Un especial de
El espíritu de la Navidad

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SENTIDO DE LA NAVIDAD

Por Rosa Regás
El Correo, 29 de diciembre de 2001
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YA ha pasado la Navidad. Nos queda aún la fiesta de Año Nuevo, que se dobla por el famoso 'puente', para acabar en los Reyes Magos, un detonador de regalos infantiles que nos viene a dar cuenta de cómo está la si- tuación económica en nuestro país. Hasta ahora apenas hemos notado la crisis que viene afectando a las economías occidentales.
Incluso el Rey nos ha hablado de esa crisis que intentamos ver como lejana, a pesar de que todos los indicadores nos están diciendo que también nos va tocando a nosotros, muy probablemente porque nuestros ministros, sobre todo el de Hacienda y el de Economía, y con ellos el presidente del país, insisten en que somos autónomos económicamente hablando, y que por mucho que los ingleses, los alemanes y los franceses comiencen a temblar, nosotros podemos dormir tranquilos.

Y es así como vivimos sin querernos enterar de lo que pasa. Claro que en Argentina también hay un segmento de la población que, ni queriéndose enterar, se enteraría de que su país está al borde de la quiebra. Son los de siempre, ese 5 ó 10% que, pase lo que pase, tiene sus dineros a buen recaudo y la crisis le deja igual a como estaba, cuando no mejor. A veces pienso que la economía mundial funciona a favor de esos pocos, y que el otro 90% -más de la mitad de los cuales muere de hambre- han nacido sólo para que los ricos riquísimos puedan seguir tirando por la borda los bienes que los demás nunca podrán alcanzar.

Sólo se me ocurre, ya que la mayoría del mundo occidental es cristiano, recordar que celebramos el nacimiento de un hombre que nos enseñó la igualdad entre todos los que hemos nacido bajo la capa del sol, y afirmó que más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos. Eso dijo, aunque la Iglesia se empeñe ahora en que eso no es más que una simple metáfora.

El mismo hombre, Jesús, que sólo se enfureció cuando echó del Templo a latigazos a los que lo habían convertido en una casa de ladrones. También habló de justicia, del pecado de matar, negó el derecho a la venganza y se enfrentó solo a los poderosos del mundo y a los próceres de la religión. Únicamente lo recuerdo porque todo parece indicar que esto es precisamente lo que hemos olvidado.
¡Felices fiestas!

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