UN ESPECIAL DE
Ir a portada
IMELDA HERNÁNDEZ | DOS McRECUERDOS PARA LLEVAR

Recuerdo a Dani con una hamburguesa entera metida en la boca. Una hamburguesa de las del McDonalds, con su pan coronado de sésamo, su queso amarillento de goma, las salpicaduras internas de pepinillo y esa crema verde clarito que tanto se asemeja a la caca que mi amiga Judith elimina cada día de los pañales de su pequeña nena Isabel y que en realidad se llama mostaza. Y con su ketchup, claro. Vamos, con todo.

Seguramente, Dani había tenido uno de sus repentinos ataques de hambre y, al pasar por el McDonalds de la Plaza Mayor de Salamanca, un imán (un McImán, en este caso) le atrajo hasta el interior de ese establecimiento al que se atribuyen tantos y tantos beneficios para la salud (véase el documental titulado Súper Size Me, cuya web oficial es www.supersizeme.com). Tras pedir para llevar uno de esos bocadillos de carne triturada, hecha una bola y aplastada hasta que queda delgadita, comenzamos a caminar tal vez hacia mi casa. Ahí, en ese trayecto, Dani abrió la boca y comenzó a empujar el producto entero hasta su interior. Sin masticar. Sin dividir en trozos previamente. Sin miramientos. Sin cobardía. Sin miedo.

También recuerdo a Víctor. Sobre todo, recuerdo a Víctor enamorado en una de esas mesas grises que hay al lado de la vidriera de la entrada principal al céntrico McDonalds salmantino. Amor a primera vista. McAmor repentino. Vuelvo la vista atrás (la McVista, mejor dicho) y rememoro a McCupido lanzando certeras flechitas en forma de patatas fritas con puntita de ketchup que teñían de amor y entrega el corazón de Víctor.

Mi amigo Víctor era por entonces uno de los mayores fans de McDonalds que he conocido nunca. Mucho más que Dani (lo de Dani fue sólo afán de superación y pasión por llenar su boca con todo aquello pudiera ser denominado comestible). Lo de Víctor era mucho más. Era entrega. Era pasión. Era devoción contenida y creciente. Pero aquel día fue mucho más: aquel día, Víctor amó.

Víctor amó a Noelia, una de las chicas con camisa de rayas y gorrita azul marino que iba presionando las teclas de su máquina registradora a medida que los clientes le iban solicitando uno u otro McProducto. Mientras él disfrutaba de su McMenú, las miradas entre ambos se intercambiaban cada vez con mayor descaro y complicidad. Un trocito de pepinillo; una miradita. Un recorrido por los labios para eliminar restos de mostaza; otra miradita. Un traguito de burbujas con sabor a cola; una sonrisa tímida. Víctor amaba a McNoelia. McNoelia amaba a Víctor.

Pero faltó la valentía y sobró el miedo en forma de nervios y McTimidez. Víctor rechazó la invitación a un McCafé por parte de la cándida McNoelia, cuyo nombre se leía con claridad en la McChapita que esta llevaba prendida sobre uno de sus McPechos. Y otro día, Víctor no arriesgó, no digo “sí”, “McSí”, “McHagmosLoQueQuierasEstaNoche”, “McQuedemosQuizáParaIrAlCine”...

Ahora aquel McRecuerdo es sólo eso: una oportunidad sin alas de regreso. Dani no tuvo miedo a abrir su boca. Víctor lo tuvo, y mucho, de abrir su corazón a McCupido.

Imelda Hernández es licenciada en Comunicación Audiovisual. Escribe semanalmente la serie Mujer-citas, citas de mujer (y ex-citas)

E-mail: churramerina@hotmail.com

:: Portada del especial
MÁS COLUMNAS
David Barreiro
La terraza
David Cacho
Proust en Salamanca
Gorka Díez
Novelty
Héctor Jiménez
De noche
Imelda Hernández
Dos McRecuerdos para llevar
Jorge Oliva Álvarez
Cervantes
Nacho Serrano
El banco de la plaza
Santiago Riesco
Mi Plaza Mayor
Víctor Vela
Cortefiel




















ENLACES
Foro descolumnal: para opinar sobre estas columnas
2005, Plaza Mayor de Europa
Información sobre la Plaza Mayor
Fotos nocturnas
Actos previstos