Los viejos manuales de Urbanidad y Buenas Costumbres explicaban así las diez maneras
de cambiar algo en los demás sin ofenderles ni despertar en ellos resentimientos.
1º: Comenzar con elogios y una honrada apreciación de las buenas cualidades del
otro. 2º: Llamar indirectamente la atención sobre los errores de los demás y crear
así en la persona con la que se habla una buena idea de sí mismo. 3º: Hablar de
los propios errores antes de censurar los del prójimo. 4º: Hacer preguntas en
lugar de dar órdenes o imponer criterios. 5º: Permitir que el prójimo salve su
prestigio; no herir su orgullo natural. 6º: Mostrarse caluroso en la aprobación
y abundante en el elogio. 7º: Atribuir al prójimo una buena reputación. 8º: Alentar
a los demás a seguir su camino. 9º: Dar a entender que los defectos o errores
son fáciles de corregir. 10: Procurar que los demás se sientan felices al hacer
lo que se les sugiere. Voy a intentar cumplirlas.
Usted, señor Moratinos,
es un excelente político, y no cae en errores frecuentes entre sus colegas. Los
periodistas nos equivocamos a menudo y no comprendemos las razones profundas de
sus decisiones. Es usted inteligente, hábil y tiene una excelente reputación internacional.
Muchos diplomáticos deberían seguir su ejemplo. Después de una carrera diplomática
brillante, que ha llevado a cabo con rigor y solvencia, ¿no cree usted que sería
bueno para este país que hiciera una pequeña corrección en su trayectoria? Si
quiere ser feliz y ahorrarse problemas, ¿por qué no dimite? Considérelo. Es algo
que, además, podría proporcionarle la Gran Cruz de la Orden de Carlos III.
Lo que usted hizo ayer con su falsa rectificación de la acusación al Gobierno
de Aznar de haber apoyado el golpe contra Hugo Chavez es un error
político que mejora el original. (O el viejo Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres
estaba equivocado o es que yo soy un mal educado).