ZONA DE PRENSA
La actualidad del Festival vista a través de los medios de comunicación. Una completa revista de prensa para que sepas todo lo que gira en torno al espectáculo del verano.



06.08.2005 :: FESTIVAL, DÍA 2

THE CURE Y YO LA TENGO DAN DOS LECCIONES DE CLASE ETERNA
Fuente: Nando Cruz (El Periódico)

El Festival Internacional de Benicàssim, como todos los festivales de música más o menos joven y alternativa, debería justificar su salud, futuro y razón de ser contratando bandas jóvenes y con cosas nuevas que contar, pero el viernes fueron dos formaciones veteranas las que salvaron la jornada y mostraron mejor salud. Los norteamericanos Yo La Tengo y los ingleses The Cure firmaron dos actuaciones memorables que justificaron sobradamente la presencia de más de 33.000 personas en la primera jornada a pleno rendimiento del FIB.

The Cure ofreció uno de los conciertos más enérgicos que se les recuerda. Sin teclista, las guitarras fueron protagonistas de un sonido rabioso y arisco, dentro de las coordenadas atmosféricas y oscuras de su personalidad. Hubo minutos pop con Just like heaven, Friday I'm in love y Boys don't cry, pero durante sus dos horas de actuación mandó un temario esquivo y extraño, con abundantes menciones al disco Wish y clásicos siniestros como A hundred years y Play for today. Tal vez fue un concierto muy largo para los no iniciados, pero Robert Smith parecía decidido a demostrar que su banda está más viva que nunca. Lo logró.

Lo de Yo La Tengo fue comparable en muchos sentidos. Cuando un grupo ha inventado un mundo propio lo puede desarrollar de mil modos distintos. Y su compromiso con su música y leyenda les empuja a reinventar su repertorio cada noche. Empezaron suaves, cálidos y tenues, pese a actuar en un escenario tan grande, trepanaron Big day coming para hacerla sonar nuevamente palpitante y culminaron con una orgía abrupta de distorsión.
La jornada del viernes deparó algunas agradables sorpresas en los escenarios secundarios, como las presentaciones de los artistas de electrónica latinoamericana Pepito y Terrestre. O el dúo The Kills, que suena como PJ Harvey acosada por Jon Spencer en el trastero de Suicide. Recuerdan mucho a Royal Trux, pero cuando te sacuden una descarga de 220 vatios, nadie pregunta por qué no se han atrevido con 280.

A nivel local, La Habitacion Roja reventó la carpa con una actuación aún más motivada y triunfal que de costumbre. "No ganaremos el mundial, pero aquí estamos", exclamó su cantante, Jorge Martí, reivindicando la dignidad de los eternos semifinalistas. Los madrileños Solex nunca pasarán de dieciseisavos, pero su liga es la de la arritmia y la disonancia, la que se cuestiona a diario toda regla compositiva. También Refree se plantea preguntas antes de dar forma a la canción. Por eso las suyas son tan ricas y humanas. En cuarteto sonaron muy consistentes e interpretaron las que posiblemente sean las tres primeras canciones en catalán de la historia de este festival.

Por el escenario principal desfilaron sucedáneos menores de Coldplay (Athlete y Doves) y también Basement Jaxx, que, como Fischersponer horas antes, han descubierto que no hay nada mejor para envolver un repertorio parco en ideas que una montaje generoso.

EL OSCURO CARISMA DE THE CURE
Fuente: Luis Hidalgo (El País)

Unos clásicos como The Cure fueron los encargados de orlar con señorío la segunda noche de Benicàssim. Mediante un concierto intachable, la banda británica impuso su jerarquía autoafirmando sonido, carisma y repertorio ante la multitud que se apostó frente al escenario principal. Ésta perdió algo de acento inglés, diluido por la presencia de más público nacional que en la jornada de apertura. Al margen de The Cure, los norteamericanos Yo La Tengo apabullaron con otro de los conciertos más intensos de una jornada en la que también destacaron Basement Jaxx. El sábado trajo el luto, y la muerte de un fiber, un joven irlandés de 28 años que, al parecer y según las primeras investigaciones, padecía asma y que fue encontrado sin vida dentro de su tienda de campaña.

La solvencia de The Cure quedó patente ya en el mismo inicio del concierto. Hay artistas, entre ellos los artistas que de verdad pesan, que por el mero hecho de pisar escenario crecen cinco palmos. Es el caso de Robert Smith. Desde los primeros compases de su actuación se percibió el empaque y presencia de un grupo que llenó la atestada explanada de connotaciones lóbregas, ambientaciones en claroscuro y un tono opresivo propio de habitaciones sofocantes. Y con candelabros. Era el sonido Cure, una vez más claustrofóbico. Podrá gustar o no, pero The Cure dieron una lección de cómo defenderlo. Es más, lo hicieron sin el tradicional concurso de los teclados, fiando el acabado de los temas al excelente trabajo de una única guitarra solista, encargada de perfilar las melodías de acompañamiento a la línea principal de las canciones. Robert Smith, con guitarra rítmica, un bajista que por actitud parecía salido de una banda punk, y una batería completaron el grupo. Menos fue más. Al frente de todo ello, un personaje que un niño atribuiría a la imaginación de Tim Burton. Con el pelo despuntado, un borrón de carmín recorriendo los labios en trazo grueso, ojos sombreados de pestaña a cejas y vestimenta oscura. Robert Smith, el icono.

Plantado allá en el escenario para imponer una voz que sonó plena, rotunda, con agallas para subir hasta lo más alto de los estribillos. No hubo muchos populares. Obviando los clásicos más consabidos, The Cure parecieron reivindicar más su sonido que sus canciones, imponiendo personalidad por encima de logros puntuales. Fue así un concierto oscuro que resplandeció cuando por ejemplo, en Just like heaven, las cegadoras del escenario iluminaron las caras de la multitud, cruzadas por sonrisas. El público disfrutaba, y pocas cosas hay tan luminosas como una multitud disfrutando. Robert Smith lo consiguió. Hizo bien su trabajo. Le sigue teniendo respeto.
Antes de The Cure el protagonismo recayó en tres artistas sin pinta de artistas. Destacan por otros motivos. Si hay futbolistas de los que se dice "tienen gol", hay músicos de los que se puede asegurar "tienen música". Son músicos imaginativos, abiertos, creativos y fantasiosos que expresan con total soltura y naturalidad todo ese mundo de sonidos que sus cabezas albergan. Son músicos como Yo La Tengo, artistas con recursos para intercambiarse instrumentos, roles y responsabilidades en función de cada pieza. Son grupos que en este caso, con la formación más básica del rock, un trío, comparten con el público un mundo complejo y versátil en el que conviven canciones convencionales con estribillo junto a arañazos de distorsión, ritmos secos y ciclones de electricidad desmandada.
Eso fue el excelente concierto de Yo La Tengo, un concierto de ideas expresadas con imaginación e intención. Habiendo eso no hace falta más que tres músicos, que, incluso sin pinta de artistas, llenarán de emoción sus canciones. Otros iconos. Estos del indie-rock. Yo La Tengo, un concierto con mayúsculas.

Y una fiesta con mayúsculas fue lo que luego organizaron Basement Jaxx con un concierto verbenero a más no poder. Muchos músicos en escena, ¿se habrán olvidado algunos de que los samplers se inventaron para algo?, sirviendo una ración de soul, house y funk encarnados en dos coristas de película. Movían sus abundantes carnes de una manera tan contagiosa que el público no podía sino contagiarse y bailar. En realidad es para lo único que sirve la música de Basement Jaxx, música de chiringuito fino. Para desnudarse sirve la de Peaches, que lo hizo sólo parcialmente mientras actuaban The Cure.

Más tarde, Prefuse 73 hizo hip-hop instrumental y cupo preguntarse qué hacía Scott Herren además de algún scratch. It's crowded sonó igual que en disco, sólo que con dos baterías. No fue para flipar, que se dice. Ya muy tarde, Doves se pusieron líricos cerrando el escenario principal y el segundo día de Benicàssim enfiló camino al recuerdo. Un brillante recuerdo en negro.


LOS INCOMBUSTIBLES THE CURE ECLIPSAN AL RESTO DEL CARTEL
Fuente: Ramón Súrio (La Vanguardia)

Tras el triunfal regreso de The Cure cierran hoy el FIB Oasis y Nick Cave como cabezas de un apretado cartel que incluye a LCD Soundsystem y Matthew Herbert. Para calibrar la expectación despertada por el retorno de The Cure sólo hacía falta ver la sala de prensa en la cita, previa al concierto, que Robert Smith tuvo con los medios. Como se suele decir, no cabía un alfiler: debían de superarse las trescientas personas. Dos horas antes de pisar el escenario, Smith ya iba de uniforme, maquillado cual vampiro tierno, tal como su personaje requiere. Se le preguntó si le parece correcto definir su música como una mezcla de belleza e ira, a lo que contestó que "suena bonito, pero demasiado simple", ya que su música incluye otros ingredientes como "frustración, violencia, el paso del tiempo y la angustia existencial", algo, esto último, que según él está muy devaluado. Luego confesó que el reciente retorno a la banda del guitarrista Porl Thomson, con el que aún no habían realizado ningún concierto completo, y el hecho de actuar en un festival les hizo modificar a última hora el repertorio. También anunció que en lo que queda de año van a seguir funcionando como cuarteto y que grabarán un nuevo disco en otoño, cuya edición está prevista para su próximo cumpleaños (el 21 de abril).

Robert Smith dijo que iban a ofrecer una actuación oscura y para fans, pero por fortuna sólo se cumplió la segunda premisa, porque fue un concierto de guitarras que resultaron más prístinas que siniestras. Thomson fue un solista excelente y eso permitió a Smith concentrarse en las atmósferas mientras la sección de ritmo tejía su omnipresente colchón. Lo único que se echó en falta fue algo de teclados, aunque a la postre fue un mal menor que no deslució en absoluto un largo concierto que con los bises superó las dos horas.
Que decidieran acabar con Boys don´t cry demuestra el grado de sensibilidad que tuvieron con su feligresía en la culminación del rescate de una veintena de canciones de todas sus épocas, entre las que no faltaron Fascination street, The blood, Lullaby, Just like heaven o Disintegration.

Hasta el extremo de que, de su último disco, apenas tocaron el single The end of the world.

The Cure eclipsó al resto del cartel del viernes, por mucho que la espectacular puesta en escena de Basement Jaxx, el grupo que les siguió en el escenario principal, mantuviera una considerable porción de un público rendido a las consignas bailables de los británicos, cuyo orgánico pastiche osciló del hipervitamínico funk-rock, trufado de orondas vocalistas negras, a sus infalibles ritmos house.

De la canadiense Peaches sólo vimos las espectaculares botas plateadas de vertiginosos talones. A los Fisherspooner hubo que intuirlos desde la lejanía debido a que la carpa Hellomoto fue insuficiente para acoger la gran cantidad de público. Los neoyorquinos se beneficiaron de la poco complaciente actuación que sus compatriotas Yo La Tengo oficiaron a la misma hora en el escenario principal.

Ayer, en la segunda jornada, no hubo nombres epatantes. Lo más apetecible, entre la letra pequeña; el punk-funk de !!! y Radio 4, los nuevos modos de crooner que gasta el ex Pulp Richard Hawley o el delicioso pop de los catalanes Love of Lesbian.
THE CURE TRIUNFA EN BENICASSIM
Fuente: Lorena Pardo (ABC)

Los sonidos anglófonos de Yo la Tengo y The Kills rompieron moldes en la primera noche del Festival Internacional de Benicasim, con mayor presencia este año de grupos internacionales y total ausencia, en los días de cartel, de grupos nacionales. «Esto es la muestra de que la música indie creativa está en crisis en España», dicen los que saben. Otros reclaman el Escenario Verde para formaciones como «La habitación Roja», que se merecería haber tocado donde los grandes en lugar del constreñido Escenario Fib Club, donde pesa más el calor de la humanidad, tan abrazada en estas noches de Benicasim.

En lo que coinciden todos es que el sonido del Escenario Verde ha mejorado con el paso de los días, salvando algunas carencias de volumen, la calidad ha mejorado llegada la recta final de conciertos que se suceden entre largas pausas de montaje entre grupo y grupo, la parafernalia y los metros de cables son muchos a pesar de que éste, uno de los escenarios con más metros cuadrados del mundo, ofrece la posibilidad de adelantar el montaje entre bambalinas, mientras tocan los anteriores.

La nota globalizadora la puso Bassement Jaxx, una ración de house y funk de cálidas resonancias y una puesta en escena del todo atractiva, colorista, marchosa y diferente. Este grupo despertó al baile a los más agarrotados en una hora donde el fiber ya lleva sobredosis de música. No obstante, el gran esperado del cartel fue The Cure, un Robert Smith que hacía acto de presencia en el Escenario Verde en una actitud más extrovertida de lo que estamos acostumbrados a ver, en una pose que esbozó incluso momentos de tímida sonrisa. The Cure entusiasmó mayoritariamente: era el concierto de la noche, otros piensan que fue un concierto más para sus fans, pero a nadie pasó desapercibida la altísima calidad de su banda, especialmente en lo que respecta a sus guitarristas.

El grupo de New Jersey Yo la Tengo fue la gran expectativa del público inglés, que no ha podido disfrutar de sus sonidos en Gran Bretaña, donde público y prensa han estado de espaldas al grupo que puso sobre el Escenario Fiberfib grandes éxitos de su reciente triple recopilatorio. El trío, conocidísimo en España, no defraudó al público inglés, que respondió con su concierto a las expectativas nada infundadas.

Para muchos The Kills fue el concierto de la noche en una puesta en escena que despertó pasiones. «Este concierto era una sorpresa anunciada». Y es que las cajas de ritmos y la guitarra eran más que suficiente para estos dos músicos que consiguieron llenar con un concierto muy rítmico el Escenario FiberFib, que no pasará desapercibido en la carrera musical de este grupo, que comienza a tomar una gran importancia.

La jornada de ayer se teñía de sorpresa y consternación en el recinto de acampada del Festival, donde varios jóvenes dieron el aviso del fallecimiento de un compañero de 28 años. Se trata de un joven irlandés, quien, según indicaron familiares que le acompañaban, padecía de antecedentes asmáticos, que pudieran relacionarse con la causa de la muerte, no obstante las circunstancias de esta muerte se determinarán mañana lunes mediante autopsia. El cuerpo no presenta signos aparentes de violencia.