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España, lunes 8 de noviembre de 2004

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El turista
Por DAVID GISTAU
La Razón, 2 de noviembre de 2004
Es la mejor columna de la semana porque...
Las mejores columnas suelen ser aquellas que se ríen de la actualidad y le dan la espalda para hablar de las cosas que importan, que están ahí y apenas reparamos en ella. Bien Gistau.
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Al poco de terminar la guerra de los Balcanes, una agencia de viajes italiana inventó el concepto de «turismo de guerra». Baudrillard se refiere como «no- lugares» a esas burbujas lúdicas, idénticas a sí mismas en cualquier parte del mundo, que son urdidas para que el turista pueda refugiarse ignorando la realidad, a veces cruenta, del entorno. Ejemplo de esto es Varadero, paraíso artificial con paredes de caramelo a lo Hansel y Gretell del cual el viajero puede regresar con la misma convicción con que Shaw, engañado en una «aldea Potemkin», volvió de la Unión Soviética de las hambrunas estalinistas: «He estado en el país más próspero y mejor alimentado de todos». Le habría bastado con atravesar los límites del decorado del «no-lugar» para enfrentarse a esa realidad que, como al turista o al euro-progre en Cuba, le fue escamoteada. De igual forma, el «turismo de guerra» tiende a considerar las geografías de conflicto como un «no-lugar» propicio para el turista tentado por una concepción aventurera de las vacaciones. O sea, que la guerra aquí viene a ser como un decorado lúdico en el que el turista confunde la realidad con un parque temático y tal vez espere que los combatientes asuman el papel y hagan como esos leones de Kenia que se dejan fotografiar mientras bostezan. Pero ocurre que, a veces, esa realidad no respeta la distancia y decide involucrar al turista hasta convertirlo en protagonista. Ocurre que, a veces, el león muerde. Le acaba de suceder al japonés Koda, último decapitado por el asesino en serie Zarqawi, quien según su propia familia tan sólo era un turista de guerra que había ido a Iraq para cumplir con una concepción aventurera de las vacaciones con esa sensación de inmunidad con que suele irse antes a un parque temático que a una zona de conflicto. Si quería, como dicen que dijo, confrontarse a una realidad ajena para conocerla a fondo, no cabe duda de que lo ha conseguido. Pues ha terminado cruzando al otro lado del espejo, como Alicia. Donde, observador transformado en protagonista, se ha consagrado como atracción del parque temático de la guerra con unos de esos vídeos con los que el propio Zarqawi declara lo mismo que Wilde: «Lo único que necesito es un público». A este león también le gusta ser fotografiado.