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España, lunes 13 de septiembre de 2004

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Ámbar, mártir en ciernes
Por VÍCTOR M. AMELA
La Vanguardia, 8 de septiembre de 2004
Es la mejor columna de la semana porque...
La semana en que falleció Baget, su sustituto natural, Víctor Amela, escribe un texto resolutivo y divertido sobre Ámbar, la nueva personalidad de Tamara (la mala). Bueno.
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En el programa A la carta (tardes, Antena 3) hubo ayer una exclusiva: una cámara se metió en casa de Ámbar (antes Tamara, freak del circo rosa). Ámbar les recibía y les abría la puerta de su casa (bueno, la puerta la abría Margarita Seisdedos, la madre: ambas son criaturas con las que la tele juega regularmente, criaturas a las que la televisión ha dado el ser). Para estas criaturas la vida carece de sentido si dejan de salir por televisión. Quizá por esta razón, Ámbar ingirió el otro día un tubo entero de pastillas. Su estrella estaba de capa caída y encima sufría a un enconado enemigo (Richy, otra criatura engendrada por la tele) despellejándola por los platós (este Richy fue presidente de su club de fans, hasta que se desengañó, oh).

Seisdedos y el hospital hicieron fracasar el intento de suicidio de Ámbar. Y ayer A la carta ofreció la primera aparición televisiva de Ámbar tras su frustrada tentativa.

Me ha fascinado vislumbrar la ecléctica combinación de peluches sobre el sofá de su casa: junto a la postal de una virgen mártir veo un muñeco de South Park (el pequeño, ese que en cada aventura muere mutilado, masacrado): la martirología aureola el hogar de Ámbar. Esto acabará mal, seguro... La reportera entró ahí con una cámara y un regalo: un gato. “¡Gracias, esto me da ilusión para vivir!”, declaró Ámbar. Aludía al gato, pero no dudéis que se refería a la cámara.

Creo que no ha sido ésta la primera vez que Ámbar (antes Tamara) ha intentado suicidarse. No morir en los intentos la catapulta de nuevo hacia la tele (la vida). Pero un día de estos lo conseguirá. Entonces oiremos compungidos comentarios acerca de que Ámbar no pudo soportar el despiadado circo de la televisión. Serán corrillos en programas de televisión, naturalmente. La televisión vivirá así unas semanas más sobre el cadáver de Ámbar (como aún sobre el de Carmina). No será cinismo: la televisión la parió, la televisión la mató y la televisión lo aprovecha todo de sus criaturas, como nosotros del cerdo. Está en su naturaleza.