ANFIBIOS
Bitácora exclusiva sobre los entresijos, los rumores, las noticias y los conciertos del FIB 2005.

08.08.2005 :: UN DOMINGO CUALQUIERA EN LA VIDA DE NICK CAVE
Al micrófono: Nacho Serrano


Ayer se acabó la undécima edición de este FIB que ya es historia. Si el sábado fue la transición de conciertos, ayer domingo fue el día de las emociones enroscadas de sonido. Muchos (demasiados) platos fuertes para un día al que todos los fibers llegan ya hechos polvo. Se notaba que empezaban a fallar las fuerzas y aunque sea poco menos que surrealista, la gente era capaz de conciliar el sueño al "arrullo" de unos Pan Sonic en plan terroristas electrónicos o un Herbert más tecno que nunca y absolutamente arrebatador. Pero vayamos poco a poco, que desgranar un domingo así no es sencillo.

ALORY MEYERS, SR. CHINARRO Y MIGALA: TRES BOMBARDEOS A MEDIA TARDE

La tarde la abrieron, como casi siempre durante esta edición del FIB, los españoles. Primero los granadinos Lori Meyers, fieles herederos del estilo de los también granadinos Los Planetas. No tienen más que un disco hasta la fecha, pero está lleno de fuerza y en él tienen cabida estilos que van más allá del pop tradicional o el rock & roll. Tienen canciones enormes como "La mujer esponja", "Tokio ya no nos quiere" o la celebradísima "Viaje de estudios" que da nombre también a su disco de debut. Sin embargo fue una pena verles tan poco fogueados en directo a estas alturas. Anunciaron temas nuevos de su próximo disco pero quizás les faltó un poco de empaque a la hora de atacar las canciones con las que ya se han hecho un hueco en el indie nacional.

Antonio Luque, o lo que es lo mismo, Sr. Chinarro, es ya un abonado al FIB. Un artista peculiar, un trovador del punk, un hombre que lleva una vida, quizás no tan rockandroll como otros artistas, pero igual de emocionante que la tuya o que la mía, y con eso le basta. Le basta porque sus canciones van directas al corazón. Entrar en cada uno de los laberintos que suponen sus canciones es un ejercicio que requiere la capacidad de abstraerse y perderse en la mirada que el mismo anda buscando. Quizás soy rebuscado, lo sé, pero Sr. Chinarro es inclasificable y ayer, bajo un sol castigador, volvió a demostrar el porqué, e hizo crecer un poco más su leyenda.
Los que parecen haber acabado ya de escribir esa leyenda son Migala.

Comentaba ayer con otros fibers en mitad de su concierto que a veces es una pena que Migala no venga de algún pueblecito perdido en mitad de los EEUU porque a estas alturas serían genios y no un grupo de freaks españoles. Migala emocionaron ayer con un repaso a su último trabajo, "La increíble aventura" y tocaron grandes éxitos como la mítica "The Guilt" que sonó como si fuese la primera vez que la probaban en directo, emocionantísima. De ser ciertos los rumores que auguran su disolución tras casi nueve años experimentando desde Madrid para el mundo, el de ayer si que fue un concierto histórico, al menos para los españoles que defendemos que en casa tenemos tantas o mejores cosas incluso que en el extranjero. Suerte para ellos.

CIFRAS, NÚMEROS Y FECHAS

32.000 personas es la cifra oficial de asistentes a esta undécima edición del Festival Internacional de Benicàssim, este año más internacional que nunca, puesto que casi la mitad de estos son extranjeros, (muchos, pero que muchos, ingleses). Para la organización este año ha sido todo un éxito y todas esas cosas que se dicen, pero analizando fríamente la situación, a veces uno duda y se queda con la sensación de que quizás el FIB esté olvidando un poco sus raíces y buscando nuevos mercados, más interesantes y más rentables. Es sólo una reflexión personal, pero en líneas generales, este año el festival ha tenido un cartel curiosamente confeccionado para hinchas extranjeros. Artistas campanada en el Reino Unido han visitado nuestra costa para agradar, más que convencer, a un público devoto de sus héroes nacionales, los ingleses. Así pues, Kasabian, Keane, Athlete, Kaiser Chiefs y otros, son grupos que sólo tienen un disco o dos y que son más hipes que grupos a tener en cuenta de verdad. No quiero decir que el cartel de este año no haya contado con auténticas estrellas del pop y del rock, mi reflexión va más bien encaminada por el lado de: "y si prescindiéramos de Keane, Athlete y algún otro… ¿podríamos traer a un David Bowie, por ejemplo?, pero, ¿le interesaría de verdad al público británico un festival con Bowie y sin Kasabian?". Es de esperar que sí, pero con los inglese nunca se sabe. Lo que está claro es que les encanta enrojecer bajo el sol, que son unos bebedores natos de cerveza (son capaces de ingerir hasta 10 litros más por día que el español medio, y eso es dinero. No tengo yo la solución a todo este lío, pero sea como sea, el FIB es un lugar mágico y siempre ganan los buenos momentos.

Además, a partir del próximo año, el FIB Heineken abandonará su ubicación en el mítico primer fin de semana de agosto, para trasladarse al mes de julio. ¿La razón fundamental?, tratar de minimizar los efectos que un evento así provoca en un tranquilo pueblecito de veraneantes invadidos durante cuatro días. Los posibles prejuicios que esto supondrá para el FIB habrá que analizarlos ya el año que viene.

SI EL DÍA TUVIESES 30 HORAS

Al margen de los análisis macroeconómicos del FIB, volvamos a lo que nos ocupa, la música. No recuerdo nunca un día tan plagado de coincidencias horarias como el de ayer. Tras la lujosa actuación de The Wedding Present, los de Leeds dieron paso a un caótico final de fiesta donde coincidían los horarios de todos los artistas de los dos escenarios principales. Además, este domingo fue el de mayor asistencia del público y no era fácil caminar de un lado a otro. Me toco elegir, y me quedé con el escenario verde.

Hot Hot Heat abrieron la noche a base de rock edulcorado, muy bailable y muy disfrutable. Son ya unos veteranos, pero su hándicap estuvo en el desconocimiento que tenemos de estos canadienses por aquí. Me escapé un cuarto de hora para poder ver en directo a esa extraña pareja de finlandeses que se hacen llamar Pan Sonic y que dicen hacer ruidismo digital. Una carpa Hellomoto desangelada les recibió a eso de las nueve y media y ellos se pusieron a hacer lo que mejor saben: ruido. El concepto de ruido en Pan Sonic va más allá del propio ruido. Ellos lo ven así, idas y venidas de agudos y graves y lacerantes golpes de ruido blanco para reforzar la sensación rítmica. Pan Sonic son o genios experimentales o terroristas electrónicos, pero al menos son algo, que ya es mucho más de lo que puede decir la gente normal por la calle.

Y vuelta al escenario verde, y rapidito porque había que coger posiciones para disfrutar de uno de los mejores conciertos de este año, Nick Cave and The Bad Seeds estaban a punto de salir a escena y la emoción ya flotaba en el ambiente. El concierto de Cave también se nos hizo corto, la discografía de este australiano de leyenda da para tanto que él solito podría montarse un festival y tocar los tres días, pero ayer domingo se centró sobre todo en sus dos últimos trabajos, "Abattoir Blues" y "The Lire of Orpheus" para emocionar a una audiencia que le esperaba ansiosa. Arrollador comienzo con "Get ready for love" y salida fulgurante de Cave que desde el principio daba la impresión de que de un momento a otro iba a empezar a subirse por las paredes del escenario. Los Bad Seeds impecables, por eso están considerados uno de los mejores conjuntos musicales de la actualidad, acompañaron a Nick Cave de forma prodigiosa y éste se acercaba y se alejaba de ellos una y otra vez como en una perfecta comunión de grandes canciones. Las mejores fueron "There she goes my beautiful world" y "Supernaturally", pero en conjunto, ver al retorcido Cave sobre el escenario verde moviéndose a base de patadas al aire y abalanzándose sobre el público como si quisiese susurrarle a alguno las canciones, fue prodigioso. Digno de ver. Mejor momento: Nick Cave abandonando el escenario después de casi hora y media de conciertazo como si la cosa no fuese con él, rascándose la cabeza y pensando tal vez, si habría apagado todas las luces de casa antes de salir para Benicàssim, y es que para genios de su talla, ayer fue, tal vez, un domingo cualquiera.

Por ver a Nick Cave tuve que prescindir de la ex Moloko, Roisin Murphy, pero supongo que valió la pena, eso quiero pensar. Y todo preparado para la visita de Oasis. Los Gallagher volvían al fib tras diversos fracasos laborales como los de "Standing On The Shoulder Of Giants" y "Heathen Chemistry", discos muy por debajo del nivel de los que antes les habían encumbrado a los altares del pop internacional. Sin embargo, llegaban con un nuevo disco complejo y que apunta nuevas maneras de emocionar, un tanto empaquetado a modo de producto de marketing, pero con dos canciones enormes como la velvetiana "mucky fingers" y la beatlemaniaca "turn up the sun" (que además abrió el concierto de los de Manchester. Noel y Liam parecen no llevarse bien, y lo único que hacen juntos es emborracharse y pelearse, pero son tan chulos que pùeden salir al escenario y alegrarte la noche o tirarla de golpe a la basura. Con ellos no sabes nunca lo que puede pasar, quizás un gran concierto, quizás un horrible espectáculo. Ayer tuvimos suerte porque Oasis dieron un concierto genial. Nuevas canciones con mucho tirón, las ya mencionadas más el single "Lyla" sonaron arrebatadoras, himnos inteligentes como "(What's the story) morning glory?", "Live forever", "Wonderwall" o la preciosa "Champagne Supernova". Aún así, el final apoteósico sólo podía ser para esa versión que clavan de "My generation" de The Who y la escalofriante "Don`t look back in anger" con todas las manos al aire y las gargantas extasiadas. Mejores momentos: las poses ya míticas de Liam, chuleándole al público con las manos muy cerca de sus partes y la bronca de los hermanitos a un técnico al que amenazaron con despedir. Ellos son así.

Salí de allí corriendo para ver a otro genio, en este caso de la electrónica, Matthew Herbert actuaba a las dos menos diez en el Hellomoto y aunque me costó dios y ayuda llegar allí, merecía la pena el esfuerzo. Escucharle en directo, improvisando sobre sus propias bases, es una pasada. Aunque estuvo quizás demasiado tecno para mi gusto, Herbert nos puso a todos a bailar como quien sopla para mover una pluma que se lleva el viento. En esto de la electrónica los hay que juegan en otra división y en eso está ahora el londinense. Fue una experiencia única, una de esas en las que experimentas que más allá de la música está la cabeza pensante de alguien que te sirve en bandeja lo que tú siempre quisiste escuchar. Sublime.

LA INVASIÓN DE LOS GRUPOS DE UN SOLO DISCO

Ya lo he dicho antes, este año el FIB pecaba un poco de traer grupos de poca entidad, con un buen disco, pero sólo eso, un buen disco. Así pues, la fiesta en el escenario principal la cerraban los británicos Kasabian y los norteamericanos LCD Soundsystem. A los primeros merece la pena pararse a escucharles detenidamente porque ofrecieron en directo lo que ya se adivinaba en su primer disco homónimo, son unos aprendices geniales de Primal Scream que atesoran la juventud suficiente para conseguir en un futuro ser algo en esto del complicado mundo del rock. Buenas sensaciones y todos bailando a su ritmo.

Y para el final, el FIB se reservaba la actuación de un James Murphy reencarnado en genio y figura de LCD Soundsystem, el enésimo hype de esta temporada. La crítica se ha empeñado este año en meternos a los neoyorquinos por los ojos, y aunque su disco (homónimo también) es de alto nivel para lo que muchos están acostumbrados últimamente, en el se destila una producción muy trabajada que luego en directo deja al grupo de Murphy un poco al desnudo. LCD Soundsystem tocan muy juntitos en el escenario, como si les sobrase espacio, y descargan en un segundo toda esa artillería que llevan escondida en las cajas de ritmo y el bajo electrónico. Al final, me pasa con ellos como con muchos otros, necesito saber si podrán volver al FIB dentro de tres o cuatro años convertidos en algo más que una promesa. Ya veremos, pero de momento que sigan por el buen camino.

EPÍLOGO Y AGRADECIMIENTOS

Y hasta aquí ha llegado este FIB Heineken 2005. Cuatro intensos días de música descontrolada y sensaciones implacables. Un año más, el FIB te atrapa y te absorbe hasta sacarte la última gota de sudor. Cuatro días felices al fin y al cabo porque como la sarna con gusto no pica, pues no te cuesta nada abandonar la ciudad para dejar tus huesos reposar en la tienda de campaña empedrada, bajo el sol justiciero y el cansancio acumulado. Soy feliz aquí durante estos cuatro días y esa es la única verdad de todo este asunto. Viva el FIB, y que viva otras cien ediciones más, en julio, agosto o cuando quiera.

Hoy lunes vuelvo a la rutina de mi gran ciudad, pero no quería marcharme sin agradecer aquí la colaboración de los que me han acompañado desde cerca y lejos. Gracias a todos y en especial, a Víctor por estar pendiente siempre de colgar todas estas ralladas que escribo, y a Antonio (guía parril), Roberto (Hikiko Mori) y Jorge (el pop es cosa de guitarras) por venirse conmigo a este FIB inolvidable, por cuidar tan bien de mí y por regalarme frases y apuntes que van aquí escondidos. Gracias, de corazón.

Nada más. Gracias a todos los que me habéis leído aquí en pleno mes de agosto, quizás aburridos, quizás de vacaciones. Un saludo.

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