléndido conjunto de instrumentistas
y vocalistas que, a siete voces, corearon
himnos como «Barbara Ann», «Surfin´USA»
o «California Girls». Hasta
los fieles del sermón de la montaña
-multitud que cada año sigue los
conciertos, gratis total, desde una ladera
anexa al recinto del FIB- llegó,
nítida y alegre, clara y salada,
la espuma de las olas que soplaba Wilson.
Sentado, casi inmóvil, oculto por
un teclado y dos pantallas en las que leía
la letra de sus propios clásicos,
el viejo compositor dirigió una función
similar, sólo en aspecto, a la de
una orquesta de segunda fila, de las que
amenizan las cenas en la cubierta de un
crucero avejentado. Cada espectador soñaba
su canción favorita y la banda lo
interpretaba... Todas eran de los
Beach Boys. Todas eran de Brian
Wilson. Y él estaba allí,
con su camisa oscura de palmeras, el estampado
de una de las mejores telas de la historia
de la música, para sonreír.
Dentro y fuera de «Smile».
Viaje de placer con mar de fondo. Bandera
roja en la playa. Rompiendo la engañosa
y hechicera frivolidad del concierto, surgieron
tres monumentales y complejísimas
piezas de ingeniería pop, las dos
antes citadas, procedentes del álbum
perdido de los californianos, y «God
Only Knows», de «Pet Sounds».
Arte en movimiento y sin dirección,
traducido en edificios cuyos planos fueron
trazados en partituras de fantasía
por un genio visionario y que, cuatro décadas
después de su concepción,
siguen sorprendiendo a quienes se aproximan
a contemplar sus cimientos de cristal de
azúcar. Brian Wilson,
en el tejado de su obra, agarrado a una
antena que recibe las vibraciones de otro
mundo, volvió a tocar el cielo con
la yema de los dedos mientras su grupo le
susurraba al oído viejas canciones
de surf. Todos a sus pies. |
"3.650
días", fotoclip de los 10 años, en la FNAC “3.650
días” y “El ritual de Benicàssim” son dos clips audiovisuales que se acercan a
la historia, por un lado, y al comportamiento social, por otro, del FIB. Puedes
verlo en:
8.7.2004 Alicante FNAC Bulevar 19:00 horas
11.7.2004 Madrid
FNAC Callao 19:00 horas
12.7.2004 Zaragoza FNAC Plaza
de España 19:00 horas
14.7.2004 Barcelona FNAC Diagonal
Mar 19:00 horas
16.7.2004 Marbella FNAC La Cañada 20:00
horas
17.7.2004 Valencia FNAC San Agustín 19:00 horas
23.7.2004 Asturias FNAC Principado 20:00 horas |
| | Los
Planetas, número 1 en singles "Y
Además es Imposible" el nuevo single de Los Planetas se ha colado en la semana
del 3-10 julio en el número 1 de la lista AFYVE de singles, entre los éxitos de
la temporada. |
| |
10.8.2004
Brian Wilson
empapa el FIB 2004 de felicidad
Por Nando
Cruz y Rafael Tapounet (El Periódico).
Franz Ferdinand,
el delirio con un solo disco.
 |
"Y ahora, la
gran canción de la noche", anunció
Brian Wilson con la naturalidad
del un niño más educado. Era
God only knows. Ninguno de las más
de 30.000 personas que, según la
organización, pasaron el domingo
por el recinto del Festival Internacional
de Benicàssim podría negárselo.
Para muchos es la mejor canción de
la historia del pop y su compositor la interpretó
en la jornada de clausura del FIB 2004.
¿Existe mejor forma de celebrar un
décimo aniversario?
Tras el tibio prólogo del jueves,
el clásico guión del viernes
y la amarga decepción que supuso
la suspensión, el sábado,
del concierto de Morrissey,
el festival recuperó el domingo todo
su esplendor con el programa más
completo del FIB 2004, varias actuaciones
históricas y tres nombres propios
con los que tomar el pulso al pasado, presente
y futuro de la música. El pasado
más glorioso, qué duda cabe,
es Brian Wilson. El presente, The
Chemical Brothers, que cuentan
sus visitas a Benicàssim por victorias.
Y el futuro, Franz Ferdinand:
con solo un disco ya son capaces de desatar
el delirio colectivo.
"Amor y compasión es lo que
necesitamos esta noche", canta
Brian Wilson en Love and mercy.
El domingo no la interpretó. Y tampoco
quiso reivindicar la enloquecedora complejidad
de Pet sounds y Smile, así que optó
por un repertorio de amor y surf, dos medicinas
típicas de la costa y el verano.
Sentado ante el piano, como un teletubbie
recién salido del letargo, se dejó
guiar por su espléndida banda de
acompañamiento, coló alguna
canción de su discreto nuevo disco
y empapó de inocente euforia californiana
a miles de fibers.
La media hora final, con una batería
de hits de la época más playera
de los Beach Boys --Help
me Rhonda, Barbara Ann, Fun fun fun, Surfin'
USA...--, fue una fulminante inyección
de felicidad colectiva. Sólo había
que alzar la vista para ver miles y miles
de personas con una expresión de
gozo que no les cabía en la cara.
Brian Wilson había
logrado su propósito: arrancar una
sonrisa más al mundo sólo
con su música.
El mérito fue aún mayor si
lo comparamos con el desastroso concierto
de su coetáneo Arthur Lee.
Minutos antes, el líder de Love tenía
que recrear la psicodélica dulzura
de su disco más clásico, Forever
changes, pero la noticia de la muerte de
Rick James lo dejó
para el arrastre. Salió con visibles
problemas de habla, así que lo de
cantar, ni probarlo. Entre la borrachera,
la tristeza y los sonoros abucheos del público,
Lee decidió abandonar el escenario,
pero le aconsejaron aguantar y acabar el
concierto. Pocos se quedaron.
Entre uno y otro, los ingleses Wire
demostraron que el problema de
las giras de regreso no está en la
edad. Ellos ni siquiera necesitan echar
mano de su leyenda para firmar la actuación
más rotunda de la jornada. No hay
nada más duro, simple, seco, estridente
y demoledor que un concierto suyo. Ni siquiera
la fresca energía de Franz
Ferdinand podría derrotarlos.
Pero, ojo, los escoceses siguen cuesta arriba
y se hace difícil intuir su techo.
Hace medio año no eran nada. El domingo
protagonizaron otra apoteósica actuación,
la más intensa e incendiaria que
se recuerda a un grupo debutante. El FIB
se les quedaba pequeño.
Y qué decir de The Chemical
Brothers. El festival es medio
suyo y su puesta en escena, la más
infalible de la música electrónica.
Son al techno lo que AC/DC
al rock: una máquina implacable.
Remataron el show, el festival y al público
con sus ritmos gordos y sus excesos de psicodelia
bruta. En los bises contaron con
Tim Burgess, de The Charlatans,
uno de tantos músicos que viene a
tocar a Benicàssim y luego no quiere
irse.
Ni uno solo de los miles de espectadores
que el 20 de junio de 1980 asistieron en
Madrid al concierto de Lou Reed
en el campo de fútbol del Moscardó
olvidará aquella noche. Tras interpretar
seis canciones, el hombre de la cara de
palo recibió el impacto de un objeto
y desapareció con un mosqueo de talla
XL. Su mánager trató de convencerle
de que volviera a salir, pero Reed
dijo que nones. Sintiéndose estafado,
el público invadió el escenario,
causó numerosos destrozos y robó
el equipo de sonido. Era la España
de la UCD y el Habla, pueblo, habla. Otra
época. Otro país.
El sábado, mister Nueva York dio
toda una lección de profesionalidad
en el festival de Benicàssim. La
estrella de la noche, sin embargo, era Morrissey,
el único nombre de todo el cartel
(quizá con la salvedad de Brian
Wilson) capaz de llevar por sí
solo gente a la Costa del Azahar, puesto
que a su condición de artista de
culto unía el aliciente de haber
ofrecido un solo concierto en España
en los más de 15 años que
dura ya su carrera en solitario.
La prima donna de Manchester dio plantón
a última hora alegando problemas
técnicos en su avión y el
público, en lugar de prender fuego
al Escenario Verde como habrían hecho
los vikingos del campo del Moscardó,
soltó algunos gritos de desahogo
y unas lágrimas de decepción.
Y punto. Hoy en día, las protestas
están muy mal consideradas y son
cosa de okupas y gente que no ve la tele.
A la pasividad ante el abuso la llamamos
civismo. Así nos va. |
10.8.2004
Brian Wilson
revive el espíritu de los Beach Boys
en la clausura del FIB 2004
Por Ramón
Surio (La Vanguardia)
Love, el
tambaleante Arthur Lee en acción.
 |
Aún con luz
diurna, el mítico Brian Wilson
acudió puntual a su cita
con el FIB, arropado por diez excelentes
músicos, entre ellos, tres guitarristas.
Era el último concierto de la apretada
gira europea de presentación del
disco Smile, el eslabón perdido de
su época psicodélica.
Parecía imposible que tan legendario
autor, con fobia a los escenarios, recuperase
su buen estado de forma llegado a los 60
años. Pero el otrora taciturno y
huraño individuo se ha convertido
en un hombre feliz que parece volver a disfrutar
como un adolescente recreando sus antiguas
melodías.
Tocaron las canciones de Smile y también
otras de su nuevo disco además de
un buen puñado de clásicos,
entre los que no faltó Good Vibrations,
de la época de oro de The
Beach Boys, para delirio de los
fibers, en el que fue un verdadero festín
de armonías vocales y barroquismo
pop. Para muchos el concierto de Wilson
fue el gran momento de este festival, dedicado
en buena parte a celebrar el rock por medio
de sus clásicos.
El momento más triste de la décima
edición del Festival Internacional
de Benicàssim (FIB) se dio durante
la actuación del tambaleante Arthur
Lee al frente de unos remozados
Love. Apenas podía moverse
y balbucear palabra en lo que tenía
todos los visos de ser una intoxicación
etílica. En esas circunstancias la
reproducción de su mítico
Forever changes fue un dramático
desaguisado que se acentuaría por
la crueldad de un público que no
tuvo piedad, se rió de su estado
y lo abucheó.
Deprimidos, lo abandonamos a su suerte no
sin pensar que el título de aquel
gran disco habría de hacer reflexionar,
cara a futuras ediciones, a los responsables
del FIB, quienes no pueden dormirse en los
laureles ni olvidar la necesidad de renovarse.
Lo decimos porque el festival –que
han marcado este año los éxitos
de Lou Reed y Brian
Wilson, y por la caída de
cartel de Morrissey–
ha pecado de un exceso de conformidad, abusando
de los clásicos y también
de los repetidores, como The Chemical
Brothers, encargados de cerrar
el escenario principal con su infalible
y colorista espectáculo tecnodélico.
Ellos son lo que Jeff Mills
para el Sónar: un amuleto de la suerte.
Después de la feliz y desbordante
actuación de Brian Wilson,
recuperando Smile y los felices himnos surf
de The Beach Boys, poco
pudieron hacer sus sucesores en el Escenario
Verde para superarlo. Los escoceses Franz
Ferdinand demostraron tener agallas
y un repertorio lleno de canciones con afiladas
guitarras y un concepto rítmico que
en ocasiones recuerda al de Talking Heads.
Spiritualized, en cambio,
cada vez parecen más perdidos en
la liturgia de sus ensoñaciones lisérgicas,
y a The Dandy Warhols hay
muchos momentos en que no se sabe por dónde
cogerlos. Puestas así las cosas las
únicas sorpresas hubo que buscarlas
en los escenarios adyacentes. De hecho,
se trató de constatar que el grupo
Lambchop se halla cada vez más seguro
y crecido alterando registros country-folk
de cámara con arrebatos rockeros
y terciopelo soul. También quedó
claro con Wire que para
ser un auténtico punk no hacen falta
imperdibles ni ninguna clase de los estereotipos
del género, sólo un sonido
que provoque miedo. La única gran
sorpresa de la última noche del FIB
fue la impactante actuación del grupo
neoyorquino LCD Soundsystem, que lidera
James Murphy. Su demoledor
punk-funk, formado por un corpus de sincopadas
y epilépticas canciones que se inspiran
en James Chance y también
en grupos como Suicide o
Gun Club, sigue la estela
y no tiene nada que envidiar a la propuesta
del grupo !!!, la gran revelación
del pasado Primavera Sound. Como ellos,
LCD Soundsystem son capaces de construir
un universo propio lleno de trance percutivo,
tecno tribal, beats hiper funkies y paroxismo
guitarrístico; un pelotazo rítmico
que se concretará en un primer álbum,
a fin de año.
Teniendo en cuenta que la consumición
más habitual del usuario del festival
son unos enormes tanques, perdón,
vasos, de cerveza de un litro, que se beben
de manera individual o sentados en numerosos
corros de amigos sobre una alfombra de verde
césped que acaba por convertirse
en machacada y reseca paja, no es descabellada
la idea de que Benicàssim se ha convertido
en un evento en el que la cultura del botellón
se plantea a nivel de gran parque temático,
con guardas oteando, desde sendas torres
estratégicamente situadas, para evitar
que nadie se cuele en la fiesta indie sin
pasar por caja. Pero la benévola
orografía permite que muchos puedan
ver por la cara las actuaciones del escenario
principal, sentados cómodamente en
la ladera de la montaña que delimita
la parte trasera del gran patio escolar
que es el FIB, como las que tuvieron lugar
el lunes en una fiesta de despedida encabezada
por el dúo belga 2 Many DJ's,
el único que puede alardear de haber
participado esta temporada en los tres grandes
festivales nacionales, a saber, el Primavera
Sound, el Sónar y el FIB. |
9.8.2004
Despedida
con glamour
Por Francisco
Chacón (El Mundo).
Dandy Warhols,
despejaron las dudas.
 |
Cuerpos al límite
para despedir el maremágnum de
rock y electrónica que ha vuelto
a inundar la
localidad castellonense. ¿Quién
sería el rey de la última
noche (mejor dicho, madrugada), con
miles de fans a medio camino entre el
agotamiento y el deseo de exprimir el
jugo musical hasta el fondo? Los Dandy
Warhols despejaron inmediatamente
las dudas. El rock con glamour del grupo
estadounidense se impuso a pesar de
que su estilizado líder, Courtney
Taylor, estuvo a punto de asesinar
al micrófono, que no terminaba
de funcionar correctamente. Y no ha
sido, ni mucho menos, el único
problema técnico suscitado este
año, por lo que resulta obvio
que la organización debería
tomar buena nota de ello.
Los Warhols son la
banda norteamiercana con un sonido más
descaradamente británico. Proceden
de Portland (Oregón), aquella
ciudad en la que River Phoenix
sufría la enfermedad
del sueño en la película
Mi Idaho privado, de Gus van
Sant. Pero muy bien podrían
haber salido de los clubes más
modernos de Manchester o Glasgow porque
las gotas de sofisticación que
asoman bajo su psicodelia pop resultan
más bien marcianas a la sombra
de Seattle.
Taylor domina la escena
y sabe que el concierto va a alcanzar
su clímax cuando acometa los
acordes de Bohemian like you, la canción
que los lanzó internacionalmente
al ser seleccionada por una firma de
telefonía móvil como sintonía
de uno de sus anuncios publicitarios.
Y efectivamnete ocurre. el público
se olvida del cansancio para saltar
mientras corea ese estribillo contagioso
y el riff de guitarra se eleva hasta
el desenfreno. También piezas
como We used to be friends o If you
were the last junkie on earth consiguen
arrastrar a los fibers. Avanza así
el recorrido por su brillante discofragfía,
que tien muy difícil superar
el nivel de su último disco,
Welcome to the monkey house.
Un compañero generacional de
Courtney Taylor se
encumbró asimismo al altar de
la gloria. Hablamos del intelectual
Kurt Wagner, líder
de los envolventes Lambchop,
una banda de Wasingontn que aspira a
irritar a los inquilinos de la Casa
Blanca no con un rock dmeoledor sino
con la poesía sutil y los mensajes
directos al subconsciente.
Lambchop ya no es aquella
formación que deconstruye el
country hasta extremos irreconocibles.
Sus atmósferas han crecido, se
han enriquecido. Y Wagner se ha ganado
el respeto de la intelligentsia musical
de ambos lados del Atlántico.
El piano cobra un gran protagonismo
en un itinerario que pone los pelos
de punta con sus emociones indisimuladas.
Su despedida fue sencillamente apoteósica
con una versión majestuosa de
This corrosion, uno de los impresionantes
clásicos de The sisters
of mercy (para cuándo,
por cierto, la legendaria banda de Andrew
Eldritch en Benicàssim).
El indisicutible talento de los debutantes
Franz Ferdinand quedó
igualmente al descubierto a pesar de
que les tocó salir justo después
del histórico Brian Wilson.
El rock con actitud arty (sí,
como en lo primeros días de
Roxy Music) tomó de
esta forma el relevo del ex cantante
de los Beach Boys.
Todo un regreso a la California idílica
(se supone) de las chicas, las playas...
y la esencia del pop-. Sus juegos vocales
engancharon a unos festivaleros que,
en su mayoría, no tienen edad
para recordar los días en que
Wilson paseaba su frescura pop en la
América de los 60. Y eso que
su espectáculo vocacionalmente
retro, con momentos como Good vibration
o Surfin USa, parece más propicio
para el Casion de Marbella que le festival
de la modernidad española.
La velada se cerró (y no es la
primera vez en Benicàssim) con
los recurrentes Chemical Brothers,
ese dúo británico con
más de una década de electrónica
poop a sus espaldas. Arrancasron con
Hey boy! Hey girl! y se lanzaron a ese
infalibre repaso a sus grandes éxitos
que todo el mundo aguaradba: Block rockin’
beats, Star guitar, etcétera.
pero su f´romula ofrece manifiestos
síntomas de anquilosameinto.
Tal vez deberían mirarse menos
en el espejo y estar atentos al camino
que siguen sus colegas del otro lado
del Canal (como diría
Julian Barnes).
La compañía de discos
del cantante británico Morrissey,
Sanctuary Records, aseguró en
un comunicado que tras la cancelación
de su actuacón el pasado sábado
debida a «problemas técnicos
con el avión» que lo trasladaba
al FIB, se ofreció a la organización
tocar al día siguiente, pero
ésta «no fue capaz»
de encontrarle acomodo entre el cartel
previsto. El recital que iba a ofrecer
Morrissey el sábado
en el Festival Internacional de Beicàssim
fue cancelado después de que
el agente del ex íder de The
Smiths comunicara a la organización
que los problemas técnicos del
avión que lo trasladaba desde
Londres a Valencia habían obligado
a su regreso a la capital británica.
Sin embargo, desde el FIB se aseguró
ayer que estos problemas habían
sido «de salud» por parte
del artista. Los hermanos José
y Miguel Morán
manifestaron en rueda de prensa su «frustración»
ante la anulación del que había
sido posiblemente el concierto más
esperado de este año y el más
negociado de la historia del festival.
el comunicado de Sanctuary Records,
que apareció publicado ayer en
la página web oficial de
Morrissey (www.morrisseymusic.com)
afirma que el motivo de la cancelación
fueron los problemas técnicos
con el avión que impidieron lelgar
a España a la comitiva del artista.
«Ofrecimos actuar el domingo y
se buscaron otras conexiones aèreas,
pero la organización del festival
no fue capaz de acomodarnos, y nos vimos
obligados a no actuar», añadía
la nota. La compañía asegura
que Morrissey y su
banda tenían mucha ilusión
por tocar en el Festival de Benicàssim
y que regresarán a España
«tan pronto como se acuerden las
fechas necesarias».
9.8.2004
El
pop de Brian Wilson marca el fin de
Benicàssim
Por Luis Hidalgo
(El
País).
The Chemical
Brothers o la noche de los zurriagazos
 |
Brian Wilson
cabalgando sobre ollas imaginarias y los
Chemical Brothers soltando
zurriagazos rítmicos. Dos de las
caras de la postrer jornada del décimo
Benicàssim, que cerró sus
puertas pensando qué quiere ser
de mayor. Puede mantenerse apegado a sus
principios fundacionales y ser independiente
y osado. También puede evolucionar
y ser internacional y más grande,
jugando la baza de las estrellas musicales
que garanticen la vialidad económica
de esta efímera ciudad del rock
cuyas dimensiones ya son enormes. La primera
vía le mantiene en agosto, la otra
le conduce a julio. En ésas está
el FIB tras cumplir 10 años. Ser
o no ser.
Mientras sus rectores optan, la última
jornada de su festival repitió
algunas sensaciones y generó otras
nuevas. Entre las primeras, ese característico
olor a curry y comida vegetal que evoca
agricultura y «buenrrolismo»
alimenticio. Un clásico.
Entre las segundas, esa sensación
de concierto verbenero que impregnó
la actuación de Brian Wilson,
ex cantante de los Beach Boys.
Nunca antes en Benicassim el público
había bailado tan suelto, moviendo
los brazos en torno al cuerpo, sonriendo
a sus compañeros, al aire y a las
nubes, marcando pasos con los pies. Era
una escena de baile antiguo, jovial, de
pueblo, conseguida por quien compuso sus
mejores gemas cuando la vida era tan feliz
que sólo contaban las olas. Música
playera al lado de la playa. Fue tan bonito
que por un instante el mundo pareció
maravilloso.
Da igual que Brian Wilson
no esté para trotes. Salió,
le sentaron frente a un teclado que no
tocó, leyó todas sus letras
en unos monitores emplazados frente a
su cara, pareció el quinto autómata
de Kraftwerk, le doblaron
la voz cubriéndola en las subidas
y una banda fascinante le arropó
en su viaje al paraíso. Brian parecía
buscarlo con una mirada errática
impropia de alguien de este mundo, y de
esa búsqueda brotaron canciones
tiernas y alegres edificadadas mediante
filigranas vocales y un elaborado trenzado
instrumental. Un pedazo de historia, la
de los Beach Boys, que
sonaba en directo por primera vez en España.
un concierto de los de antes. Un tanto
del festival.
Antes de que Chemical Brothers
devolviesen al público a un mundo
hosco y al por mayor pasaron más
cosas. Lo común a todas es que
pudieron verse en las pantallas con las
que cuenta cada escenario, como corresponde
a un festival cque como el de Benicàssim
es audiovisual.
Lo entendieron The Dandy Warhols,
cuyo concierto, por instrucciones explícitas
de la banda, se vio por las pantallas
en blanco y negro e iluminado con estrobos.
Resultó un auténtico espectáculo
visual que contrastó el color de
la visión ocular con los grises
y blancos que ofrecían las tres
pantallas del escenario principal. Convirtió
en notable un concierto de frecuencia
modulada para público generalista.
Plásticamente irreprochable.
La inapelable colección de singles
de Franz Ferdinand, una
banda británica, que seguro volverá
al festival; el acurrucamiento de
Lambchop y de su música
para almas en vilo; el enervante y crispado
sonido de los rejuvenecidos Wire,
unos clásciso con mucha hiel en
su música; los devaneos psicotrópicos
de unos Spiritualized
que pusieron al público a dormir,
y el techno de libro de Hawtin
y Villalobos acabaron por rematar
al personla.
También Arthur Lee,
que completamente pasado de vueltas deparó
un esperpento de actuación que
no a todos los veteranos les sienta bien
el paso del tiempo. Quedaban los Chemical,
que llenaron su explanada de rotunidades
rítmicas para bailar. Fue la rúbrica
de un festival que este año ha
podido atravesar su Rubicón llamando
a las puertas de los clásicos.
9.8.2004
Lou
Reed brilla en la noche rockera de Benicàssim
Por Víctor
Lenore (La Razón).
Tiga, dj
canadiense.
 |
A las ocho de la
tarde del domingo, los legendarios
Love saltaban al escenario Fiberfib,
totalmente rebosante de espectadores y
de expectación. Arthur
Lee es uno de los nombres emblemáticos
de la psicodelia sesentera, coautor de
esa obra maestra que es «Forever
Changes» (67).
Volvieron para recordar a los más
jóvenes su majestuoso repertorio,
lleno de piezas mágicas. Pero su
líder y cantante, Arthur
Lee, único miembro original
de la formación actual, daba muestras
evidentes de borrachera y de dolor por
la reciente muerte del músico y
amigo Rick James. La
preciosa «All again or», primera
salva de la tarde, se mantuvo con alfileres,
pero a partir de ahí comenzó
una cuesta abajo en la que Lee
se ensañaba con su propio material.
«Ven aquí adelante, que se
ve muy bien», le decía una
chica a su amigo. «La verdad es
que prefiero no verlo», replicaba
éste.
Hubo intensos abucheos a partir de la
tercera canción. Un sector del
público se quedó por el
morbo de contemplar un ídolo caído
y la otra aguantó por respeto reverencial
a un mito del pop. La buenas noticias
comenzaron con Wire,
una banda emblemática del postpunk,
quizá el grupo más en forma
entre toda la fiebre de reuniones que
comenzó en los noventa. Admirados
por toda la escena independiente, los
británicos ofrecieron una descarga
de canciones elegantes y brutales, basadas
en la sencillez y la intensidad. Una lección
para el rock actual repleto de propuestas
previsibles e inofensivas.
Al término de su impresionante
concierto, podías empalmar con
el gran Brian Wilson,
que bordó con un recital de menos
a más en el que sonaron casi todos
sus clásicos, como «Good
Vibrations», «God only knows»
y «Wouldn’t it be nice».
Hablamos de himnos eufóricos de
concordia universal, llenos de armonías
y subarmonías reproducidas con
eficacia por una banda de primera. Wilson
se mostró de excelente humor. Su
gira actual está pensada para teatros,
pero la adaptó perfectamente al
formato festival conquistando al público,
que le aplaudió con entusiasmo.
Buenas vibraciones para un feliz reencuentro
con el mayor genio que ha dado la historia
de la música pop.
Las otras grandes estrellas de la noche
fueron Chemical Brothers,
que cumplieron con un «set»
que combinaba emblemáticos «hits»
electrónicos («Block rockin’
beats» o «Hey boy, hey girl»)
con algunos más tranquilos y preciosistas
(el dúo británico no es
tan elemental como muchos lo pintan).
Básicamente, faltó volumen,
porque no es normal que a cinco metros
de los altavoces la gente hablara perfectamente.
En todo caso, una actuación eficiente
y placentera. Entre el resto de artistas,
destacó el pop romántico
de Patrick Wolf, el pegadizo
clasicismo mod de Franz Ferdinand
(los debutantes con más tirón
del festival) y el mordiente soulpunk
de los neoyorquinos LCD Soundsystem
(que tocaron pese a perder su equipo en
un aeropuerto de Londres). El dj canadiense
Tiga cerró el festival
llenando la carpa Hellomoto de elegantes
vibraciones pop. La organización
cifró la asistencia de espectadores
al festival en una media de 30.000 diarios
y se especuló con un posible cambio
del certamen a julio para evitar el colapso
de la ciudad en el mes de agosto.
| | | |
|