ZONA DE PRENSA
La actualidad del Festival vista a través de los medios de comunicación. Una completa revista de prensa para que sepas todo lo que gira en torno al espectáculo del verano.


PRIMER DÍA

22.07.2006 :: BENICÀSSIM BAILA Y SUDA
Fuente: Nando Cruz (El periódico)

Os gusta bailar? ¿Os gusta sudar? ¿Os gusta hacer el amor? Somos Scissor Sisters y con nosotros vais a bailar, sudar y hacer el amor". Los estadounidenses Scissor Sisters no serán el grupo más vanguardista e imaginativo del último cuarto de siglo. Ni siquiera el más interesante de la duodécima edición del Festival Internacional de Benicàssim, pero se les contrató para divertir al personal en la jornada prólogo y cumplieron. La fiesta de inauguración del FIB-2006 solo se pudo llamar fiesta gracias a ellos. Y eso que la jornada del jueves batió un nuevo récord, superando los 21.000 espectadores de 2005.

A las tres de la madrugada el quinteto neoyorquino tomaba el escenario principal. Justo entonces, la afluencia de público daba una medida del éxito de convocatoria de esta edición del FIB. Los ingleses, por ejemplo, llegaron en masa atraídos por esa apología del falsete, la brillantina, el kitsch, el baile y el sexo que es el repertorio de Scissor Sisters. Tan predispuesta estaba la gente que el grupo se atrevió a dedicar la mitad de su concierto a estrenar parte de su segundo disco, que se edita en septiembre. Cuando rescataban alguno de los hits de su debut, un espectador alzaba un elocuente cartón en el que se leía temazo. Hasta ese momento la fiesta de inauguración había tenido poco de fiesta. La reposada y sensible actuación del cantautor Teitur (una suerte de Ron Sexsmith de las islas Feroe) fue un dulce bálsamo previo al pase de Tom Verlaine. Sentado en una silla junto a otro guitarrista, se enfrascó en retorcidos punteos inspirados en sus años como renovador de la guitarra desde la vanguardia neoyorquina.

Cuando los aderezaba con sus evocadores recitados vocales la cosa ganaba interés, pero, en cualquier caso, no fue un concierto precisamente festivo ni contagioso. Los experimentos siguieron con los toledanos The Sunday Drivers, respaldados por una sección de cuerdas que aportó ropajes clásicos a un repertorio de corte ya bastante clásico. Mucha pompa y bastante entusiasmo entre los espectadores españoles para un grupo que a los ingleses debió de sonarles como una versión sin nervio de los Oasis más anodinos.

Howe Gelb también apostó por un concierto especial y se presentó con cuatro músicos y ocho coristas. El estadounidense aparcó por un día sus deconstrucciones de country-rock desértico y apostó por un gospel-rock más estructurado que recibía jubilosas inyecciones de vitalidad desde el coro. Fue el único concierto que combinó intención artística y un resultado llamativo; el más destacado de una jornada muy a medio gas. Claro que los que se aburrían tenían la alternativa fiestera en una carpa donde se pinchaban clásicos del indie para nostálgicos.

Evitar los intrusos
Una vez asegurada la venta de todas las entradas, la organización del festival solo tiene una preocupación: que todo funcione correctamente y que no haya problemas de seguridad. Para evitar que se cuele gente a lo largo del frágil perímetro de vallas que rodea el recinto, este año se han alzado torres de vigilancia parecidas a las de las prisiones. La visión desde allí debe de ser casi privilegiada, como desde el puente que cruza la carretera nacional 2. El jueves, mientras Scissor Sisters acababan su actuación, había un ambientazo de cuidado. Y gratis.



22.07.2006 :: YA ES OTOÑO EN EL FIB
Fuente: Jesús Lillo (ABC)

TSólo las Scissor Sisters lograron llenar la pista central del recinto del FIB en la jornada inaugural del jueves. El público, disociado, había escenificado hasta entonces la ruptura que provocan los dos polos de ese imán que cada año -y a través de estímulos creativos y recreativos, cultura y ocio- atrae a los aficionados al rock hasta concentrarlos en recintos masificados.

Cierto es que hay centenares de bandas capaces de hacerse oír, aplaudir y bailar, todo a la vez, grupos y artistas que, como la Coca-Cola, combinan con cualquier cosa, pero el cartel de la fiesta de apertura de la muestra levantina fue tan radical, alcohol seco, sin destilar, que la mayoría de los asistentes prefirió sintonizar la señal dulzona de la única discoteca abierta en el solar del FIB, donde la nutrida colonia británica acampó desde muy temprano para jalear, de oídas, a los Stone Roses, los Flaming Lips, OMD o lo que le echaran en el vaso desde la cabina.

Muy pocos ocuparon plaza frente al escenario grande, donde se sucedió una serie de funciones intimistas, teatro alternativo para abrir el telón del festival de las estrellas.

-Dos entradas, por favor.

-¿Centraditas, para el sábado?

-No, mejor para el jueves. Es para verlo de lado.

El programa de mano de la primera jornada del FIB parecía traspapelado, como una hoja caída de un festival de otoño y pista cubierta: una miniorquesta sinfónica, un coro de iglesia, dos guitarristas sentados... Poca luz, la justa, y ningún efecto especial sobre las tablas. Estímulos exclusivamente creativos.

Drama de atmósferas y trances

Tom Verlaine dirigió un concierto para cuatro manos de guitarra, cuatro manos de pintura al sobrenatural. Acompañado de Jimmy Rip, con el que viene realizando piezas instrumentales para viejas películas mudas y largometrajes marginales, el compositor norteamericano prescindió del monumental legado de Television, permanentemente reivindicado por bandas en busca de referencias cultas, y repasó su esquiva obra en solitario, algo parecido, de lejos, a las canciones.

Tom Verlaine canta, pero su voz y sus poemas no pasan de ser elementos secundarios de un narrativa en la que la guitarra interpreta el papel protagonista. Drama de atmósferas y trances, abstraído y sin título. Si Richard Hell, quien fue su compañero en el Nueva York de los primeros años setenta, terminó por renunciar a las estrecheces formales del rock para practicar el nudismo de la poesía, Verlaine ha recorrido el camino inverso con la intención de ensayar las posibilidades de la guitarra, también desnuda, como emisora de mensajes emocionados, empeño que ya se podía apreciar, hace treinta años, en el debut de Television: en «Marquee Moon» (1977) había estrofas y estribillos, pero en la memoria del rock, por encima de la letra, queda el hechicero zigzag labrado con las cuerdas de su guitarra, no de su garganta.

A eso se sigue dedicando Tom Verlaine, que la noche del pasado jueves y hasta hacerse daño, hasta la distorsión, volvió a sacarle preciosas púas de sonido a un instrumento transformado en cactus, carne y espinas en un desierto de estímulos. Sólo una minoría, sentada en el suelo y con la mirada perdida en el aire, apreció los delicados requiebros de un cortejo de naturaleza y finalidad masturbatorias. Con dos guitarras. A cuatro manos. El gusto fue mayormente suyo.

Reverendo Gelb

Algo más tarde -el mismo escenario, similar indiferencia en medio de un botellón para abonados- Howe Gelb presentó «Sno Angel With You», uno de los mejores álbumes de la temporada. El líder de Giant Sand, a quienes sus fieles no le perdonaron que dejara a un lado su repertorio clásico -«Demuestra que sabes tocar la guitarra», le gritó un aficionado de toda la vida- venía vestido de vaquero, pero se le veía la sotana por debajo de la ropa. Reverendo Gelb. Sepa Dios qué hacía en una iglesia este judío, habituado a los espacios abiertos de la frontera mexicana, pero fue ahí, en un templo cristiano, camino de Damasco, donde se quedó prendado del coro con el que ha grabado su último disco, un conjunto de misa de diez que no tardó en fichar para espiritualizar su obra, arenosa y seca.

En un festival que sigue mostrando su contumaz rechazo a la música negra -de la que se admiten, si caso, versiones blanqueadas- la actuación de Voice Of Praise fue una merienda-cena de negros: alma, corazón y vida salvaje en un recinto de turistas caucasianos. Habitante del borde de los sentimientos, donde también se rozan los subgéneros del rock, Gelb ofició un soberbio espectáculo de confesiones y plegarias, de idas y vueltas alrededor de los altares del folk y el soul, más intenso cuanto más se soltaban el pelo, cabello de ángel, sus coristas y se llevaban por delante las esencias vaqueras del compositor americano.

Menos afortunado fue el ensamblaje de los españoles Sunday Drivers con la orquesta Amalgama, que, pese a tener nombre de criadero de larvas de «Operación Triunfo», iba bastante en serio. Simples pinceladas sinfónicas, previsibles adornos, en un diálogo de sordos, cada uno a lo suyo, que contrastó con el apareamiento -más fluido, sin pudor- del danés Teitur con los mismos violines. Cerraron la noche las Scissor Sisters con un espectáculo, paramusical, cuyo único interés estaba en saber cuánto había engordado Ana Matronic y si Jake Shears se iba a volver a quedar en pelotas, como hace dos años, páginas rosas de un festival en el que, además de música, también se habla del estado de Pete Doherty o del partido de hoy entre periodistas y cantantes. Dan paella.


21.07.2006 ::UNA AVALANCHA DE PÚBLICO SIN CONSECUENCIAS MARCA LA PRIMERA NOCHE DEL FIB
Fuente: EFE

La primera jornada del Festival Internacional de Benicássim (FIB) se vio marcada por la suspensión durante media hora del concierto de The Pixies y por la convincente actuación de The Strokes. Esta noche, turno para Morrisey y Franz Ferdinand.

Miles de 'fibers' abarrotaron el Escenario Verde para asistir al esperado recital de la banda de Frank Black, autora de discos imprescindibles de finales de los 80 como 'Surfer Rosa', 'Doolittle' y 'Bossanova'. Sin embargo, apenas veinte minutos después del comienzo y durante el éxtasis de 'Monkey gone to heaven' Black ordenó a sus compañeros —Kim Deal al bajo, Joey Santiago a la guitarra y David Lovering a la batería— abandonar el escenario Según la organización, las vallas centrales, más cercanas al escenario, cedieron ante la masiva presencia de público y su creciente empuje desde la explanada, aunque no se registraron daños personales.

Finalmente, los técnicos consiguieron afianzar una nueva barrera de protección, y The Pixies regresaron para ofrecer algo más de media hora de concierto, donde sonaron más temas clásicos de su repertorio como 'Here comes your man' —la más coreada-, 'Where is my mind' o 'Gigantic'. El cuarteto de Boston dio una lección de cómo envejecer defendiendo su música. Y

poco después, tras años de espera del planeta 'indie', sonaron The Strokes en Benicàssim. Se les esperaba con expectación y el grupo respondió con el sonido de su música en directo, ruidosa, precipitada y pegadiza, sin artificios: la mejor versión de la banda más 'cool' de Nueva York Julian Casablancas y sus 'compinches' realizaron un popular y seguro recorrido por sus tres discos, encadenando temas de elevado ritmo como 'New York City Cops', 'You only live once' o 'Last nite', sin apenas concesiones al intimismo, salvo el solitario sonido de un órgano en 'I've got nothing to say'.

Cuero en la vestimenta, luces retrógradas, rock y objetivo cumplido ante un público entregado, y convencido de que los mejores acordes de estos jóvenes suenan alejados de las complejas producciones discográficas de sus últimos trabajos. Esta primera gran jornada del FIB también acogió los conciertos de The Futureheads —con su mezcla de The Clash y Franz Ferdinand—, Echo and the Bunnymen —segunda visita al festival en tres años, repasando temas de los 80 y defendiendo con dignidad su nuevo disco, 'Siberia'—, Dominique A, Manta Ray, Babyshambles, Grande-Marlaska, 12Twelve, Isolée, Colder y Nathan Fake. Para esta noche se esperan, principalmente, los conciertos de Morrissey y Franz Ferdinand, junto a Rufus Wainwright, Jay-Jay Johanson o Soulwax.

NOTICIAS ANTERIORES
21.07.2005 Los preparativos
01.07.2005 Mayo y junio
01.05.2005 Marzo y abril