Por VÍCTOR
M. AMELA La Vanguardia, 8 de septiembre de 2004
Es
la mejor columna de la semana porque...
La semana en que falleció Baget, su sustituto natural, Víctor Amela, escribe un
texto resolutivo y divertido sobre Ámbar, la nueva personalidad de Tamara (la
mala). Bueno.
En
el programa A la carta (tardes, Antena 3) hubo ayer una exclusiva: una cámara
se metió en casa de Ámbar (antes Tamara, freak del circo rosa). Ámbar les
recibía y les abría la puerta de su casa (bueno, la puerta la abría Margarita
Seisdedos, la madre: ambas son criaturas con las que la tele juega regularmente,
criaturas a las que la televisión ha dado el ser). Para estas criaturas la vida
carece de sentido si dejan de salir por televisión. Quizá por esta razón, Ámbar
ingirió el otro día un tubo entero de pastillas. Su estrella estaba de capa caída
y encima sufría a un enconado enemigo (Richy, otra criatura engendrada
por la tele) despellejándola por los platós (este Richy fue presidente de su club
de fans, hasta que se desengañó, oh).
Seisdedos y el hospital hicieron
fracasar el intento de suicidio de Ámbar. Y ayer A la carta ofreció la primera
aparición televisiva de Ámbar tras su frustrada tentativa.
Me ha fascinado
vislumbrar la ecléctica combinación de peluches sobre el sofá de su casa: junto
a la postal de una virgen mártir veo un muñeco de South Park (el pequeño, ese
que en cada aventura muere mutilado, masacrado): la martirología aureola el hogar
de Ámbar. Esto acabará mal, seguro... La reportera entró ahí con una cámara y
un regalo: un gato. “¡Gracias, esto me da ilusión para vivir!”, declaró Ámbar.
Aludía al gato, pero no dudéis que se refería a la cámara.
Creo que no
ha sido ésta la primera vez que Ámbar (antes Tamara) ha intentado suicidarse.
No morir en los intentos la catapulta de nuevo hacia la tele (la vida). Pero un
día de estos lo conseguirá. Entonces oiremos compungidos comentarios acerca de
que Ámbar no pudo soportar el despiadado circo de la televisión. Serán corrillos
en programas de televisión, naturalmente. La televisión vivirá así unas semanas
más sobre el cadáver de Ámbar (como aún sobre el de Carmina). No será cinismo:
la televisión la parió, la televisión la mató y la televisión lo aprovecha todo
de sus criaturas, como nosotros del cerdo. Está en su naturaleza.