Una
anécdota leída en alguna parte: varios visitantes del Guggenheim de Bilbao contemplan
una silla con la concentración reverencial de quien intenta descifrar las honduras
de una obra de arte moderno. En eso llega un bedel que se sienta y abre el "Marca".
Semejante confusión acaba de sufrirla una limpiadora del Tate, en Londres, que
encontró en una sala una bolsa de basura y claro, la tiró. Hubo que rescatarla
del vertedero -la bolsa, no a la limpiadora- porque al parecer no era basura,
sino, un montaje de enorme importancia artística y título absolutamente pedante.
Tengo que decirle a Claudio, mi portero, la próxima vez que me lo encuentre
en el ascensor sacando la basura, que aunque él no lo sepa es un iconoclasta que
está destruyendo nada menos que una "Nueva creación de la primera presentación
pública de un arte autodestructivo". Cágate. Y Claudio tirándolo al cubo, así
este hombre nunca se nos va a hacer elite cultural, con la de canapés que se comen,
cuando se es elite cultural. El arte moderno -¿no debería decirse arte moderna?-
suele prestar coartada a bodrios ennoblecidos como obras que nadie se atreve a
refutar por no desafiar el canon impuesto.
En "La deshumanización del
arte", Ortega dice que lo único que el espectador no puede soportar es sentirse
inferior a una obra -a lo que viene presentado como una obra- no comprendiéndola.
Dos formas hay de no sentirse inferior a una obra. Una, negándola, es decir, atreviéndose
a tirarla al cubo de los desperdicios, como la limpiadora del Tate, libre de prejuicios
y de convenciones porque no aspira a ingresar en la elite cultural: sólo ve una
bolsa de basura de igual forma que habría visto al rey desnudo. Pero hay obras/fraude
que vienen tan avaladas por la crítica, tan entronizado su autor por el canon
comercial, que negarlas resulta demasiado audaz y entonces, con tal de no ser
inferior a ella, no queda sino aceptarla: a ver si diciendo que esto es una bolsa
de basura quedo como un tonto. De este complejo del espectador vive el arte moderno,
pero también la literatura: hay obras tan impuestas por el canon que nadie tiene
cojones para tirarlas al cubo de basura.