UN ESPECIAL DE
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DAVID CACHO | PROUST EN SALAMANCA

Exterior/noche. Travelling subjetivo. La cámara avanza lenta, majestuosa, ensimismadamente hacia el soportal central de la fachada del Ayuntamiento.

Es curioso. He pisado más este pedazo de Salamanca -estas veinte, treinta baldosas que hay debajo del reloj- que cualquier otro. Y no sólo lo he pisado. He permanecido en él, de pie, inmóvil, más horas que en ningún otro sitio. Posiblemente, he hablado aquí con más gente y durante más tiempo que en mi bar favorito o que en mi propia casa. El mismo rincón, exactamente el mismo -geografía de precisión al servicio de la vida social- lo he visto húmedo después de la lluvia, rejuvenecido con el sol de la mañana, esperanzado bajo el arco iris y acogotado bajo el diluvio. Conozco todas sus caras, él conoce todas las mías. Y, sin embargo, qué quieren que les diga, el filtro de la memoria donde lo almaceno es gris, aséptico, neutro y aburrido. De algún modo, parece que hubiera bajo esas baldosas una especie de desagüe por donde se filtra la memoria, por donde se escurren los recuerdos.

No, definitivamente no asocio este lugar con ninguna emoción perdurable, ya sea de euforia, de pereza, de delirio, ni siquiera de rutina... Debería ser, por méritos y a los puntos, como aquella magdalena que untaba Marcel Proust en casa de su abuela en "En busca del tiempo perdido" y que le hacía recuperar por unos instantes la infancia perdida. Pero no lo es. ¿Búsqueda fallida? ¿Debo abandonar el intento de recobrar mi particular tiempo perdido? A Proust le llevó varios años y cientos de páginas de literatura de gran nivel, pero a mí me basta con inclinar un poco la vista, ladear la cabeza y caminar. La teoría del caos vuelve a entrar en acción. Un pequeño cambio bastará para pasar de la astenia al revolcón de emociones. Es de noche, y camino hacia el soportal del reloj en medio del ir y venir de gente, espoleado por la expectativa de un reencuentro o por el ansia de una primera cita. Siempre es más bello soñar las cosas, imaginarlas, que vivirlas. Y por eso ese paseo triunfal, esa interrupción del tiempo que logra capturarlo, es mi magdalena de Proust en Salamanca.

David Cacho es licenciado en Comunicación Audiovisual. Escribe quincenalmente la serie Flores catódicas

E-mail: dcacho@hotmail.com

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