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España, lunes 3 de noviembre de 2004

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Más pruebas de ser un idiota
Por JAIME BAILY
Cadena Ser, 28 de octubre de 2004
Es la mejor columna de la semana...
Rescatada de las ondas por Walter Aaron (compañero de las columnas de humo), el humor de Jaime Baily merece ser ensalzado como columna de la semana. Lee y juzga.
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- Escribir novelas que casi nadie lee.
- Dedicar mis novelas a personas que no las leen, como mi padre o yo mismo.
- Ganarme la vida sonriendo ocasionalmente en televisión.
- Hacer monólogos de humor y creer que son graciosos.
- Pensar que la gente es tonta porque no se ríe de mis bromas.
- Dar besos a personas que no amo.
- Coquetear con personas que no me gustan.
- No saber en qué ciudad del mundo quiero vivir.
- Subir a un avión cada dos semanas.
- Jurar que pasaré un año entero sin moverme de una ciudad.
- Seguir dando entrevistas en las que me preguntan si soy gay. - Decir por las dudas que soy bisexual.
- Mirar por tiempo indefinido a las arañas que aparecen en los rincones de mi casa antes de matarlas con un aerosol.
- Caminar con cuidado por la cocina para no pisar a las hormigas que andan por allí.
- Dejarles comida a las hormigas y hablarles cuando me siento solo.
- Ponerme triste cuando piso a una hormiga sin querer.
- Rescatar a los insectos que caen en la piscina, secarlos con una secadora y sentir un júbilo extraño al ponerlos en libertad.
- No haber aprendido con casi cuarenta años a tirarme de cabeza al agua.
- No bañarme en el mar por temor a las malaguas y los resfríos.
- No ir a la playa por miedo a que el sol me dé cáncer.
- Hacer el amor con medias o no poder hacer el amor sin medias o incluso con medias no poder hacer el amor.
- No poder dormir sin tres pares de medias, tapones en los oídos y un antifaz para protegerme de la luz.
- Romper a llorar porque cortaron el agua, la luz y el teléfono y recordar que yo mismo pedí que lo hicieran porque pensaba mudarme.
- Echarme a llorar cuando el vecino me despierta tocando la guitarra eléctrica una vez más y no tener coraje para pedirle que se calle.
- No tener un teléfono celular.
- Estar cien por ciento seguro de que hablar por celular da cáncer.
- Ir al programa de Mirtha Legrand, ver con terror que sirven camarones de entrada, no ser capaz de decirle a Mirtha que soy alérgico a los camarones y, cuando ella no me mira y se distrae hablando con los otros comensales, meterlos discretamente en los bolsillos de mi saco.
- Ver pasar la limosina del presidente Clinton desde mi departamento del segundo piso en la calle 35 de Georgetown y hacerle adiós por si acaso mira hacia mi ventana.
- Sentir un oscuro placer arrojándole agua al gato negro del vecino.
- Pagar cien dólares mensuales a una veterinaria diplomada para que los ocho gatos de mis hijas reciban atención médica, alimentación balanceada y baños tibios de champú.
- Salir de casa manejando deprisa el auto hacia atrás, atropellar al perro de mi hija y dejarlo cojo.
- Echarme bajo los brazos el aerosol para matar arañas en lugar de un desodorante.
- Saberme de memoria los trece incas y los veinticuatro departamentos del Perú con sus respectivas capitales.
- Saludar al príncipe Felipe en una universidad de Washington y decirle al despedirme: "Saludos a tu padre".
- No salir nunca de una librería sin investigar de un modo discreto si tienen mis libros y, si los encuentro, colocarlos en un lugar más llamativo, cubriendo a los de mis enemigos, que son casi todos los demás escritores.
- No volver más a una librería si no tienen mis libros.
- Comprar mis libros a los vendedores piratas de Lima, preguntarles cómo van las ventas y oírles decirme en tono jocoso que me apure en publicar otra novela porque la crisis está dura.
- No haber ido al cine con Shakira cuando me lo sugirió hace años.
- Ir al cine con una bufanda para cubrirme del aire acondicionado y, si estoy en Lima, pedir que apaguen el aire de la sala alegando que sufro de neumonía.
- Pelearme en un cine de Lima con un señor que se obstinaba en leer a gritos todos los subtítulos en español de la película El espantatiburones para que su esposa, que al parecer no sabía inglés y había olvidado sus anteojos y era demasiado miope para leer los subtítulos sin ellos y era medio sorda, pudiese entender lo que estaba pasando.
- Prestarle dinero a un señor que me juró desesperado que le habían robado en Miami y no tenía cómo volver a Lima. Me pagó con un cheque sin fondos y desapareció.
- Comprar un departamento al contado en un edificio de Camacho que nunca terminó de construirse.
- Ser detenido en el aeropuerto de Santiago de Chile por tratar de ingresar con una manzana de origen argentino que no declaré bajo juramento.
- Ser detenido por la policía de San Isidro, en Buenos Aires, por derribar con una escoba cerca de cincuenta mandarinas de un árbol en la esquina de las calles Alem y Acasuso.
- Exprimir esas mandarinas en casa, beberme todo el jugo y sufrir violentos trastornos estomacales aquella noche. (Por eso nadie las comía).
- Hablar como argentino en Buenos Aires, como español en Madrid y como cubano en Miami.
- Ponerme en fila a las cinco de la mañana, congelado, frente a los estudios NBC de Manhattan, para ver Saturday Night Live con Britney Spears, esperar dos horas, volver esa noche con mi stand by ticket, hacer otra larga cola y, cuando estaba a punto de entrar, oír a la persona uniformada de seguridad diciendo que debíamos irnos a casa porque el estudio ya estaba lleno.
- Ir a los premios MTV en Miami con traje oscuro, camisa a cuadros y corbata.
- Ir a los premios MTV con tapones para los oídos y usarlos cuando tocan Molotov y los Beastie boys.
- Pedirle un autógrafo para mi hija a Lenny Kravitz pensando que era el cantante de los Black eyed peas.
- Caminar sin apuro por la alfombra roja sintiéndome importante y esperando que me llamen a gritos para dar innumerables entrevistas y oír que los reporteros gritan ¡Lenny, Paulina, Shakira! y darme cuenta de que nadie quiere hacerme preguntas.
- No poder darle un abrazo a mi padre.