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España, lunes 27 de septiembre de 2004

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La corbata
Por FRANCISCO UMBRAL
El Mundo, 21 de septiembre de 2004
Es la mejor columna de la semana porque...
Umbral, como siempre, consigue hacer de la anécdota una obra de arte. Anda que no se ha hablado durante los últimos días sobre la corbata. Quien mejor lo ha hecho, de largo, Umbral.
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Los presentadores de televisión han empezado a quitarse la corbata en un striptease político, a ver si los jefes se fijan en el detalle y les suben el sueldo por ser los más emblemáticos, como se dice ahora. Lo de la corbata pertenece al socialismo de los gestos, que saca de su guardarropía la corbata de Milá, el suéter de Bardem, las medicinas de Llamazares y la sonrisa de Zapatero.

El socialismo de los gestos no es el verdadero socialismo, claro, pero ayuda a galvanizar a la multitud y a crear un ambientazo.Cuando un locutor se quita la corbata es como si la locutora se quita el sostén. Si Doña Letizia se hubiera quitado alguna prenda ante la cámara hoy no sería princesa. Pero Doña Letizia tuvo paciencia, no se quitó nada y esperó a que llegase el príncipe azul marino. Lo cual que Jaime Peñafiel está como si le hubiese dejado la novia, una novia princesa, escribiendo todas las semanas contra la teórica reina de España. Si Doña Letizia se hubiese quitado alguna vez una prenda en televisión, Peñafiel ya lo sabría y nos tendría al tanto. Lo que queremos decir es que la televisión tiene tanto poder que hay que cuidar mucho de lo que uno se pone y se quita en los telediarios, porque la gente se fija en todo y en seguida te fichan. A mí me cogieron antañazo por la bufanda colorada y todavía sigo siendo el tío de la bufanda.

El señor Milá quiere identificarse con el Gobierno que le ha dado un puesto importante. Hace continuos guiños con los ojos y la boca para que sepamos que él también es socialista y no mantiene la corbata políticamente correcta como si fuera Matías Prats hijo. Mientras estos chicos se definen por su gestualidad y su roperío, los jefes del partido y los ministros siguen indefinidos ante la movida de Atocha, que ahora revela don Pepiño que ya la conocían y que han sabido instrumentalizarla, con razón o sin ella. Incluso el presidente Zapatero se ha quitado la corbata en varios actos públicos. Son unos socialistas de entretiempo. A mí me regala muchas corbatas Cuqui Fierro y prefiero las abstractas a las figurativas. Es una decisión estética porque cuando andan las cosas tan confundidas no le queda a uno más que la estética para definirse. Woody Allen también se ha quitado la corbata y la pajarita en San Sebastián. Después de lo de las Torres de su amado Man-hattan, Allen se ha hecho de la izquierda clásica.

En nuestra postguerra alguien anunció que los rojos no usaban sombrero, y vino el sinsombrerismo. Habían ganado los nacionales pero toda España era roja. Como estamos en un momento dubitativo, unos se quitan la corbata y otros no. Las mujeres, que son más decididas y más concretas, tienen que empezar a quitarse cosas, a medida que dan el telediario, para que los hombres aprendan a despojarse. Lo de la corbata y las declaraciones de don Pepiño suponen un paso a la izquierda, pero ZP ha perdido votos desde que se quita la corbata. Lo suyo es, como he dicho muchas veces, el gótico tardoleonés. A medida que Milá se quita cosas, la locutora correspondiente también debe quitarse algo. Sería la única forma de animar esta televisión que sólo se anima con el corazón latino y los rulos de Bisbal.