|
<< Atrás
CUENTO
DE NAVIDAD
Por Juan José Millás
Cuerpo y prótesis
-------------------------------------------------------
Un día,
por estas fechas, llegó a casa de algún
modo inexplicable un jamón. Su presencia
produjo en la familia un choque emocional indescriptible.
Parecía una pata incorrupta más
que un fiambre. Lo colgamos del techo de la
despensa y cada poco íbamos a adorarlo
en su soledad aromática. Mi madre nos
explicaba cómo debía partirse
y de qué grosor debían ser las
lonchas asegurando que en las profundidades
de aquella carne oscura permanecía enterrado
un hueso que serviría para hacer caldo.
Pero si le preguntábamos cuándo
comenzaríamos a comérnoslo, ella
decía indefectiblemente:
-Cuando tengamos un cuchillo de cortar jamón.
No creáis que sirve cualquiera. Habíamos
aceptado que aquel cuchillo específico
debería aparecer de un modo extraordinario
o sobrenatural en nuestras vidas y esperábamos
su advenimiento con ansiedad religiosa. Entre
tanto, por mi casa pasaban cada tarde amigos
del colegio que venían a ver el jamón.
Los recuerdo entrando en la vivienda sobrecogidos
ya por lo que les habíamos contado, pero
cuando abríamos la despensa y aparecía
colgado del techo aquel resto porcino cubierto
de grasa dorada y melancólica, la gente
no llegaba a caer de rodillas, pero casi.
Y cuando mis padres tenían visita, después
de haberles dado de merendar un café
con galletas revenidas, mi madre se disculpaba
por no haberles ofrecido un poco de jamón.
-Es que no tenemos cuchillo –añadía
a modo de disculpa.
Como quiera que las visitas pusieran un gesto
de escepticismo, ella iba a la despensa y volvía
con el fiambre en brazos, mostrándolo
con el mismo orgullo que si se tratara de un
hijo que hubiera terminado empresariales.
A los pocos meses, comenzaron a salirle gusanos
de lo más hondo, pues quizá estaba
mal curado, y no tuvimos la oportunidad de contemplar
el milagro del hueso. En lugar de tirarlo a
la basura, lo enterramos en el patio de atrás,
como si hubiera fallecido, y hasta hace muy
poco, siempre que pasábamos por delante
de su tumba, derramábamos unas lágrimas.
Felices Pascuas.
<< Atrás
|
|