Un especial de
Tradiciones

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EL PAVO DE NAVIDAD

Por Pablo Carbonell
EPS, 10 de diciembre de 2000
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Hola, amigos, soy el pavo de la Navidad. Estoy tumbado en la cocina con las patas atadas, y no sé volar. Antes sabía, claro, pero hombre me ha hecho muy sedentario, tantos piensos compuesto, tanto corral, y sobre todo, tanto llamarme pavo, que al final me he quedado gilipollas. Hoy es Nochebuena, y las familias católicas celebran a costa de mis muslitos que tal día como hoy nació el filósofo más ingenuo de la historia. Perdonen la brusquedad, pero los animales no creemos en Dioses ni en Sus hijos.

Además, qué cojones, hoy nace El Niño y me matan a mí: estas paradojas no tienen gracias: Esta noche se canta y, como casi nadie sabe, se ponen ciegos de sucedáneo de sidra-champán y lo mismo les da “La Virgen se está lavando”, que “Una mujé ene. Armario, que doló, que doló”. Hoy la costumbre es pactar con la hipocresía para plantar la semilla de la ilusión del amor entre las personas, pero sin olvidar la opulencia, el turrón, el derroche y los grandes almacenes.

Hoy tienen que demostrar la grandeza de su fe a golpe de desatino económico. ¡Aleluya! Tienen que gritar al mundo que su amor sectario y ridículo es más grande que ellos mismos. Hoy, en nombre del Niño-Dios, la gula es apostolado y donde se ponga este banquete que se quite el Ramadán. ¡Amén! Y yo al horno, por pavo.


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