Un especial de
Tradiciones

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NOCHE DE CUÑADOS Y PANDERETAS

Por Paz Padilla
EPS, 10 de diciembre de 2003
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Oyes por todas partes, ¡Felicidades!
-¿Cómo?
-¡Feliz Navidad! ¡Feliz Navidad!
-¡Ah!; Feliz Navidad… bueno, bueno, habrá que verlo.

Porque cada año es el mismo dilema:
-¿En tu casa o en la mía?
-¡Ah, no! En mi casa no, llevamos tres años haciendo la cena en la mía, ¡este año, en la tuya! Que luego la casa se queda más revuelta que los pelos de Tina Turner y friego más platos que los de Villabajo.

¿Cómo puede ser que cada año se repita lo mismo? La misma gente, el mismo mantel. Lo único que cambia es la vajilla, como siempre se rompen platos… La mesa tiene más colores que una cumbre internacional. Y esa decoración tan navideña, con sus guirnaldas doradas por todas partes, bordeando el mueble-bar, el microondas, hasta en l a cadena del water en forma de liana galáctical.

Y la familia… Lo peor no es soportar a la suegra, sino a un cuñado que se cree gracioso. ¿Quién le dijo que es gracioso contando chistes? Todo en la conversación le recuerda algún chiste.

-¿Sabéis, familia? ¡Me voy a casar!
Y salta el cuñado.
-¡Casarte! Si el matrimonio es como los bancos… Tanto sacar y meter se pierde el interés. ¡Ya! ¡Ja, ja!

Él sigue y sigue, y tú miras esa mesa, con las gambas, gordas, rosadas, puestas en la bandeja alineadas como en un musical de Boradway. Y cuando coges una para llevártela a la boca, el cuñadito vuelve a interrumpir, y te quedas paralizada escuchándolo (por educación), pero esta vez el chiste dura diez minutos y tu cara se va acartonando, empiezas a tener hormigueo por los párpados, miras a tu alrededor, y ves que todos están igual que tú, como la niña de El Exorcista cuando el cura le echó el agua bendita.

Además, los instrumentos son armas letales. Esas panderetas compradas en Todo a Cien que al segundo toque las chapas salen disparadas y sólo quedan las anillas. ¿Y qué me dicen de las zambombas? Que por mucha práctica que uno tenga, no sabes tocarla y ni te apetece intentarlo, porque acaba de tocarla tu hermano, y la ha dejado llena de babas, para que la mano se deslice con suavidad, según dice é…

A la hora de cantar, nadie se sabe un villancico entero, y repetimos el mismo trozo una y otra vez: “Pero mira cómo beben los peces en el río. Pero mira cómo beben al ver a Dios nacido. Beben y beben y vuelven a beber”.

Claro, hasta los peces están mareados, lo que demuestra que esa noche vuelve loco a todo el mundo.

Así que lo mejor es preguntar a los amigos. ¿Qué? ¿Cómo vas a pasar la Nochebuena, bien o en familia?”.

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