Un especial de
El espíritu de la Navidad

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NAVIDAD GLOBAL

Por Francisco Umbral
El Mundo, 9 de diciembre de 2003
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Ahora que todo tiende a la globalización, caemos en la cuenta de que lo más global que se ha inventado es el cristianismo. la navidad se celebra en toda la Tierra y Cristo tiene cara de chino o de canguro según convenga a la circunstancia, como la Virgen tiene cara de gueisa, de abulense o de japonesa según el espacio geográfico.

El cristianismo empezó siendo una forma de religión, luego fue una forma de hermandad y hoy es una forma de consumo. El cristianismo, sobre el cual ya se filosofa poco, se ha refugiado en las grandes superficies, en la esquina final de cada año y en El Corte Inglés. Es una forma de consumo que supera cualquier eslogan. Estamos en navidades todo el mes de diciembre y eso requiere dar muchas copas, mandar muchos regalos y honrar a la Santa Constitución. A mí, Cuqui Fierro me ha mandado una corbata de fino dibujo sobre fondo plata, que firma Versace. José Luis me envía una botella/crisol sobre fondo mítico, con mucho vino. Yo no bebo vino, pero lo repartiré entre mis amigos, como el propio Cristo. Y no sigo con la enumeración porque descarrilaría el artículo.

El astronauta Aldrin ha propuesto al Gobierno de Estados Unidos montar una estación espacial en la Luna para que el turismo navideño pueda pasar las fiestas en la guarida auténtica y nevada de Papá Noel. Algo así como el autobús de la Moncloa con parada en Princesa. de la Luna a la chimenea pasando por la Universdidad. Eso me parece a mí un turismo globalizado para ricos, porque ahora el turismo, por mucho que diga el Gobierno, no pasaba de Mazarrón. han caído los valores, pero han subido las marcas. Hoy es tan sagrada una marca del citado Versace o de otro como una estampa de San Pantaleón, un santo muy raro de menstruaciones anales y masculinas.

La globalización consiste realmente en globalizar el dinero para que pase de mano en mano por todo el planeta, dejando un cardenillo de beneficio en todas las manos. Cristo es un descubrimiento de los comerciantes. A mí, por navidades, me regalaban un parchís. A los niños de ahora les regalan un ordenador para que vayan y vengan en su juego espacial, pues el espacio se ha convertido en la nueva religión del gran tecnicismo laico.

Hay que cristianizar lo espacial para ir celebrando la Nochevieja en cada estrella. Hay que poner Harrods, Laffayettes, y Cortes Ingleses en toda la Vía Láctea para asegurarse de que el dinero de los banqueros vuelve a los banqueros después de haber hecho un periplo por las cuentas corrientes de Marte, donde no hay marcianos sino contables.

Con una mano nos dan la paga extraordinaria y con la otra nos la quitan a cambio de regalos adultos o infantiles que antes eran un tributo al consumo y ahora son un tributo a la globalización. Los periódicos se acuerdan de los escritores por navidades y nos piden a todos un cuento muy navideño. Es la nota piadosa de la literatura. El cuento o relato corto o narración breve es un género muerto, a no ser que lo haga Borges o Jorge Cela Trilock. A mí es que no se me ocurre nada este año. Estoy esperando a que caiga un nevarrón a ver si se me ocurre algo.

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