GORKA DÍEZ | NOVELTY
 |
En cuanto llega la
primavera, siempre que nuestro amigo Miguel se
deja caer por Salamanca acude directo al Novelty
para sentarse en una de sus terrazas y divisar
desde ese pequeño paraíso terrenal el continuo
ir y venir de gentes que atraviesan una Plaza
Mayor por la que cada día se cruzan cientos de
caminos inimaginables y donde no resulta muy complicado
encontrarse con un conocido a quien soltar un
qué tal, cómo te va, te tomas algo conmigo, mejor
invitas tú (esto se piensa pero no se dice), hace
calor y no hay paraguas.
A Miguel le sorprende sobremanera la gran cantidad
de chicas jóvenes que, con su carpeta o libros
bajo el brazo, se dejan caer por los alrededores
de la Plaza Mayor, ya sea en minifalda o con pantalones
vaqueros que remarquen su carácter. Cuando el
tiempo no les apremia (algo que en Salamanca afortunadamente
suele ser más habitual que en otras ciudades,
pongamos que hablo de ya saben todos ustedes qué
ciudad) suelen llegar a sentarse unos minutos
en el medio de la Plaza, como si fueran estatuas
pero con el movimiento que les da su juventud,
a veces con un helado con el que combatir el sol
de primavera porque “a falta de crema solar buenos
son los helados”, que se dice nuestro amigo, quien
daría su vida entera por convertirse en uno de
esos cucuruchos que las chicas agarran con tanto
esmero, o aún mejor en una de esas bolas que se
meten en la boca y nunca vuelven a sacar.
 |
El complejo de viejo
verde que mira tanto a universitarias como a post-universitarias
(fuera prejuicios) no va con nuestro amigo, que
en esta ciudad cosmopolita se siente, como no
podía ser de otra manera, tan cosmopolita como
el que más por mucho que su familia provenga de
un pequeño municipio de cuyo nombre no se acuerdan
ni las guías telefónicas. Ni siquiera necesita
ponerse unas gafas de sol para poder mirar sin
miedo a sentirse vigilado a esas mujeres que con
el zig-zag de sus caderas le hacen cosquillas
en los pies y en otras partes que aunque no se
ven a simple vista uno puede palpar hasta con
los ojos tendidos en el sueño.
Cuando pasea por las calles de la empadrada Salamanca,
nuestro amigo siempre se acuerda de aquel poeta
que vendía versos a los paseantes y que ya no
está. Y cada vez que se sienta dentro del café
Novelty acostumbra a hacerlo enfrente de esa estatua-homenaje
a quien fuera uno de sus escritores más admirados,
Gonzalo Torrente Ballester. Gracias a él nuestro
amigo siempre tiene a alguien a quien preguntar
qué tal, cómo te va, te tomas algo conmigo. Otra
cosa es que la estatua en cuestión responda o
que se anime a pagarle la factura, que no suele
ser el caso.
Lamentablemente uno no puede pasarse horas y horas
hablando con una estatua por mucho que ésta se
encuentre cómodamente sentada en nuestra misma
mesa. Llega un momento en el que uno acaba poniendo
los pies en el suelo y descubre que en realidad
no está hablando más que a la pared. Este hecho
suele producir una gran tristeza a nuestro amigo,
máxime cuando al apartar la vista de la estatua
mira a su alrededor y comprende que ya no queda
nada, ni siquiera una estatua, de todos aquellos
ex compañeros de Facultad con la que antaño compartió
una mesa en el Café Novelty y en tantos otros.
“Las mesas continúan, los amigos se van”, se dice
el protagonista de estas columnas, quien reconoce
que a medida que pasa el tiempo se acuerda cada
vez menos del nombre de aquellas chicas que le
hicieron compañía en las noches de calentura estudiantil
en las que nunca encontraba excusas suficientes
para dormir solo. Si alguien editara una guía
telefónica con el nombre y la forma de regresar
a cada una de ellas...
Con el transcurso de los años todo ha quedado
tan atrás que últimamente siempre que pide una
copa de vino en el Novelty Miguel exige que el
vino sea del año. No quiere encontrarse con una
botella de, por ejemplo, aquella ocasión en la
que en este mismo bar pidió matrimonio a quien
estaba convencido de que era la chica de su vida,
pero que al final se convirtió en un nuevo hueco
en su cama de soltero. “Qué más da, así me queda
más espacio para mí”, se dice a sí mismo como
aquella zorra que ante la imposibilidad de alcanzar
las uvas se consolaba pensando que no estaban
maduras.
Gorka Díez
es periodista. Escribe semanalmente la
serie Y
como muestra un botón
E-mail: gorkadiez@yahoo.com
:: Portada
del especial |
|